
Por: Vilma Henao, corresponsal de Antorcha.
La crisis actual de salud que estamos viviendo en el departamento del Valle del Cauca, es el resultado de políticas de privatización de los gobiernos que por décadas han desangrado la salud en el departamento. La tercerización, el desvío de recursos y politiquería ha afectado por décadas el Hospital Universitario del Valle. Por consecuencia también de la Ley 550 o ley de quiebras, junto con la nefasta Ley 100 que puso tras las cuerdas a los hospitales del país. Que por muchos años ni el ministerio, ni las EPS, ni la gobernación ni la misma alcaldía pagaba al HUV, dejándolo en una economía insostenible.
A esto se le suma la indigna condición laboral de los y las trabajadoras del HUV, con demoras en los pagos y hasta amenazas para que no planteen exigencias respecto a sus derechos laborales. Es la realidad que gobierno tras gobierno ha vivido el hospital más importante del suroccidente colombiano. Y que ahora vuelve a estar en la opinión pública a partir de investigaciones que se vienen adelantando desde el Ministerio del Trabajo y que han reconocido fuertes irregularidades en la contratación, condiciones laborales y tercerización del personal de salud, donde afirman que el 90% de los contratos están a partir de contratos de sindicatos o cooperativas.
Para solo dimensionar, la presión laboral que viven los y las trabajadoras, en los medios de comunicación se han tenido declaraciones del personal de salud del HUV, sin embargo lo que no muestran los medios hegemónicos es que hay una persecución hacia el personal que no defiende las condiciones laborales actuales del hospital, a pesar que es significativamente evidente que son precarias e indignas.
No es ningún secreto que la actual gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, sea mal llamada por los ciudadanos/as como la ‘Baronesa de la salud’, quien en sus gobiernos llevó a la quiebra al HUV para luego salir a decir que gracias a su administración salió de la Ley 550. Su administración tuvo un fuerte rechazo de la ciudadanía y de diferentes sectores del movimiento social, como el estudiantil que en el 2015 realizó un paro en rechazo a la privatización que estaba promoviendo Toro y que estaba desangrando al Hospital Universitario del Valle.
De esa realidad se podrían comentar y denunciar un sin un número de ejemplos, de situaciones y de problemáticas respecto al HUV. Sin embargo, la actual crisis de salud nos llama a ser torrente de transformaciones. A que sectores de la sociedad de manera colectiva transformemos la realidad que vivimos, que sabemos no solo será por medio de la institucionalidad, sino también de cambiar la cultura politiquera y carruseles de contratación que nos tiene sumidos en seguir las condiciones y el juego que nos ponga la oligarquía. Que si se vota por cierto partido no tengo trabajo, que a pesar que sabemos que ciertos partidos llevan décadas en el poder y todo sigue igual, obligan al pueblo a seguir votando por ellos.
Es momento de que el pueblo dimensione el poder que tiene en sus manos y cambie la cultura narcoparamilitar que nos está sumiendo en una dinámica de muerte y destrucción. Es necesario caminar hacia cambios revolucionarios, estructurales e insurreccionales en nuestro país. Hoy será la salud, pero mañana puede ser la educación o el transporte público. Los ricos nos han querido arrebatar todo, pero el pueblo está convencido que la unidad nos llevará al poder popular y a un futuro de justicia social.
