
Editorial FGUN
La tensión social en Colombia sigue siendo la misma, el cambio se proclama pero no se materializa en la realidad de la gente. Aún así, la firmeza del pueblo por lograr la transformación no flaquea, se expresa de diferentes maneras y las ciudades siguen siendo el lugar donde está más latente los levantamientos sociales.
En una parte del pueblo esa firmeza se expresa con el apoyo al gobierno de Petro —a pesar de las alianzas con corruptos y de no desmarcarse de la doctrina de seguridad nacional, del enemigo interno de gobiernos anteriores, ahora en connivencia con las bandas narcoparamilitares de ex-farc—, pues tiene la convicción de que un proyecto político alternativo será boicoteado; otra parte del pueblo no es inocente, su apoyo se mantiene porque sabe que es necesario un proyecto que unifique la izquierda y evite tiempos peores. Esa firmeza también se expresa en las diferentes formas de las y los jóvenes de organizarse y ejercer el uso legítimo de la fuerza contra la violencia estructural, o en las movilizaciones de los y las pobladoras urbanas por hacer de las ciudades lugares para su arraigo, no solo para el disfrute de extranjeros; movilizaciones urbanas por acceso a vivienda y contra la gentrificación.
Sea cual sea la expresión de la firmeza en la aspiración de cambio, el ímpetu del pueblo por luchar está latente, preparándose para el momento en que tenga que defender el proyecto de transformación estructural que trasciende a Petro y que aún está en construcción. No obstante, esa firmeza debe acompañarse de una posición crítica para no delegar su poder en líderes o instituciones ajenas al pueblo, sino por sí mismo guiar la transformación que necesita. Se acaba el 2025 y nos enfrentamos a un panorama político complejo marcado por el recrudecimiento de la guerra, logros escasos para el pueblo a nivel institucional y un nuevo episodio de intervencionismo directo con amenaza de guerra imperialista en la región, panorama que tiende a agudizarse.
El recrudecimiento de la guerra es proporcional al fracaso de la Paz Total, no porque buscar una salida negociada sea un desacierto como plantea la derecha, sino porque la estrategia del gobierno se limitó a i) oponer a las razones estructurales del conflicto en Colombia un conjunto de guerras regionales sostenidas por la explotación de los recursos minero energéticos y el narcotráfico, ii) otorgar estatus político a delincuentes como si fueran insurgentes, iii) unificar las bandas de ex-farc, crear nuevos frentes y luego fragmentarlas como lo hizo con el EMC, el EMBF y la Coordinadora Nacional del Ejército Bolivariano, y iv) Boicotiar y traicionar los diálogos con ELN, la única mesa que busca las trasformaciones de fondo que anhela el pueblo, conversación hoy congelada por los reiterados incumplimientos del gobierno a lo acordado y su acto de perfidia destapado con Gabriel Yepes Mejía (H) y Comuneros del Sur. A su vez, Petro traspasó varias líneas rojas para el movimiento social y la izquierda colombiana, como poner a un militar en servicio en el Ministerio de Defensa o destinar mayores recursos para la guerra como con la compra de los aviones Gripen, la reanudación de bombardeos y asesinato de niños, la designación de un agente de inteligencia en el CSU de una universidad pública, el incumplimiento del programa de gobierno prometido al pueblo en campaña, el no desmonte del ESMAD, la criminalización de la protesta social, el señalamiento a las organizaciones sociales y la continuación de los falsos positivos judiciales como una herramienta de disuasión a la organización social.
Por último, hemos visto cómo el fascismo tiene cara Sionista —que en Colombia se expresa en la industria militar y la inteligencia estratégica del Estado ayudando al financiamiento del genocidio en Asia Occidental— y de Estados Unidos, país que ha fraguado todo el año su invasión a Venezuela posicionando en medios occidentales el supuestos Cartel de los Soles y a Maduro como su cabecilla, ha asesinando con buques en el Caribe a lancheros humildes y ha prohibido a las aerolíneas volar sobre el espacio aéreo venezolano. Finalmente, la inclusión de parte del gobierno y del movimiento social en la Lista Clinton allana camino para una agresión directa los gringos a Colombia y es la forma propia del imperio para presionar e intervenir en las elecciones del próximo año. Será el pueblo consciente y organizado quien demuestre ante esta amenaza cómo defiende la soberanía y cómo guía las transformaciones reales que se urgen al país.
