
Por: Margarita Giraldo Builes, corresponsal de Antorcha.
El pasado 2 de febrero de 2026, se tornó como un día emblemático y trágico, cuando un emisario del presidente Gustavo Petro se reunió con miembros de nuestra organización en la región del Catatumbo, territorio que simboliza tanto la resistencia armada como la resistencia popular. La reunión contaba con la presencia de una delegación internacional y representantes de la conferencia Episcopal de Colombia, fue un nuevo intento para encontrar caminos hacia el diálogo en un país que clama por este.
Este intento de diálogo se vio entorpecido de manera abrupta y trágica en menos de 24 horas después de la reunión. En un giro inesperado, el presidente Petro ordenó a las fuerzas armadas bombardear la misma zona del Catatumbo donde se había llevado a cabo la reunión, de una forma muy similar a la llevada a cabo por Israel, contra voceros de Hamás en Qatar, en medio de diálogos sobre la franja de Gaza. Este ataque evidencia la lógica militarista del Estado Colombiano contra el ELN y el pueblo organizado, puesto que, después de la guerra fría, Colombia es un punto estratégico para el imperialismo en la lucha contrainsurgente, poniendo como excusa la lucha contra el narcotráfico. Este argumento ha sido utilizado como justificación para una injerencia militar constante. El Plan Colombia lanzado en 1999 en el gobierno de Andrés Pastrana (El de los nexos con el caso Epstein y pedofilia), marcó un nuevo capítulo en esta historia, fortaleciendo la doblegación de la oligarquía colombiana a los intereses de EEUU.
El Plan Colombia se presenta como un programa de «Desarrollo y paz», la excusa perfecta para desarrollar el plan militarista contrainsurgente que entrega los recursos del país al imperio, llevándolo a la deshumanización y agudización del conflicto social, político y armado, bajo la excusa de combatir el narcotráfico. En los gobiernos de Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, Iván Duque y el actual mandato de Gustavo Petro, esta estrategia se acentúa con un aumento significativo en el gasto militar en cada uno de los gobiernos: Álvaro Uribe 40.000 millones de dólares en 8 años, 56.000 millones de dólares en los 2 periodos de Juan Manuel Santos, 32.000 millones de dolares en el periodo de Iván Duque y desde el año 2022 hasta 2025 en el gobierno de Petro se ha invertido cerca de 28.000 millones dolares; en cada periodo estas cifras representan cerca del 3.3% del PIB del país.
De esta manera la inversión y «cooperación» militar entre Colombia y Estados Unidos ha adquirido diversas formas como un engranaje estratégico de subordinación, que se evidencia con el suministro de armamento, la formación militar en la Escuela de las Américas, inteligencia militar, aviación, geolocalización, recursos bélicos y tecnificación de la fuerza militar gubernamental. Con la llegada de Donald Trump al poder, esta alianza tomó un giro aún más agresivo, su consigna de “Hacer grande a América” no ha sido más que la actualización de una vieja doctrina de dominación, opresión y control, que reiteran las lógicas imperialistas que han caracterizado la política exterior estadounidense desde hace décadas. Durante su mandato se han reforzado los acuerdos bilaterales con Colombia y las acciones conjuntas orientadas a golpear al ELN, evidenciando que la política exterior estadounidense sigue viendo a América Latina como su patio trasero.
La injerencia del Comando Sur en colaboración con las fuerzas armadas colombianas, ha hecho evidente que la presencia de las bases militares gringas en territorio nacional, no son mas que puestos de mando para continuar con la doctrina militarista y neocolonial impuesta para el continente Nuestro americano, intentando de esta manera profundizar el saqueo y la subyugación imperialista. En el gobierno de Gustavo Petro, quien en su campaña se mostró un candidato más a fin a los intereses populares, siempre dijo estar en contra de la continuidad pero a lo largo de estos casi 4 años de mandato la máscara se le cayó y mostró ser más de lo mismo y, aún más peligroso puesto que su discurso logró llegar a la juventud organizada para así incidir y desmovilizar la rebeldía que se levantó en los paros de 2019 y 2021.
Este mandato que puso su foco en las alianzas con la vieja y rancia oligarquía, se dedicó a crear acuerdos para arrasar al pueblo organizado, a la insurgencia y en su totalidad a la resistencia popular construyendo y fortaleciendo fuerzas paramilitares como: Disidencias de FARC, AGC, los Pachenca, Clan del golfo y muchos otros que nacen con ese mismo carácter en cada una de las regiones del suelo colombiano. Estos son la nueva cara de las «desmovilizadas» AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), puesto que la población en los mismos territorios y lideres sociales denunciaron que este flagelo nunca se terminó y al contrario aumentó su poderío y presencia, ejemplo de esto ha sido el accionar constante en la Sierra Nevada de Santa Marta por parte de los Pachenca o Autodefensas Conquistadoras de la Sierra, el accionar conjunto de las fuerzas armadas con las disidencias de las ex FARC en las regiones de Arauca, Norte de Santander y casi todo el suroccidente colombiano, para atacar nuestra Organización y a los lí
deres y lideresas sociales que trabajan por la construcción de poder popular en el país, esta es la continuidad del Plan Colombia, una orden explicita dictada desde los EE.UU para acabar la digna rebeldía que frena su expansionismo en el continente.
En los últimos días Colombia y Estados Unidos acordaron realizar acciones conjuntas para golpear al ELN en todo el país, reconociéndonos implícitamente como una fuerza de carácter beligerante que estropea los planes neocoloniales en la región, la orden dada por Trump a Petro es clara: exterminar la amenaza que representa el Ejército de Liberación Nacional -ELN- para sus planes de control y sumisión, Petro como buen arrodillado, mensajero y sirviente al imperio hace los llamados a sus fuerzas militares y paramilitares para operativizar las ordenes de su jefe; usando la «paz total» impulsada como un espejismo engañoso que oculta una cruda realidad: la lucha contrainsurgente en el país, esto bajo la apariencia de un acuerdo de mesas de diálogo, esta estrategia ha sido diseñada para debilitar el tejido social y organizativo de las regiones; el gobierno se ha dedicado a impulsar una narrativa de paz que oculta la represión y el control social.
En este sentido nuestra propuesta de Acuerdo Nacional, se presenta como una voz de resistencia frente a un gobierno que, lejos de buscar la paz auténtica, perpetúa el status quo y favorece los intereses oligárquicos, imperialistas, guerreristas y neocoloniales. Por lo tanto reafirmamos nuestro compromiso con el pueblo Colombiano y seguiremos en pie de lucha.
