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Por: Claudia Torres y Julián Gaitán

En los momentos actuales, es necesario que se hagan análisis con detenimiento de cada hecho y paso a dar. Teniendo presente las experiencias que nos brindan los pueblos de Asia Occidental y el Sahel africano, quienes han decidido que la forma de resistir es con las armas y en las calles ante la neocolonización de Estados Unidos e Israel.

Estados Unidos está en declive como potencia mundial, abre sus garras para aferrarse a la posibilidad que representa América Latina para hacer de esta caía más lenta, nos pone en un escenario donde se profundiza la violencia y el saqueo de nuestros bienes naturales, haciéndolo evidente con los hechos de Venezuela y el Caribe en los últimos meses.

En la «Nueva» Estrategia de Seguridad de Estados Unidos, publicada el año pasado, versión actualizada de la Doctrina Monroe, «America para los Americanos», se plantea que el objetivo es recuperar a América Latina y el Caribe. El cual consiste en sacar a los adversarios comerciales del continente como China y apoderarse de los recursos naturales, para continuar sosteniéndose como una potencia mundial. Sin comprender que asistimos a un mundo de transición multipolar, donde se consolidan centros de poder como China, Rusia, Irán, Sudáfrica, Brasil y México, además se erigen bloques unificados como la Confederación de los Estados del Sahel (Burkina Faso, Malí, Níger) y el Pacto de Defensa entre Arabia Saudi, Pakistán y Turquía. Su intención es frenar esta dinámica mundial, pero la pregunta es, ¿EE.UU podrá lograrlo o esta nueva agresión colonialista lo llevará finalmente a perder la hegemonía?

El Fascismo nunca se fue

Asistimos también a un periodo de agudización del fascismo, donde el Estado Liberal para los Estados Unidos es la plataforma que le permite avanzar en la recolonización de países y sus recursos naturales, por medio de la injerencia en las elecciones y el chantaje económico, tratando de mostrarse como el todo poderoso, quien puede irrespetar los acuerdos mundiales sobre la soberanía de cada país, tratados de paz, etc. En el análisis realizado en la revista Insurrección #1036 se retrata que «El orden global está entrando en una etapa de fragmentación profunda, marcada por la inacción, la desigualdad estructural y el colapso ambiental»1.

También vemos en las noticias cómo el ICE ha violentado y asesinado a migrantes y a su propia población, arrestando a niños de 5 años a la salida de su colegio, reprimiendo manifestantes y sembrando terror. La violencia y represión hacia la clase popular siempre ha sido su arma y se manifiesta como síntoma de la crisis interna de la hegemonía imperial.

El libre-mercado solo para EE.UU

Hace 40 años se hablaba de la producción generalizada de mercancías a nivel mundial, de la expansión de los mercados y el libre comercio como uno de los pilares del desarrollo de los Estados-Nación, de las privatizaciones y la reducción del Estado en los asuntos económicos, de los acuerdos comerciales desiguales para garantizar la superexplotación de los pueblos débiles por parte del imperialismo, y la extracción de plusvalía a bajos costos.

La producción de mercancías a nivel global, la hiperproducción y la conexión entre las naciones sigue siendo un hecho de lo que denominan “Globalización”, con el elemento adicional del marcado desarrollo tecnológico en todas las esferas de la vida y reproducción del capital. Sin embargo, las naciones no se han desarrollado por igual, y persiste un esquema de centro-periferia, que visto desde la teoría de la dependencia, sostiene una marcada división internacional del trabajo.

Hemos pasado por diferentes crisis económicas que el libre mercado no resolvió (inicio de los años 2000, 2008, 2016, 2020, hasta la actualidad), fueron los Estados quienes en su momento inyectaron millones de dólares para salvar a los grandes emporios económicos. Fue el dinero público quien sostuvo los fallos de mercado causados por la ambición de ampliar las tasas de ganancias capitalistas, en detrimento de las clases trabajadoras y precarizadas del mundo.

Los aranceles de Trump en sus dos administraciones, son un arma de guerra económica que afecta la comercialización de bienes y servicios de otras naciones, generando incertidumbre económica a nivel mundial. En esta dinámica es la clase empobrecida quien sale perdiendo, para el caso del pueblo estadounidense, los aranceles implican un aumento de los gastos para las familias de bajos ingresos, quienes gastarían un 6,2% más de sus ingresos y las familias más ricas gastarían solo el 1,7% más. Así lo muestra el análisis del Instituto de Impuestos y Políticas Económicas. 2 «La llamada «inflación boomerang”, impulsada por barreras comerciales y conflictos geopolíticos, será pagada con desempleo, recortes sociales y mayor precarización laboral en las periferias del sistema».3

No es una crisis coyuntural, es una crisis de acumulación y del modelo occidental

Esta convulsión imperialista, responde a un momento donde el mundo multipolar es una realidad cada vez más cercana, la crisis de acumulación amenaza su existencia y continuidad, el ascenso y consolidación de las potencias ya mencionadas dominan focos estratégicos de riqueza muy difíciles de disputar con las reglas del orden actual.

Frente a esta realidad EE.UU se resiste a perder la hegemonía mundial, apelando a las agresiones en diferentes países para fortalecer su capacidad económica. Además de imponer gobiernos serviles y construir alianzas en América Latina, para hacer de esta su fuente estratégica de recursos económicos, en un intento de reposicionarse ante la carrera que China le va ganando en casi todos los campos económicos.4 Medida desesperada o no; tendrá consecuencias a favor o en contra según se le plante cara al monstruo de nuestro tiempo.

Dicha crisis de acumulación de capital es consecuencia en buena parte de la soberanía de ciertos pueblos y su interés que sus recursos desarrollen el bienestar de las mayorías, algo impensado en el proyecto imperial, que mediante sus aliados y proxys serviles en el mundo intentan generar, mediante dinámicas violentas, los nuevos territorios de acumulación originaria en el siglo XXI: Venezuela, el territorio más cercano del imperialismo por el dominio del petróleo y minerales estratégicos, Irán también por el petróleo y su posición geoestratégica en relación a sus rivales, Sudán por el dominio del oro y el acceso a rutas estratégicas del mar rojo; y Palestina, por el dominio de rutas comerciales, extracción de gas y acceso y dominio del mar mediterráneo.

Estados Unidos abandona poco a poco las pretensiones en Ucrania y Taiwán, aunque no significa la renuncia de sus intereses, pues esos focos de acumulación ya están más controlados por sus rivales, se centra en lo que puede disputar y le es más cercano territorialmente, enfoca sus fuerzas en las guerras “ganables” y en las oportunidades para garantizar su supervivencia a largo plazo.

Para eso, promueve el libre mercado solo para ellos, pues dinamiza políticas proteccionistas con aranceles, intentando destruir el comercio de los demás, que la libre circulación solo tenga el sello imperial. Sus aliados débiles son solo idiotas útiles en el juego, lo demuestra con Groenlandia y la espalda a Europa y la OTAN, que eligen el camino del servilismo al ver caducado su proyecto continental y no tener alternativa propia. Todo en detrimento de sus pueblos.

El capitalismo puede sobrevivir en crisis, y no está cercano su colapso o desaparición desde el punto de vista histórico, pues como plantea Mezaros en “Más allá del Capital”, el metabolismo del capital trasciende al mismo sistema capitalista, el post-capitalismo trascenderá la dinámica del capital, dependiendo de la lógica que las luchas instalen en la forma de organización y producción social, y para ello debemos mirar a los Estados que se configuran distinguiéndose de la democracia liberal y a los movimientos de resistencia armada y no armada que hoy confrontamos al imperialismo.

Las luchas heroicas de pueblos en las calles como Irán, Yemen, Burkina Faso y Venezuela nos muestran el camino para confrontar la agresión, así como las resistencias armadas en Palestina con Hamás y las demás organizaciones representativas, Hezbollá en el Líbano e Irak y Ansarolá también en Yemen. Y como parte de esa tradición de lucha, nos encontramos el ELN en NuestraAmérica para confluir y articular la lucha revolucionaria de los pueblos en el mundo.

El Estado controlado por las mafias y el capital transnacional es ahora el protagonista principal de esta fase agresiva, pero no durará por mucho tiempo, su funcionalidad es efímera, cuando la excesiva deuda pública para financiar negocios privados y salvarlos de la bancarrota, desborde la antilógica económica ficticia, sin que la riqueza real sostenga las deformaciones del valor, que ha causado todo el proceso de financiarización.

Son tiempos violentos, a la vez que el momento de formular y rescatar los postulados clásicos y lo novedoso de las alternativas. El mundo multipolar está en construcción, su parto será duro y necesariamente tiene que ser también transitorio, para cambiar la dinámica del capital, que permita el libre desarrollo de pueblos soberanos.

1 El Futuro no vendrá de Davos. Revista Insurrección #1036. 26 de Enero, 2026.

2Aranceles de Trump empobrecen… a los más pobres: Estudio prevé que los ricos serán los menos afectados. El Financiero. 24 de abril, 2025.

3 El Futuro no vendrá de Davos. Revista Insurrección #1036. 26 de Enero, 2026.

4China. El camino de la República Popular a ser a primera potencia económica mundial en 30 gráficas. Resumen Latinoamericano. 22 de Enero, 2026.


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