
Editorial Revista Insurrección N° 1052
Comando Central (COCE)
La competencia voraz por hacerse con el poder del Estado, no solo saca lo peor de las personas, sino que exalta los valores fundamentales de un decadente sistema capitalista, individualista, racista, misógino y patriarcal.
No debe sorprendernos que un candidato de la extrema derecha, con una campaña electoral estancada, acuda al acoso y a las violencias machistas, para sostener y elevar su audiencia en medios corporativos y redes sociales.
Lamentablemente, en la cultura patriarcal en la que vivimos, las prácticas y acosos sexualizados son normalizados y validados, por un campo amplio de los sectores conservadores, de la derecha extrema, del gamonalismo, de sectores asociados a la cultura narcoparamilitar y por supuesto, de los seguidores del ex presidente Uribe.
Con la excusa del humor o los chistes, han reproducido y naturalizado durante siglos los acosos y las humillaciones públicas hacia las mujeres y las niñas. Culturalmente, el propósito de estos comportamientos es normalizar, legitimar, validar socialmente y dotar de valor público el acoso sexual y las violencias hacia las mujeres.
Es por esto, que más allá de una supuesta broma o un error, por el que los candidatos se excusan posteriormente, está la estrategia de las extremas derechas del mundo, para reforzar los patrones de masculinidad hegemónica asociados a la virilidad, la autoridad, la fuerza y la dominación. Para ellos, estos son los valores que deben ordenar el mundo, y son, nada menos, que los valores del fascismo.
Así, más que incidentes aislados o bromas al azar, las mujeres son instrumentalizadas hoy, como cálculo electoral por las extremas derechas y sus outsiders. En Colombia, esto ocurre en las dos campañas de la derecha.
En esto no nos podemos permitir engaños; independiente del género de cada candidatura, la agenda contra las mujeres y las personas sexo género diversas es la misma: obstáculos para que las mujeres puedan ejercer el derecho al aborto y demás derechos.
La estrategia es la misma: Deslegitimación pública de las mujeres y de las personas feministas, miedo infundado hacia una falsa ideología de género, que las convierte en enemigas de los valores conservadores y tradicionales, lo que justifica su castigo y humillación públicas. Parece exagerado, pero no lo es.
Estas acciones, que parecen incidentes casuales, logran su cometido. Cada vez que escuchamos al taxista, al cajero del banco, al vendedor informal, al campesino, a la ama de casa responder, “es solo una broma”, la estrategia patriarcal de las extremas derechas logra el propósito de normalizar estas violencias en la sociedad.
Entonces, están en la misma orilla, el candidato que acosa y agrede públicamente a las mujeres, y la candidata que estigmatiza a las personas feministas, mientras representa sumisamente la agenda de sus patrones varones, no están cometiendo simples errores de cálculo comunicativo o electoral; están representando una agenda política e ideológica, que normaliza las violencias hacia las mujeres y las niñas. La respuesta de las mujeres exigiendo respeto y en defensa de su dignidad no se hará esperar. Estamos seguros de ello.
