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Por: Mauki

Es un tiempo histórico relevante, a pesar que muchas veces se analice desde la trivialidad del meme. No importa, nos reímos un rato de la desgracia y seguimos en lo que concierne a la seriedad del asunto.

Perder no es ser derrotado, a menos que el siguiente movimiento sea la resignación. El mundo es agredido sin pausas ni límite por las acciones imperialistas de Estados Unidos y el silencio cómplice de Europa. Latinoamérica es insultada de manera descarada y unos cuantos dirigentes serviles celebran las decisiones de un pedófilo y un drogadicto: Donald Trump. El “mejor país del mundo” es dirigido por un grupúsculo de caprichosos que desarrollan los planes de su propia ficción, porque tienen dinero y poder. Pero la realidad está cambiando.

Finalizando 2025 se concretó en Chile la última derrota electoral del progresismo (o la izquierda institucional), en latinoamérica. Entonces, los analistas de diferentes vertientes nos recordaron las derrotas en Ecuador cuando ganó el narcotraficante Daniel Noboa, el Fotofinish de la derecha en Bolivia donde ganó Rodrigo Paz, la continuidad de un gobierno con estructuras mafiosas en Perú a la cabeza de José Jerí; y las cerezas del pastel: El repunte de Javier Milei en las elecciones de medio término tras la injerencia imperialista y las elecciones en Honduras que permanecen en incertidumbre, donde la izquierda fue aparentemente derrotada. Injerencia y fraude caracterizan estos procesos, luego aparece el fascismo con consignas altisonantes y alta difusión en redes sociales, a pesar de tener programas vacíos.

Y aquí es necesario detenerse a pensar más allá de los marcos institucionales, por eso se hace énfasis en que el progresismo es la izquierda institucional, teniendo en cuenta la votación negativa a la consulta impulsada por Daniel Noboa en Ecuador y la reunión de diferentes fuerzas populares en el marco de eventos como la COP, la CELAC y otros, fuera de los convocados por jefes de Estado. Lo anterior deja espacio para la esperanza en un ambiente de pesimismo continental, pues la izquierda va más allá de la disputa institucional burguesa; de elecciones, gobiernos y curules. Aunque parte de las fuerzas populares del continente y específicamente de Colombia decidan participar en dicha disputa, el espectro de la lucha social y revolucionaria, se torna más amplio y es trascendental que lo tengamos en cuenta para el presente y el futuro.

¿Es responsable el progresismo de sus propias derrotas electorales? No necesariamente, pues al frente hay enemigos que no se resignan, que reformulan sus planes, que no descansan hasta ver derrotado cualquier proyecto alternativo sea armado o no. Y sí que perdemos varias veces, pero ellos tampoco pueden sostener sus victorias en este tiempo histórico, donde la paciencia y la persistencia son factores estratégicos para la continuidad de las luchas. Perdemos en algunas partes, pero los pueblos no son accesorios añadidos a la personificación individual de un sujeto, entonces las condiciones morales, materiales e históricas, siguen moviendo las contradicciones de las transformaciones de la humanidad.

Es difícil competir electoralmente cuando se dejan intactas las estructuras de dominación del imperialismo, en ese sentido toda izquierda institucional compite desde la desventaja y el acomodamiento, a pesar de tener buenos programas de reformas, y en varios casos, propuestas revolucionarias. Pero desconocer la historia y el extenso repertorio de luchas de los pueblos, es el error histórico del movimiento progresista y del entramado institucional de izquierdas. Reducir la lucha al papel de las instituciones de los Estados mafiosos del capitalismo, es encerrarse en la burbuja de su propia autodestrucción.

Es fatal dejar la organización barrial y un imperativo sostener la independencia de los movimientos sociales, en la perspectiva alternativa y estratégica de construir poder popular. Administrar el poder estatal sin construir poder paralelo, conlleva necesariamente a ser una variable más del sistema corrupto que predomina en estos tiempos de crisis.

¿Qué hace la derecha en los tiempos de crisis de modelo? Radicalizar sus posturas y atacar sin reparos cualquier proyecto alternativo así no sea de izquierdas. Por eso se habla de un supuesto resurgimiento del fascismo, sin embargo, siempre ha estado allí, solo que estos tiempos lo llaman para que sea más visible, más agresivo, a pesar que en su esencia carezca de fundamentos. Y sin embargo, contra esos monstruos tenemos que luchar, el discurso vacío gana grandes proporciones de la población y aparentemente estamos derrotados. Fuera de todo fatalismo, ¿De qué le han servido a Israel más de 70.000 asesinados en Gaza? Para sostenerse claro está, pero en el terreno político y en el plano estratégico del proyecto humanista, es difícil encontrar a alguien medianamente informado que pueda fundamentar el genocidio y sostenerse en tal postura.

Y por eso tenemos que revisar qué hace el progresismo en los tiempos de crisis, en el momento de tomar posición, en el instante álgido de la lucha, cuando el imperialismo posa sus garras contra nuestros pueblos. La respuesta que nos encontramos es que se modera, se alía con los poderes tradicionales, se acomodan en sus cargos de donde devengan sus salarios y excluyen cualquier tipo de luchas que estén por fuera de sus límites institucionales. De esta manera condenan la lucha armada, la insurgencia popular, la organización del poder popular que no tiene aspiraciones electorales. Y esta limitación incluso los pone en la línea del mismo discurso hegemónico del proyecto de derecha capitalista y del imperialismo, ser lo que varios han caracterizado como “Progresismo Contrainsurgente”, que acepta las reglas impuestas por el opresor y nos dice cómo se debe luchar.

Este ensimismamiento como problema estructural de la política en nuestro continente, se traduce en una inconstancia del proyecto transformador, detonando la división regional que nos debilita frente a los tiempos de agresión actuales. Y así, cada cuatrienio o sexenio las mayorías desperdician un voto entre opciones que no permiten avanzar, a pesar de saber con anterioridad, que votar no implica estar en democracia. Es la construcción del socialismo el proyecto que permite erigir las bases democráticas de una sociedad.

No se trata de solo palabras de denuncia ante los temas sensibles de la humanidad, mientras internamente se condena a las expresiones de lucha insurgente, al tiempo que se hacen pactos con las oligarquías nacionales. El progresismo niega la lucha armada revolucionaria y argumenta que es un sinsentido, pero al tiempo reconoce las armas del paramilitarismo y del narcotráfico. Todo proyecto que se caracteriza como de lucha popular, que niegue otras expresiones de lucha, cuando táctica o estratégicamente convergen los objetivos, es un proyecto que se niega a sí mismo. Y en esa negación es que la izquierda institucional se modera, debatiéndose en tibiezas para cuidar su electorado, es incoherente y termina presa de la estructura capitalista, una parte consciente de ello y otra por ingenuidad.

Cuando los tiempos exigen, es el progresismo el que pierde electorado, más encantado por la radicalidad de derecha que por programas inconclusos y promesas incumplidas. Un discurso radical debe tener una practica radical, de lo contrario viene el desencanto. En ese estado vulnerable la manipulación mediática de los dispositivos ideológicos, hacen la tarea.

La derecha niega la lucha armada revolucionaria, porque es contraria a los intereses de su proyecto, y sin embargo, usa las armas paramilitares y mafiosas para proteger sus privilegios. Porque el proyecto de derecha sí es la negación del otro, incluso su aniquilación, siendo ese su modo de existencia. Pero no se niegan a sí mismos a pesar de sus diferencias internas.

Los pueblos en lucha debemos trascender la negación de nosotros mismos para enfrentar al imperialismo, y aprender de las luchas de resistencia del mundo en todos los frentes de disputa, o estaremos condenados a la aniquilación por parte del enemigo, ayudado por nosotros mismos. En Colombia debemos recordar que para disputar las transformaciones de nuestro país es necesario construir contrapoder así se acceda a ciertas porciones del Estado, el poder paralelo al poder burgués constituye la clave de supervivencia y continuidad de un proyecto revolucionario. Podemos estudiar las configuraciones de fuerzas en Venezuela y en Irán por ejemplo, para hablar de lo más reciente y quizás encontremos algunas enseñanzas. No es coincidencia que sean dos de los focos de mayor interés de la agresión imperialista actual.

Y al ver las experiencias de otros pueblos, reconocer y aprender de las dinámicas de resistencia insurgente como en Palestina, Líbano, Irak, Yemen, Burkina Faso y demás. Asia occidental y el Sahel africano son las regiones de nuestro presente que han plantado cara, desafiado con mayor ímpetu y sacrificio al imperio estadounidense y sionista, han perdido miles de personas y batallas, pero ¿Están derrotados? No puede haber una respuesta afirmativa a esta pregunta, cuando la conversación política mundial gira entorno a esos escenarios de lucha, y se abren nuevas condiciones y contradicciones para el devenir del mundo.

Nosotros, desde otra orilla del mundo participamos con nuestra fuerza y nuestros propósitos de aportar el acumulado histórico a la causa de los pueblos, y tampoco estamos derrotados a pesar de perder muchas veces, porque la victoria no es algo particular de un efímero instante, no se gana como un trofeo de alguna competición deportiva. La victoria es histórica, moral y material desde la territorialidad en la que permanecemos y ayudamos a construir.

Por eso, ante estos tiempos de complejidad y agresión, las respuestas rápidas son un engaño, la lucha permanente es una necesidad y el reconocernos en una o unas luchas comunes es fundamental. No es una pretensión pedirle al progresismo que legitime la lucha armada, pero sí es responsabilidad histórica el no negarla. Y, sí es una invitación a las mayorías y a las fuerzas populares que no nos dejemos enredar en debates que solo fortalecen al enemigo común, las formas de lucha están dadas por condiciones históricas y los repertorios responden a las formas de opresión y explotación. El imperialismo bombardea y asesina ¿Cómo resistimos a eso? No existe una única forma.

El progresismo y todos los demás que quieran negarnos, podrán seguir haciéndolo. Y sin embargo, deberán demostrar que las armas no son necesarias. Las resistencias vencerán.


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