Las últimas semanas el país ha vivido episodios que reflejan el estado de crisis política y económica por la que atraviesa Colombia y la necesidad de construir una alternativa política que se la juegue por la paz. Uno tras otro los hechos que mostraron y que caracterizaron la realidad política nacional: ofensiva imperial en contra del proceso de paz y la estabilidad de la región; evidencias del asocio de Uribe con el narcotráfico y el paramilitarismo; desastre del proyecto Hidroituango y la consolidación del proyecto de extrema derecha en las urnas; entre otros.

La ofensiva imperial de los EEUU contra el proceso de paz y la estabilidad de la región, se evidencia en el montaje perpetrado por la DEA y los organismos de inteligencia colombianos en contra de la dirigencia de las Farc y en particular de Jesus Santrich. La solicitud de extradición sobre Santrich constituye un ataque al corazón del acuerdo de paz firmado entre el gobierno y las Farc, que comprende garantias para la vida política de esta organización. El establecimiento en asocio con los EEUU mandan un mensaje claro a los colombianos: en nuestro país las posibilidades para la paz siguen estando cerradas.

Ellos insisten en la inestabilidad de la región con la incorporación de Colombia a la OTAN. Esta iniciativa del gobierno Santos fue presentada al país mientras se negociaba un acuerdo definitivo con las Farc, queriendo decir que al tiempo que se lograba su desarme, se enfilaban las fuerzas del Estado en contra de los vecinos y se fortalecía la alianza con el imperialismo. Es decir, Colombia se aboca a desestabilizar a los gobiernos de la región y dispone su aparato militar para las guerras imperiales en diferentes partes del mundo.

En el país, el proyecto Hidroituango evidencia el desastre de la clase política y económica colombiana, que por medio de preferencias clasistas y corrupción, entregaron al capital privado este proyecto hidroeléctrico pasando por encima de la población y condenando al desplazamiento a familias y lugareños de esta región antioqueña. Es decir, la muerte y el despojo de los pobladores, van de la mano con la codicia de la clase en el poder. La realidad y la misma naturaleza han demostrado la inviabilidad de un proyecto de esta magnitud, cuando se ponen los intereses privados y de un puñado de inversionistas por encima de los intereses de la población en general. El Estado en función del gran capital a través de políticos corruptos a su servicio.

Al mismo tiempo, el país conoció nuevas pruebas de la relación del expresidente Alvaro Uribe con el narcotráfico y el paramilitarismo en la década del noventa en Antioquia, en epocas en que era un político tradicional del liberalismo en ese departamento. Los documentos desclasificados revelan del conocimiento de los organismos de inteligencia gringa de tal pertenencia y relación entre el político de extrema derecha y la mafia. En pocas palabras, la oligarquía asociada con la mafia para hacer política y construir un régimen del terror a través del paramilitarismo.

Por si fuera poco, las recientes elecciones legislativas y presidenciales presentan la consolidación del proyecto de extrema derecha, esta vez anclado no sólo al guerrerismo de siempre; sino también al fanatismo religioso, la corrupción, los medios de comunicación y el engaño.Porciones importantes de la población se movilizan aún a favor de esta minoría responsable de las desgracias más grandes del país en la etapa reciente. Poblaciones en función de una casta política corrupta y mafiosa.

Este panorama actual continúa reflejando las estructuras del pasado, que datan de más de un siglo. No obstante, se mantiene la vigencia de la lucha por las tranformaciones en Colombia en las que como ELN estamos comprometidos. Nos corresponde seguir luchando y resistiendo junto al pueblo colombiano, trabajando por construir alternativas que dignifiquen su condición soberana y su deseo de justicia social. Seguir construyendo unidad práctica con los sectores que se niegan a continuar dirigidos por el régimen de terror y que apelan a la democratización del país, que se la juegan por la construcción de una paz que abrigue los intereses de las mayorías nacionales y defina su futuro con la brújula de sus propios intereses.