
Por: Octavia Rebelde, corresponsal de Antorcha.
El pasado 8 de marzo, se realizaron las elecciones a Senado de la República y a Cámara de Representantes. Se eligieron 103 y 183 puestos respectivamente, incluyendo las curules de circunscripciones especiales. Cada cuatro años, el pueblo colombiano acude a estas elecciones con la esperanza de que algo en su vida cotidiana cambie o mejore, lo cierto es que tras 68 años de instituidas las votaciones como hoy las conocemos, nada que haya ocurrido por esa vía ha cambiado significativamente la realidad tangible de los y las colombianas.
Las elecciones en 2022: avance o retroceso
Tras muchos años en que la derecha estuvo al frente del país (todos los de la historia de nuestra «democracia»), tanto en elecciones legislativas como en las elecciones presidenciales, en 2022 el pueblo colombiano creyó en un nuevo proyecto, uno que «representaba» mejor sus intereses. «El Gobierno del Cambio» como se autodenominó, subió al poder fruto de la indignación y la búsqueda de mejores condiciones expresadas por el pueblo durante el estallido social de 2021, prometiendo «el cambio» a estas mayorías sedientas de un nuevo país, uno que dejara de negarle la vida, la dignidad, lo necesario para su bienestar. Este nuevo proyecto no se enmarcaba en las líneas tradicionales de la derecha sino en una vertiente más reformista expresada como «progresismo» proveniente de un sector de la «nueva izquierda» que se caracteriza por no tener reparos en aliarse con otras fuerzas, incluso con la derecha y las élites con tal de lograr pasar las reformas que propone pero que solo son paños de agua tibia para los problemas estructurales del país. Así, el nuevo gobierno logró recoger todo el descontento del pueblo enardecido y movilizado, prometiendo grandes cambios que al final se tradujeron en pequeñas reformas (las que alcanzaron a pasar) sin que hasta el día de hoy existan grandes cambios para la clase popular que lo eligió.
El triunfo de 2022 en el ejecutivo, estuvo precedido como ahora por las elecciones legislativas que en ese momento se tradujeron en un golpe a la derecha del país (especialmente al uribismo) reduciendo sus puestos en Senado y Cámara, dándole mayor posibilidad a la fuerza del «Pacto Histórico» que era representada por la fórmula del «Gobierno del Cambio». Algunos podrían decir que este pequeñísimo triunfo fue la expresión de la realidad social y política del momento, otros dirían que fue una estrategia de las élites y el imperialismo para aplacar el espíritu de lucha que vivía el pueblo (rol que ha cumplido el progresismo desde su surgimiento y que el «Gobierno del Cambio» también llevó a cabo a la perfección). Lo cierto es que, haya sido una o la otra, o las dos, no fue suficiente para Gobernar.
Luego de poner 20 curules en el Senado y 27 puestos en la Cámara solo pasaron dos de las grandes reformas planteadas por el Gobierno, la tributaria y la pensional. A eso se han sumado varios rifi rafes entre el Senado y el Ejecutivo por la aprobación de todo cuanto se le ha ocurrido al Gobierno, de eso han habido miles de discusiones y memes muy buenos, eso sí. Finalmente, lo que se prometió no se cumplió, y la gente hoy continúa basicamente en la misma situación que en 2021. Pero eso sí: al movimiento social que lo subió al poder se le dividió, se le atomizó, y se le desmovilizó dandole puestos en las instituciones y casi que conformando un solo movimiento personalista que hoy señala y discrimina como si de una secta se tratara a todo aquel que tenga una crítica al Gobierno. Casi casi que se puede decir que todo tiempo pasado fue mejor, o al menos para la radicalidad del movimiento social que hoy parece estar condenado a ser un muerto viviente que depende de si este Gobierno tiene continuidad o no.
Las elecciones en 2026: Condenados a repetir la historia
El 8 de marzo de este 2026 se llevaron a cabo como cada cuatro años, las elecciones legislativas en el país, esta vez luego del primer Gobierno Progresista en la historia de Colombia. En este punto y bajo estos precedentes, cualquiera esperaría que los resultados fueran novedosos, tal y como se planteó la novedad de tener por primera vez un gobierno de «izquierda». Sin embargo, los resultados no son tan buenos como se quiere hacer ver, si bien el Pacto Histórico logró 5 curules más en el Senado que en 2022, los otros partidos de derecha no solo se repartieron casi uniformemente las curules, sino que el Centro Democrático -cuna del uribismo- volvió a puntear, recuperó curules y se posicionó de nuevo como la principal fuerza de oposición. Aunque la derecha tenga distintas facciones, para lo que sí saben ponerse de acuerdo es para hacer oposición cuando se tocan sus intereses por lo que si se suman las curules que ocupa la derecha en el Senado, se duplica en número a las obtenidas por el Pacto Histórico. Esto quiere decir que si en los últimos cuatro años no se avanzó en los planes del Gobierno Progresista por el pulso de fuerzas en el poder legislativo, este periodo tampoco va a ser.
Y entonces aquí es donde se dice ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué hoy no estamos mejor que ayer? y aquí es donde sale la secta petrista a decir que todo obedeció a «factores externos», entre las excusas favoritas están: que no dejaron gobernar, que las fuerzas eran desiguales, que las regiones coercionadas por el paramilitarismo donde le impiden a la gente votar, que los medios de comunicación tradicionales no ayudan… y sí, todo puede ser cierto. Pero lo que también es cierto es que este gobierno desde el principio le dio la espalda al pueblo y al movimiento social, prefirió dar puestos como si se tratara de repartir favores, en lugar de impulsar la organización del pueblo, un pueblo que defendiera los cambios; prefirió sentarse con los poderosos a negociar en lugar de ser radical en sus posturas, en lugar de llamar al pueblo, no para defenderlo a él sino para organizarse en favor de la solución de los problemas estructurales que las mayorías sienten y viven diariamente; también fue este gobierno el que decidió sentarse a «negociar la paz» con el paramilitarismo, en lugar de imponer su pie de fuerza contra ese engendro del Estado como lo exigieron en varias ocasiones organizaciones urbanas, campesinas, étnicas; tambièn fue este gobierno el que decidió «profundizar el capitalismo» sabiendo que es un modelo de muerte que fácilmente es la primera contradicción frente a una «política para la vida»; también fue este gobierno el que decidió continuar arrodillado al imperio y con el cual hoy establece alianzas para hacer la guerra en lugar de buscar las transformaciones estructurales que requiere la solución al conflicto.
En fin, además de los resultados de Cámara y Senado, uno podría decir, que tener 25 curules en el Senado al menos garantiza hacer la resistencia que dicta la Selectividad Estratégica del Estado pero la verdad es que ahí también nos quedamos cortos. Hoy el «Pacto Histórico» no representa precisamente la voluntad de las mayorías o la izquierda revolucionaria, es un híbrido de varias fuerzas entre ellas el liberalismo (con una gran influencia además) que no es más que la historia repetida del país. Lo demuestran las consultas realizadas en el «nuevo» Frente por la vida en las que ganaron Iván Cepeda y el nuevo candidato Roy Barreras que no es más que un «ex-uribista» según él, arrepentido de haberle dedicado casi toda su carrera política a la extrema derecha y que ha sido redimido por San Petro. Parafraseando a Camilo Torres en su «Proclama al Pueblo Colombiano» las elecciones de hoy son una comedia más, un circo en el que se reencaucha a quienes han estado en el poder desde la constitución de la República, no hay nada nuevo, las mismas viejas alianzas y formulas que se presentan como nuevas y que nada tienen que ver con un aparato de participación que involucre a las mayorías de forma vinculante.
Este panorama no debe desanimarnos, todo lo contrario, lo que nos demuestra es que cuando el trabajo institucional no se hace bien, cuando no se alcanza la radicalidad que requiere el pueblo para realizar su dignidad, nada cambia. Solo el levantamiento del pueblo, solo la clase popular organizada, en la delantera de los cambios y de lo que se requiere es lo que nos va a transformar el panorama. El discurso por más bonito que suene, si no se traduce en hechos, si no se traduce en radicalidad, si no se traduce en coherencia y en la revolución que necesita este país, seguirá siendo eso, solo palabras y saliva. El momento de hoy no es el de las elecciones, es el de la insurrección popular.
