La Alcaldía Peñalosa cierra con broche de oro su administración, se aprueba la construcción del metro en Bogotá. El metro será elevado y construido por un consorcio llamado TRANSMIMETRO compuesto por China Harbour Engineering Company Limited y Xi’An Metro Company Limited. La empresa China presentó el presupuesto más bajo y se quedó con la construcción de la primera línea del metro, esta construcción y Electricaribe representan dos objetivos de importancia para las empresas chinas.

A pesar de que cursan 2 demandas en contra de la licitación metro ante el Consejo de Estado y se presentó una denuncia pública de corrupción sobre una de las constructoras, el proceso continuó y se adelantó la licitación, solo 2 de 6 grupos habilitados para cursar el proceso continuaron. El primero en manos del Consorcio chino y el segundo encabezado por el empresario mexicano Carlos Slim con la participación de las empresas Alstom Transport de Frrancia, Ferrocarril Metropolita de Barcelona y Metro de Medellín.

El metro será financiado en un 70% por la nación y en su totalidad está proyectada para una duración de 27 años. Los recursos de la Nación para la primera linea ascienden a $15,1 billones y el Concejo Distrital de Bogotá autorizó la suma de $6 billones 87 mil 643 millones de pesos para la cofinanciación.

Aunque pareciese superficial, la discusión sobre subterráneo o elevado, esta decisión es fundamental para la vida de los habitantes y visitantes de Bogotá. Pero bajo el argumento de la rentabilidad, la administración actual se mantuvo en el proyecto de metro elevado, elemento que aunque cierto, entrega el peso a la ciudadanía, quienes finalmente serán los mas afectados con el impacto de la obra. Es importante tener en cuenta que también existen adelantos de estudios para el metro subterráneo, avances que no se tuvieron en cuenta al momento de transitar a la propuesta de metro elevado, limitando la opción de decidir a partir de criterios objetivos.

Aunque quedan muchos temas por profundizar, si pensamos el metro para el bienestar de las mayorías, quedan pendientes de revisar los asuntos de contaminación visual, de impacto social y resultados colaterales de la construcción. La aprobación de la construcción del metro no debería traer consigo la respuesta a la pregunta ¿Elevado o Subterráneo?, debería existir un proceso democrático donde las comunidades sean consultadas y planteen qué es lo mejor para las vidas de quienes habitan el territorio.

Lastimosamente de la discusión del metro se hizo un conflicto de tipo polítiquero, relacionado a las campañas electorales, dejando de lado lo realmente importante, el futuro de la ciudad y sus habitantes.

Por: Sandra Guzmán