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Editorial Revista Insurrección N° 1044
Comando Central (COCE)

Agoniza el sistema de salud pública, que hace 33 años fue entregado a empresarios, para que reemplazaran al Estado, en garantizar este derecho fundamental. Este invento por una complicación de males está en la sala de cuidados intensivos, en donde unos quieren desconectarlo y otros no.

Los empresarios fundaron unas empresas para promover la salud, bautizadas como EPS, las que en vez de promoverla, la pervirtieron, hasta un punto que le dieron otro uso al dinero que les dio el Estado, para la atención de los pacientes y terminaron quebradas, lo que obligó al gobierno esta semana, a liquidar las 7 EPS más quebradas, que mal atendían a más de 13 millones de personas, una cuarta parte de la población colombiana.

Hay que recordar que durante los primeros 20 años de funcionamiento de estas EPS, además de prestar un mal servicio a los pacientes, las convirtieron en una fuente de finanzas de las bandas narcoparamilitares, que asolaron al país persiguiendo y matando al liderazgo social; hasta que tuvo que llegar un gobierno, que trató de cerrarles este ‘chorro de plata’ a las bandas, dejando el negocio completo al resto de empresarios.

El debate sobre qué hacer, ha llegado a un punto de concluir, que la crisis de la salud pública es una consecuencia de la crisis del sistema… ¿de cuál sistema?, obvio, no es del sistema digestivo, ni del nervioso.

El sistema basado en lograr las máximas ganancias, llegó un momento en que dejó de obtenerlas y para intentar elevarlas, colocó a los empresarios a reemplazar al Estado, además dejó de invertir su dinero en la producción y lo destinó a enriquecerse con el cobro de intereses.

De esta forma convirtieron al Estado en un enano y lo que es peor, lo concentraron en servir a los intereses de la minoría gobernante, mientras que para la mayoría de la población le decretaron que debía vivir en austeridad, que significa reducir el Gasto Social a su mínima expresión… ¿cómo ven esta jugada?, no es de ‘juego limpio’.

La clase capitalista monopolizó el Estado a la fuerza, lo obligó a cambiar su rumbo y a navegar solo para el lucro de ellos, al tiempo que de manera cruel hunde en la penuria a la mayoría; un asalto idéntico al que perpetran los piratas.

Lo más grave hoy, es que las ganancias del asalto ya no satisfacen a la clase capitalista y en cabeza de Trump, están reemplazando el mercado por la guerra, y quieren convertir a todos en vasallos de su imperio.

Otro destino merece la humanidad y el planeta, para ello el capitalismo en esta su etapa decrépita, no hay que tratar de domarlo, como aconsejan algunos, sino lo que debemos es buscar otro sistema, que sirva a la gente y al planeta.


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