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Editorial Revista Insurrección N. 655

Por: Comando Central – COCE

La pujanza de las movilizaciones universitarias de este 10 de octubre y del movimiento estudiantil que está en curso, son signos alentadores del nuevo momento que vive el país, que alienta la lucha y la movilización de otros procesos sociales, y anima la lucha por la paz, contra la guerra y por los cambios.

Este movimiento de los estudiantes, está inspirando a otras luchas, como la Jornada de Indignación y Resistencia del 12 de octubre.

La crisis presupuestal que hoy asciende a 18,5 billones de pesos está derrumbando a la Universidad pública, ha propiciado un gran movimiento en el que además de los estudiantes, está participando toda la comunidad universitaria: profesores, rectores y trabajadores de los centros educativos.

El movimiento irrumpe con el apoyo declarado de indígenas, el magisterio, la Cumbre Agraria, la Central Unitaria de Trabajadores y de sectores parlamentarios. Además, cuenta con respaldo social y de opinión, aunque las grandes empresas de comunicación intentan invisibilizarlo.

El presidente del Sistema Universitario Estatal (SUE), el rector de la Universidad de Córdoba, dijo en la sesión del 10 de octubre en el Congreso: “Le han quitado presupuesto a las universidades públicas para dárselo a las privadas”.

Esta presión social enfrenta la política de privatización, propia del modelo capitalista neoliberal, mantenido por las clases dominantes; por lo que adversarlo requiere de un movimiento ciudadano fuerte, producto de una gran confluencia.

No solamente se trata de la privatización de la educación, cubre también la privatización de la salud y todos los distintos servicios sociales que el Estado debe garantizar a la sociedad; porque obedece a un modelo que acaba con lo público, que todo lo privatiza.

El modelo capitalista neoliberal frente al cual hay que luchar y resistir, lleva precisamente a que la educación, al igual que la salud, no sean tratados y concebidos como derechos; sino como mercancías que se venden a cambio de un pago.

Por eso a las Universidades públicas, las están obligando a transformarse en empresas rentables, que han de “autofinanciarse” y regirse por la ganancia, por la venta de servicios, por la codicia y el crudo negocio.

En el presupuesto del Estado, las clases dominantes están priorizando el gasto para la guerra, al que destinan 33 billones; para cumplirle las directivas a Trump de intervenir militarmente en la vecina Venezuela, fumigar a los campesinos cultivadores de coca y dar continuidad a la guerra interna.

El rector de la Universidad del Atlántico, expresó que: “le hemos dicho al Gobierno Nacional que, así como hay plata para la guerra, también debe haber para la educación”.

Es una lucha justa, progresista y democrática la de los estudiantes. Las elites dominantes no cederán fácil, la lucha es dura. Tendrá posibilidades de avanzar si logra mantener una amplia confluencia, la participación de las bases estudiantiles y el respaldo de las organizaciones sociales y políticas. Las diferentes actividades en curso y las movilizaciones convocadas para el 17 de octubre, serán un nuevo termómetro.

Otras convocatorias, como la realizada por la Asamblea Legislativa Popular y de los Pueblos llama a una gran movilización ciudadana, para enfrentar las políticas de guerra y privatización del gobierno timoneado por el ex presidente Uribe Vélez, que formalmente aparece administrado por el Presidente Duque.

Una solución política de los conflictos de la sociedad colombiana, va más allá de tener conversaciones de paz con la insurgencia revolucionaria; es ante todo darle un trato respetuoso a la protesta social, es no darle un trato de guerra; es oír la voz de las mayorías nacionales, que claman por pasar la página de la guerra, como resultado de transformaciones sociales y políticas. Esto implica cumplir los acuerdos hechos por el Estado y ampliar el camino del proceso de paz.


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