
Por: Candelario Patía, corresponsal de Antorcha.
Lo que está sucediendo en toda Asia no es nuevo. Las provocaciones de Occidente y su aliado regional, el gobierno usurpador y genocida de Israel (el cual no reconocemos como Estado), han convertido a Asia occidental en un territorio volátil, marcado por su sed de petróleo y una idea desquiciada de construir un Estado llamado Sion que abarque partes de El Líbano, Irak, Palestina, Jordania y Egipto.
Los ataques de Netanyahu a Palestina, que han ocurrido durante más de dos años, han marcado un nuevo hito en la historia humana, o al menos en la más reciente, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la lucha era contra el nazismo y el fascismo. Hoy, la situación es muy similar, pero con la connotación de que esta vez se glorifica al genocida e invasor.
El año 2026 comenzó muy movido, con el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, primera dama del país sudamericano, a manos del imperialismo, encabezado por Estados Unidos, dejando tras de sí más de 100 muertos en un bombardeo indiscriminado en la capital, Caracas, asesinando a civiles y militares sin distinción alguna.
En la madrugada del 28 de febrero se dio inicio a una nueva ofensiva contra la nación persa, dejando un saldo inicial de 170 niñas menores de 10 años asesinadas y otros centenares, entre ellos el líder supremo de la Revolución Islámica, el ayatolá Ali Khamenei, quien había sostenido el poder durante 36 años desde la partida física del ayatolá Ruhollah Jomeini, fundador de la República Islámica de Irán.
Este nuevo bombardeo a la República Islámica se da después del primer ataque israelí, el 13 de junio de 2025, donde los sionistas no salieron bien librados. Los misiles del Cuerpo de Guardianes de la Revolución iraní también respondieron con el lanzamiento de varios misiles en el marco de la “Operación Promesa Verdadera”, golpeando las ciudades de Haifa y Tel Aviv, demostrando que los iraníes son una nación unificada bajo la soberanía, el Islam y el poder de su pueblo, dispuestos a resistir cualquier ataque de Occidente contra su integridad nacional.
La República Islámica responde a esta agresión bombardeando, en legítima defensa, a ocho países que albergaron bases militares estadounidenses, incluido Israel, logrando impactar el centro de comando estadounidense más grande de Asia occidental, ubicado en Bahréin, destruyendo los radares de alerta temprana y la base en general.
Asia, en su conjunto, se encuentra en una crisis de gran magnitud, con la alerta permanente de alcanzar un nivel de confrontación mucho más alto, ya que bien sabemos que los deseos de Trump (señalado por cometer actos sexuales con menores y ser parte de la red Epstein) son apoderarse de las reservas petroleras iraníes y abrirle paso a Israel para su proceso expansionista, concentrando fuerzas para intentar fortalecer su hegemonía mundial.
Sabemos que Irán, Rusia, la República Popular de China y otros países de África y Latinoamérica están abogando por la construcción de un bloque antihegemonico. Sin embargo, este es un proceso que lleva tiempo en concretarse, y también hay enemigos dispuestos a arrastrar al mundo hacia la catástrofe nuclear, si fuera necesario, para continuar ejerciendo como único polo en el planeta.
Frente a esta situación, el eje de resistencia en el Líbano, encabezado por Hezbolá, en Irak, a cargo de las Fuerzas de Movilización Popular, Hamas en Palestina y grupos de resistencia chií en Siria, han lanzado ataques a Israel y bases estadounidenses en toda Asia occidental, demostrando que esta no es solo la resistencia del pueblo iraní, sino una responsabilidad del mundo musulmán y antiimperialista. De igual manera, China y Rusia también están activos, brindando inteligencia y tecnología militar para hacer frente a la agresión imperialista.
Este ataque por parte de EE.UU. e Israel a Irán también ha desatado una tormenta económica, puesto que el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo y una parte sustancial del gas licuado del mundo, ha provocado un shock inmediato en los mercados energéticos. Los precios del petróleo Brent se han disparado, alcanzando precios de hasta 120 dólares por barril, mientras que los precios del gas en Europa se han duplicado, y se cree que la alza sigue siendo imparable. Este encarecimiento de la energía es el principal canal de contagio y el que más presión ejerce sobre las economías importadoras.
Las consecuencias macroeconómicas globales ya son visibles. La combinación de precios energéticos elevados revive el fantasma de la mega-inflación, por lo tanto, la crisis actual no solo amenaza a la República Islámica de Irán, sino también a sus vecinos en Asia occidental.
Este momento histórico, donde el imperialismo decidió atacar de la manera más vil y traicionera a otra nación soberana, ha dejado al descubierto las vulnerabilidades militares y económicas del mismo. Los misiles de la resistencia han alcanzado lugares y estructuras que nadie se imaginaba, como la Quinta Flota estadounidense en Bahréin o la estación de la CIA en Kuwait. Esto demuestra que el enemigo no es invencible ni intocable si hay corazones y pueblos decididos a conquistar la libertad a toda costa.
