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Editorial Revista Insurrección N 593

Recién pasadas las elecciones en Venezuela, en que eligieron los integrantes de una Asamblea Nacional Constituyente, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, en rueda de prensa anunció la intención de derrocar al Presidente Maduro, para colocar en su puesto a uno de los amigos de Washington.

El actual Presidente de los EEUU hizo su campaña electoral, prometiendo que “no iba derrocar gobiernos de otros países”, como es la costumbre de la potencia norteamericana; pero la actual guerra abierta (mediática, económica, política, diplomática, militar) contra Venezuela, demuestra la real política de ese imperio.

El motivo de esta intervención estadounidense, es recuperar el control de la mayor reserva de petróleo del mundo, estimada en 300 mil millones de barriles.

Ejecutar agresiones contra Venezuela, para apoderarse de su petróleo, es una muy vieja costumbre de los EEUU. En 1908, promovió un golpe militar apoyado por sus barcos de guerra, que duró 28 años. Un siglo después, en 2002,  en otro golpe similar, logró sacar por 2 días del poder al movimiento cívico militar nacionalista, que comenzaba a gobernar, liderado por Hugo Chávez, quien fue restituido en la presidencia por la presión popular. El motivo del golpe, fue el de siempre, haber decretado una nacionalización del petróleo en 2001.

Ahora, desde Washington prosiguen en su intentona de derrocar a las fuerzas nacionalistas, que gobiernan en Venezuela desde 1999; las que adelantan un proceso Constituyente, aprobado el pasado 30 de julio, por más de 8 millones de venezolanos.

El esfuerzo del pueblo de Venezuela de construir soluciones políticas, no violentas, a sus problemas internos, merece el respeto de toda la comunidad internacional, en especial de los países vecinos. Es el necesario respeto al derecho que tiene cada pueblo a autodeterminar su destino, sin injerencias ni agresiones foráneas.

Rechazamos la política intervencionista del Gobierno de Santos, al descalificar los intentos de buscar una solución democrática y soberana a las disputas entre venezolanos.

Colombia está en deuda con Venezuela, pues desde la presidencia de Chávez, este hermano país ha apoyado el proceso de paz con las guerrillas revolucionarias colombianas. Actualmente, la República Bolivariana de Venezuela sigue siendo Garante de la mesa de conversaciones de Quito.

Respaldar soluciones políticas y pacíficas que adelanten los venezolanos, es la mejor manera de contribuir a la paz de este hermano pueblo.


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