Editorial del Frente de Guerra Urbano Nacional Comandante en Jefe Camilo Torres Restrepo -FGUN-.

La operación militar realizada en Bogotá el pasado 17 de enero ha generado diferentes reacciones en la población y cuestionamientos de sectores de la oligarquía que buscan desinformar y enredar el debate político actual. Ante ello aportamos algunas ideas al debate para entender la situación, éstas tienen que ver con las negociaciones de paz con el gobierno Duque, la voluntad de paz de la oligarquía colombiana y la crisis de gobernabilidad.

Desde que tomó posesión el gobierno Duque, el pasado 7 de agosto de 2018, ha mantenido posiciones ambivalentes con los diálogos de paz, posiciones más determinadas por el vaivén de la opinión pública que por hacer de la paz una política de Estado, responsable con el país. Este gobierno ha entorpecido el proceso de paz iniciado por el gobierno anterior; incumpliendo y/o desconociendo los acuerdos firmados con las FARC, promoviendo políticas contrarias a la construcción de la paz y obstaculizado las medidas más elementales para favorecer las comunidades golpeadas por décadas de violencia estatal; mientras tanto no hace nada para detener el asesinato de líderes sociales y excombatientes, realizado por fuerzas mafiosas y paramilitares como parte de la política de Estado.

A nivel de la mesa de diálogos con el ELN, el gobierno actual ha desconocido el proceso de diálogo y ha actuado de forma oportunista, primero retirando sus negociadores, después dejando la mesa en el limbo y al vaivén se sus propias conveniencias políticas. El gobierno Duque, no se atrevió a acabar antes con la mesa de diálogos para no asumir el costo de su política guerrerista, no escuchó las propuestas de cese bilateral al fuego que se venían construyendo de tiempo atrás en la propia mesa, para volver una y otra vez con su inviable política de acabar con el conflicto social y político a través de la guerra y el terrorismo de Estado.

Ante los hechos en la Escuela de Cadetes General Santander, el gobierno reacciona de forma precipitada con montajes, versiones falsas y acabando la mesa de diálogos con el ELN, mientras se propone desconocer los protocolos internacionales firmados por sus propios agentes estatales, para esconder ante la opinión y el país su incapacidad política. El rompimiento de la mesa de diálogos muestra el verdadero talante de Duque y la voluntad de paz de la oligarquía colombiana, un grupo en el poder dispuesto a seguir enriqueciéndose a costa de los desvalidos y las mayorías nacionales, mientras continúan entregando las riquezas del país a la transnacionales, los conglomerados económicos y el imperialismo norteamericano.

Tal como van las cosas, para un futuro inmediato será difícil creer y respetar las formalidades de un gobierno colombiano que desconoce los acuerdos firmados para hacer su propia voluntad y pasar por encima de sus adversarios; un gobierno que no sabe reconoce una disposición favorable al diálogo como lo fue el cese de operaciones militares ofensivas realizado por el ELN a finales del año pasado, y en su lugar planea y ejecuta ataques indiscriminados para sacar ventaja de esta disposición y avanzar en posiciones de guerra. Igualmente, no será facil para los gobiernos garantes facilitar una mediación cuando tienen al frente un gobierno que desconoce de forma oportunista el derecho internacional para al día siguiente alegar que su conducta esta basada en los mismos articulados que niegan con sus hechos.

La actualidad del gobierno Duque es de ingobernabilidad, por ser un gobierno corrupto e incapaz de liderar las fuerzas vivas del país, incapaz de responder con decencia los retos que en materia social, política y económica le exige la sociedad hace varias décadas: justicia social, democracia real y soberanía nacional. Nos corresponde como parte del pueblo colombiano seguir en la lucha por avanzar hacia estos retos en un camino de resistencia que contribuya a lograr los cambios sociales y políticos necesario para un país de nación, paz y equidad. En otras palabras, un país con cambios y en paz.