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Por: Margarita Giraldo Builes.

La Global Sumud Flotilla reunió a cientos de personas al rededor del mundo que decidieron navegar hacia Gaza llevando ayuda humanitaria, alimentos y medicinas. En medio de un intento más por romper el bloqueo. El 18 de mayo la Global Sumud Flotilla fue secuestrada en aguas internacionales, esto no fue un hecho aislado, esto hizo parte de una pieza más en una cadena de violencia que el estado Israelí ha impuesto sobre el pueblo palestino y quienes intenten romper el bloqueo y llevar ayuda humanitaria hacia Gaza.

Tripulantes y activistas denuncian golpes, fracturas y contusiones, intimidación sexual, desnudez forzada, violencia sexual y uso desproporcionado de la fuerza para someter a la tripulación. Varixs integrantes fueron trasladados bajo custodia a centros de detención donde hubo humillaciones, tratos degradantes y altos niveles de sadismo psicológico. Integrantes de la Global Sumud y de misiones anteriores han denunciado tocamientos no consentidos, amenazas con desnudez forzada, registros vejatorios, comentarios sexuales humillantes y abuso sexual por parte del ejercito israelí, practicas que además del daño físico buscan anular la dignidad y el cuerpo político de quienes resisten.

Hay registro de personas retenidas fuera de cualquier marco legal, trasladadas a prisiones militares o civiles sin información clara sobre su paradero; lxs heridxs sufrieron fracturas, contusiones y heridas por objetos contundentes y en ocasiones se impidió o demoró la asistencia médica, agravando lesiones que podrían haberse atendido de forma oportuna. Dejando así una cifra alarmante de estas agresiones con 50 personas hospitalizadas, 35 fracturas de costillas piernas y brazos, a 5 personas les inyectaron un líquido desconocido y por lo menos 15 agresiones sexuales.

La historia de la Global Sumud se suma a una serie de intentos por romper el bloqueo a Gaza, que van desde 2010 hasta convoyes posteriores, donde la fuerza israelí usó las mismas tácticas de represión como abordajes y secuestros en alta mar, uso de armas no letales como gas y balas de goma, agresiones físicas extremas, detenciones colectivas y campañas de desprestigio mediático contra lxs activistas. Cada intervención contiene un mensaje político muy claro, donde el bloqueo es inquebrantable y quien lo desafíe será criminalizadx y expuestx a todo tipo de vejamenes. Esa repetición transforma episodios puntuales en política de Estado.

La violencia sexual, las humillaciones y torturas relatadas por los tripulantes de la Flotilla tienen una función política y simbólica concreta que se enfatiza en dominar cuerpos, destruir redes de solidaridad y sembrar terror que no solo destruyen individuxs, sino que desactiva lazos colectivos y normaliza la impunidad, facilitando la consolidación del control político mediante el miedo. El sadismo que relatan muchas víctimas por parte del Estado genocida de Israel, es un método de degradación que despoja a la persona de su estatus político y humano. Desde Argelia hasta Vietnam, desde Sudáfrica hasta Palestina, los sistemas coloniales han recurrido a la violencia para intentar destruir la voluntad de resistencia de los pueblos.

Estas agresiones contra los tripulantes de la Global Sumud y el pueblo palestino están directamente vinculadas de las relaciones de poder del capitalismo y el patriarcado. El cuerpo de las mujeres y de todxs quienes desafían la norma se convierte en un territorio de disputa política; Y así la violencia sexual funciona como arma simbólica y práctica para imponer la hegemonía. Por lo tanto el bloqueo contra el pueblo Palestino debe denunciarse como una relación de poder en la que un Estado respaldado política, económica y militarmente por las principales potencias capitalistas, ejerce un control sistemático sobre un pueblo sometido a ocupación, bloqueo, desplazamiento, discriminación, limpieza étnica y genocidio. La represión contra quienes intentan romper el cerco humanitario constituye un mensaje dirigido no sólo al pueblo palestino, sino también a los movimientos internacionales de solidaridad, donde cualquier desafío al orden impuesto será enfrentado mediante la represión y sadismo.

La lucha contra el bloqueo y la ocupación nos exige a la vez confrontar las estructuras que reproducen la opresión, como el capital que sostiene la ocupación y las formas patriarcales de violencia y las instituciones que legitiman la represión. Más allá del mar, en las cárceles y en la ocupación diaria el pueblo de Palestina enfrenta detenciones arbitrarias, condiciones inhumanas y diversas formas de tortura física y sexual. Presas y presos políticos sufren aislamiento, negación de atención en salud, traslados arbitrarios, tortura y violencia sexual; esa política no sólo castiga sino que anula la posibilidad de organización y resistencia desde dentro y, aún así el pueblo palestino sigue siendo ejemplo resistencia y dignidad.

Así mismo la acción de la Flotilla es una expresión de solidaridad internacional con la liberación nacional palestina y un acto de valentía contra un orden que normaliza el bloqueo, la ocupación y la impunidad. Son la cara visible de una lucha que no se rinde, su coraje expone la brutalidad cotidiana que vive el pueblo palestino y la dignidad que permanece en cada rincón. Cada intento de silenciar la verdad y de doblegar las expresiones de solidaridad internacional, revelan no sólo represión, sino también la determinación colectiva para hacerle frente y dar la pelea ante la injusticia; esto demuestra que la esperanza no puede ser silenciada ni con golpes, balas o bloqueos. Mientras exista quienes resistamos con determinación la lucha continuará. ¡Desde el río hasta el mar Palestina vencerá!

 


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