
Antonio García, Primer Comandante del ELN
“Los pueblos que no se conocen han de darse prisa a conocerse, como quienes van a pelear juntos”
José Martí.
Con una gigantesca marcha de antorchas el pasado 27 de enero, la juventud cubana rindió homenaje al héroe latinoamericano José Martí, en la víspera de su natalicio 173. Esta gran movilización se hizo en medio de una de las más violentas agresiones imperialistas sobre Cuba, Venezuela, Colombia, Nicaragua, México y toda nuestra América; por lo que el legado de dignidad, libertad y soberanía martiano ratifica su vigencia en el corazón de nuestras luchas.
La lucha emancipadora de Martí sigue siendo referente ético y político, faro y luz para la oscura noche que cobija a nuestros pueblos. Así nos lo enseñó Fidel, desde enero de 1953, cuando lideró la primera de estas marchas con motivo del centenario del natalicio del prócer cubano. En ese momento referente de lucha contra la dictadura de Batista, y así reclamar la libertad del pueblo cubano.
Martí nos enseñó con su vida que la soberanía de las naciones es un derecho y una obligación de cada ser humano, no una responsabilidad exclusiva de los Estados. Es el derecho de cada persona a cultivar y disfrutar los frutos y bienes, que la abundancia de la naturaleza dio en nuestras tierras para todos; pero también ello implica defenderlos, con la vida, si es necesario.
Este mismo 27 de enero, mientras Cuba nos daba una nueva lección de dignidad y antiimperialismo, en Ciudad de Panamá iniciaba el Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe. Siete presidentes de la región y cientos de empresarios se reunían para hablar “del futuro”, el comercio, la tecnología y, sobre todo, los negocios, en medio de un clima agreste de desintegración regional y del apetito voraz norteamericano, que parece devorarnos.
Auditorios vacíos de pueblo, pero llenos de millonarios. Añoramos las épocas en las que Fidel y Chávez lideraban la integración de un continente, que se levantaba contra el imperialismo y la hegemonía estadounidense. Cabe recordar la Cumbre de las Américas en Mar del Plata, los encuentros del ALBA y del MERCOSUR, o las sesiones del Foro Social Mundial.
Hoy, en América Latina las condiciones son otras, los Estados Unidos con la amenaza, el chantaje y las agresiones abiertas colocan su agenda. Así varios presidentes han optado por la genuflexión; otros, incapaces de defenderse militar y políticamente, se ven obligados a aceptar con sumisión las ofensas y humillaciones del gobierno del norte, bajo la etiqueta de una falsa cooperación o de la diplomacia internacional. Los gobiernos progresistas de América Latina intentan negociar ‘con una pistola en la cabeza’.
El presidente de Brasil, Lula Da Silva, reconocía además que el riesgo de la región, ante su cercanía geográfica con la mayor potencia militar del mundo, se incrementa por la inexistencia de mecanismos de cooperación regional eficaces: “Nuestras cumbres están vacías, con la ausencia de los principales líderes regionales. La CELAC está paralizada”, decía.
Otros se preocupan menos por la dignidad y se dedican a adular a los Estados Unidos y extender sus prácticas arancelarias. Los vende patrias han existido siempre.
La desesperanza no es una opción para los pueblos. Tenemos a Martí. Tenemos la historia de los pueblos, que luchan y que han derrotado al más feroz de los enemigos en cada tiempo histórico: Cuba, Vietnam, Argelia, la Venezuela Bolivariana.
Entonces, la defensa de la soberanía de América Latina y una nueva integración regional, nos obliga a construir desde abajo. Parafraseando a Martí podemos decir: si a unos les falta el valor, que no se lo nieguen al pueblo…
Cuando los Estados son incapaces de defender la soberanía, les corresponde a los pueblos encarar esa lucha.
