La universidad colombiana presenta una crisis misional y presupuestal a causa del enfoque mercantil y alejado de la realidad a la que el Estado la ha obligado durante la historia. Esta academia reluce dos facetas antagónicas que por un lado la aleja del cumplimiento de su impacto en la sociedad, y por otro lado la trata de acercar, para responder a los problemas que la sociedad afronta en la actualidad. Pero ¿quiénes son los actores que representan esas dos facetas opuestas? Teniendo en cuenta esta pregunta, será importante destacar dos actores principales en esta lucha interna: primero, encontramos al mercado, el cual junto con el Estado promueven políticas que han permitido que la universidad cada día sea más ajena a las demandas que la sociedad le hace; en una segunda medida, está el movimiento estudiantil, el cual a pesar de las diferencias entre colectivos, procesos y organizaciones, han tratado de darle otro enfoque a la academia y demandar constantemente los atropellos contra el sistema educativo en general.

Históricamente el capitalismo ha concebido la educación como un instrumento de manipulación y de control social, ya que dentro de los recintos académicos se ha tratado de imponer ideas y doctrinas, para que de esta forma el estudiante común empiece a adoptar una posición acorde a los intereses de sus gobiernos y cumpla con las demandas del mercado de forma autómata. En Colombia la educación cada día presenta más problemas y contradicciones, ya que después de la incursión del neoliberalismo en América Látina las políticas estatales han sido orientadas de forma sistemática a reducir los recursos hacia el sector educativo para obligarlo a auto financiarse a través de costosas matriculas y convenios con sectores privados, quienes al mismo tiempo han aprovechado esa crisis financieras para arremeter contra la autonomía universitaria, influyendo en las políticas internas de las instituciones y contribuyendo al detrimento de una educación liberadora y transformadora, para seguirla concibiendo como una fabrica usurpadora de pensamiento crítico y constructivo. Vemos entonces que a pesar que el Estado, a través de sus políticas neoliberales, ha intentado perder su responsabilidad con los sectores públicos, para dejar la financiación de estos a manos de sectores privados, sigue utilizando la universidad como un instrumento para cohesionar la sociedad a través de consensos en beneficio de sus políticas, los cuales son digeridos a través de los contenidos y políticas internas universitarias.

En el sector opuesto, encontramos a los y las estudiantes, en concreto al movimiento estudiantil, que aunque durante la historia ha carecido de un compromiso real ante los problemas sociales que implican transformaciones concretas, ya que las políticas de Estado brindan el derecho de ingresar al sistema educativo pero no brinda las oportunidades, los que pueden lograrlo son cada vez una clase más privilegiada. En este orden de ideas, son pocos los estudiantes que, dentro de esta educación mercantil, han asumido este privilegio como una instrumento para aportar al cambio social, promoviendo así la revolución colombiana.
En la actualidad, la educación superior ha creado una coyuntura de aplaudir, ya que ha logrado crear una confluencia de no sólo universidades públicas sino que también ha sumado las privadas y algunos sectores sociales en una bandera nacional que le exige al gobierno recursos que permitan, en primera instancia, mantener viva la universidad pública, pero en segunda instancia, garantizar una educación pública y de calidad, con un impacto destinado a la sociedad y sus problemas estructurales y no destinada al mercado capitalista, como está proyectada en la actualidad. En este sentido, este movimiento estudiantil entiende que la solución real para la educación debe venir del cambio estructural de dichas políticas nocivas y que esto sólo se gana a través de la lucha organizada, de la movilización y presión social, fundamentada en una formación política que permita no solamente ganar la disputa en las calles, sino en el debate y en la propuesta, ya que es notoria la falta de voluntad política que tiene el gobierno a la hora de buscar soluciones al problema educativo.

En conclusión podríamos decir, como Estanislao Zuleta lo plantea, que la educación es un campo de combate donde se interrelacionan diferentes fuerzas bajo diferentes intereses, por lo tanto es fundamental que los y las estudiantes asuman un compromiso real que logre transformar el sistema educativo y que permita articular la lucha estudiantil con la lucha social, sin caer en los sectarismo, ni en los egos que tanto daño le provocan a esta lucha de clases, la cual cada día es más vigente y necesaria.