Los impactos económicos y sociales de una pandemia o una crisis financiera afectan más a las mujeres, porque son ellas quienes se encuentran en mayor medida en el sector informal, están presas en el hogar realizando trabajo doméstico no pago, y en ocasiones conviviendo muy de cerca con sus agresores.

En Colombia la situación para las mujeres ha empeorado a partir del confinamiento obligatorio decretado por el Covid – 19. Desde el 20 de marzo y hasta el 6 de abril, se han reportado más del doble de las llamadas por violencia intrafamiliar y sexual dentro del hogar en comparación al mismo periodo del año pasado (434 en 2019 y 912 en 2020). El aumento del más del 100%, enciende las alarmas de quienes somos defensoras y defensores de la vida y los derechos de las más desfavorecidas.

Y es que la alerta es completamente necesaria. Durante el periodo de confinamiento que no ha terminado su primera etapa, se han reportado 12 feminicidios, que corresponde al 30% de los 37 que se reportan en el país durante el 2020.

Según la ONG Women’s Link WorldWide (Red de Mujeres en el Mundo), una mujer es víctima de violencia sexual y doméstica cada 23 minutos. Los picos más altos suelen presentarse durante los fines de semana cuando no hay trabajo que las mantenga por fuera de su vivienda; también es cuando suele haber mayor consumo de alcohol dentro y fuera de los hogares. Con el aislamiento obligatorio en vigencia, se exponen más a la cercanía permanente de los agresores y por lo general se limita más el acceso a la justicia para las mujeres.

La posición de las mujeres en el mercado laboral también es muestra de su vulnerabilidad y exposición en tiempos del coronavirus, ya que 3 de cada 10 mujeres no tienen ingresos propios, en contraste con 1 de cada 10 hombres, lo que restringe y genera dependencia de recursos para poder sobrevivir. Además, el 90% de las personas que realizan atención y aseo en los hospitales son mujeres que en muchos casos ganan bajos salarios. Al ser quienes mayoritariamente atienden servicios sociales y sanitarios, son las primeras en responder, por ende asumen también mayores riesgos de contagio.

Pero ser mujer y estar económicamente desfavorecida no es la única relación que podemos ver en estos tiempos difíciles. El caso de las mujeres que además ejercen liderazgos sociales, políticos y comunitarios no presenta un mejor panorama. Durante la situación de cuarentena, se han presentado también asesinatos a lideresas dentro de sus hogares. Los peligros continúan, internos y externos.

Según Ana Güezmes, representante de ONU Mujeres en Colombia, existen normalmente cinco tipos de violencia que se han profundizado en este tiempo: familiar sexual, explotación sexual, tráfico y violencia cibernética. Sin embargo en el país contamos con la particularidad de la violencia contra las defensoras de la vida, la paz y el territorio.

Nuestro propósito de sociedad debe primar por la destrucción del patriarcado, el machismo y el sistema que nos destruye. Por eso consideramos que necesitamos mujeres vivas, fuertes y capacitadas para ello. Hay que construir las condiciones en que las mujeres nos podamos defender; invitamos a todas las mujeres y niñas a ejercer la defensa como herramienta contra la muerte, porque no estamos solas. Tomar esa compañía, ese abrazo que ofrecemos mujeres y hombres del mundo para construir la organización y la juntanza femenina en la que nosotras, nos fortalezcamos en organización, participación y defensa. La acción violenta nunca ha sido igual cuando las oprimidas la usamos para sobrevivir.

De la misma manera, estamos convencidos de que todos aquellos hombres que ejercen violencia y destrucción contra las mujeres del mundo han de caer. Las mujeres y hombres del ELN emprendimos esta tarea ardua de destruir el patriarcado y la violencia machista al interior y exterior de nuestras filas. No dudaremos en ningún momento en establecer las acciones necesarias para preservar la vida de las mujeres, y continuar destruyendo los residuos de machistas y asesinos que queden. Esto pasa por la construcción del cambio, la formación de hombres nuevos antipatriarcales como del uso de la fuerza en el escenario de la legítima defensa de las mujeres del pueblo.