
Por: Antonio García, Primer Comandante del ELN
Cuando inició la confrontación contra la banda proxy del 33 F de las ex-Farc en el Catatumbo, solo se hablaba de la «perversidad» del ELN, como parte de una estrategia de guerra «comunicacional», de esencia des informadora ideada desde el Palacio de Nariño y las Fuerzas Militares.
En la semana que pasó aparecieron otras lecturas, que intentan introducir «otras versiones» sobre situaciones de dicha historia. Si bien dicen cosas que tienen alguna objetividad se quedan en las «medias-verdades», que al final pueden terminar siendo, como dicen los costeños colombianos, una vaina…, sí, una vaina medio huevo; o como dijera el medio filósofo: la medio redondez de la tierra.
En años anteriores se habló mucho que el ELN no pasaba de mil quinientos guerrilleros, luego se dijo que aprovechando la desmovilización de las Farc había crecido significativamente y para el 2024 pasaba de seis mil guerrilleros. Cuando inició la confrontación en el Catatumbo se inventaron que el ELN había movido más de dos mil guerrilleros desde Arauca, mentira inventada por Rubén Zamora, desmovilizado de las Farc y quien mantiene una relación non sancta con la banda Proxy del 33, que llegó a los oídos del Gobierno y las Fuerzas Militares.
Ahora El Espectador en su edición del 26 de marzo, anota que el «ELN ha sufrido un significativo repliegue territorial en Colombia entre 2020 y 2024, perdiendo el 70% del control territorial…» por la presión de las Fuerzas Militares del Estado y los paramilitares, y que por tanto el ELN está en plan de reconquistar sus territorios perdidos, por eso lo del Catatumbo.
Lo cierto sería decir con claridad que existe una sola estrategia contra al ELN en el territorio nacional, con un diseño de guerra en la ZONA GRIS; por tanto, el Estado ha realizado un redespliegue de todo tipo de bandas paramilitares, para que sean ellas las que le «hagan la tarea», de lo que no se puede mostrar, y así las Fuerzas Armadas no necesitan poner la cara.
Al dejar clara esta verdad es perfectamente fácil comprender por qué la Revista Cambio, el 27 de marzo anota que la «inteligencia militar ha detectado, desde hace dos semanas, un cambio en las operaciones del frente 33 de las disidencias de las Farc en la región del Catatumbo, con la llegada de más integrantes para disputar su territorio con el Frente Nororiental del ELN».
O lo que se atreve a decir Juanita Goebertus de Human Rights Watch (HWR) que «el Gobierno había tomado partido en esa disputa entre el Frente 33 y el ELN, por el Frente 33». Es otra media verdad como la anterior de Cambio.
Claro que han llegado más mercenarios a sumarse a la banda proxy del 33 F, como dice Cambio, pero los que llegan de Medellín y otras latitudes son sicarios, a quienes les pagan mensualmente 5 millones de pesos, así sigan metiendo droga. También han vuelto a activar militarmente a los que se entregaron al Ejército al iniciar las operaciones.
Han llegado refuerzos desde el comienzo, las Fuerzas Militares realizan operaciones militares junto con la Banda del 33 F, combaten juntos, es un fenómeno normal. El 19 de marzo en la vereda Kilómetro 25, corregimiento de Versalles, un pelotón del Ejército nacional portando brazaletes de la banda proxy 33 F llegó a brindarle apoyo en el combate. Cuando se sintieron acosados por el ELN, invadieron casas de los campesinos para resguardarse utilizando como escudo a la población civil, para en horas de la noche, secuestrar al dirigente Joaquín Enrique Villamizar y robar dinero y ropa a los habitantes para disfrazarse de civiles y evitar la confrontación. También recibieron apoyo aéreo en el combate.
Entonces lo que dice Juanita Goebertus, no está mal, pues al menos se atreve a decir «el Gobierno tiene preferencias» y debería atacar a ambos. Pero no deja de ser una media-verdad, pues no es que haya tomado partido por la banda proxy, sino que siempre han sido una misma cosa o acaso hay registros de combates entre el Ejército gubernamental y la banda proxy del 33 F, no, no existen; eso quiere decir que desde hace años ese conflicto o enfrentamiento armado no ha existido; sin embargo, se montó un proceso de negociación como «paparrucha». Ni tan «paparrucha», pues se estaba cocinando un plan disfrazado como negociación para tomarse al Catatumbo en alianza con las bandas proxy del 33 F, igual como ha acontecido con otras bandas proxy en varias regiones del país, diversas “pintas” de paramilitares, pero todos dentro del plan contrainsurgente, en el nuevo diseño de guerra en ZONA GRIS.
¿Alguien recuerda del asesinato de Miguel Ángel López, de su esposa, Zulay Durán Pacheco y su pequeño hijo Miguel Herney, hechos acontecidos en Tibú el 15 de enero? La misma Fiscalía General reconoció que fueron integrantes de la banda proxy del 33 F; sin embargo, no se dice nada de los responsables que lo orientaron, igual fue rescatado por el ELN el señor Antonio José Marín Cárdenas, ex alcalde del Municipio de San Cayetano, Norte de Santander, quien estaba secuestrado por esta misma banda. En ninguno de los dos casos, ni el Gobierno de Petro ni las Fuerzas Armadas dicen nada, siguen derecho en sus compincherías. ¡Qué cosa!, no les da vergüenza y creen que el país puede tragarse esos sapos.
Hablo de guerra en la ZONA GRIS, pues es la receta de los gringos en su doctrina militar actual, pues ellos al igual que las Fuerzas Militares colombianas no les gusta hacer la guerra en la “zona clara”, o mejor dicho transparente. Desde luego, a este gobierno tampoco.