
Por: Karla Patricia Henao, corresponsal de Antorcha.
Los bosques de galería que bordean ríos y quebradas en Popayán —una ciudad históricamente vinculada a su entorno natural— están siendo sistemáticamente destrozados por urbanizaciones ilegales. Proyectos urbanísticos impulsados por redes de poder político y económico actúan como un verdadero expolio: fragmentan el ecosistema, reducen la disponibilidad hídrica y aumentan los riesgos climáticos y sociales. Lo que debería ser patrimonio común, se convierte en botín para unos pocos.
¿Qué está pasando con los bosques de galería?
Los bosques de galería son corredores vitales de biodiversidad y agua: regulan el ciclo hidrológico, sostienen flora y fauna, y juegan un papel clave en la mitigación del cambio climático. Sin embargo, están amenazados por actividades humanas —como la urbanización, tala, agricultura, y minería— que alteran los flujos hídricos, la vegetación, y los bienes ecosistémicos esenciales.
En Popayán, estas dinámicas se agravan por las urbanizaciones ilegales: la ciudad está sufriendo una expansión descontrolada fuera del perímetro urbano establecido en el POT, impulsada por “urbanizadores piratas” que transforman suelos rurales en lotes lucrativos, sin control ni conciencia ambiental. Al destruir los bosques de galería, se compromete la regulación del agua, aumenta la vulnerabilidad frente a sequías e inundaciones, se eleva la temperatura local, y se erosionan los suelos —amenazando no solo al ecosistema, sino a al poblador urbano en su conjunto.
Urbanismo depredador: Una expresión del capital
Desde una perspectiva crítica, esto no es un accidente aislado, sino la manifestación clara de cómo los intereses capitalistas, en alianza con el poder político, mercantilizan el territorio común. El déficit de vivienda se utiliza como excusa ideológica para legitimar la expansión urbana desordenada, que termina favoreciendo a grandes intereses inmobiliarios mientras las comunidades campesinas quedan marginadas o desplazadas.
La fragmentación ecológica que sufrimos no es solo ambiental: es estructural. Lo que está en juego no son solo los árboles, sino el derecho colectivo al ambiente, al agua, a una ciudad sostenible. Las urbanizadoras ilegales actúan como fuerzas de acumulación primitiva —acaparamiento de suelo, expulsión de campesinos, privatización del común— reforzando desigualdades y debilitando la estabilidad social y colectiva del territorio.
Además, la degradación del ecosistema no solo implica menos agua, más calor o erosión; es también una pérdida irreversible de servicios ecosistémicos que sostiene la vida. Como muestran diferentes estudios, la tala ilegal y la degradación forestal son responsables de importantes emisiones de carbono, contribuyen al cambio climático, y atentan contra la biodiversidad —incluyendo especies en riesgo —y comunidades que dependen directamente de estos ecosistemas.
Lo que ocurre en Popayán es la muestra de un fenómeno nacional: la deforestación se relaciona con la expansión urbana, la agricultura, la minería y el extractivismo en general, impulsados por estructuras extractivas y la falta de planeación efectiva. Situaciones de este tipo obligan a una reflexión: ¿cómo construir colectivamente el derecho a la ciudad – al territorio- sin subordinación a la lógica del mercado?
Defender el bosque es defender la vida
Los bosques de galería de Popayán —pulmones hídricos y ecológicos de la ciudad— están siendo sacrificados en nombre de un “progreso” que solo beneficia a unos pocos. La urbanización ilegal es parte de una estrategia extractiva que privatiza los bienes comunes, expulsa campesinos y erosiona los fundamentos mismos de la sostenibilidad.
Frente a esta realidad, se necesita una reacción organizada, colectiva y transformadora: fortalecer el control social del territorio, democratizar la construir del POT y exigir su aplicación, sancionar a quienes promuevan urbanizaciones ilegales y restablecer los servicios ecosistémicos a través de restauración ambiental. Solo así podremos construir una ciudad plural, habitable y justa, donde el derecho al ambiente sano no sea privilegio de unos cuantos, sino conquista de la mayoría.
Referencias:
– El botín de los ‘urbanizadores piratas’ en Popayán. Consejo de Redacción Colombiacheck https://chatgpt.com/c/68a8db5a-c7b8-8325-8dd9-425e3487f39c