Por Gabriel Montoya

El gobierno de Juan Manuel Santos trató de ocultar su pésima gestión y la difícil situación económica de la gente presentando como logros: la desmovilización de las FARC, el ingreso de Colombia a la OCDE (Organización Para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y el hacerse miembro de la OTAN (Organización del Tratado Del Atlántico Norte). Además de enarbolar la bandera de la supuesta revolución de la infraestructura en el país, cuando los edificios y los puentes se caen por la corrupción, las carreteras no se terminan, los contratos se embolan y miles de millones de pesos se los repartieron entre empresarios y políticos. Todos estos episodios se siguen llevando la vida de obreros honestos, líderes que denuncian y luchan en sus territorios y de gentes humildes que sufren las consecuencias de la profundización de la guerra contra el pueblo. Chirajara, Hidroituango y las tales vías 4G, son casos emblemáticos (donde el descaro raya en el absurdo) de muchos donde la oligarquía sigue haciendo de las suyas.

Tras los pésimos resultados de crecimiento económico y los pobres indicadores de la economía que ha tenido la clase oligárquica en el último par de años, los intelectuales burgueses (principalmente los economistas) y los empresarios están tratando de poner en marcha numerosas medidas que denominan como “reformas estructurales”. Que el entrante gobierno de Iván Duque deberá implementar, siguiendo las órdenes imperiales de Estados Unidos y cumpliendo los caprichos de sus amigos, los ricos.

En un documento reciente de la ANIF (Asociación Nacional de Instituciones Financieras) y el banco Colpatria (grupo Scotiabank) se exponen los retos que el próximo gobierno deberá enfrentar, todo esto porque lo hecho por Santos y su sector fue insuficiente para los propósitos de la burguesía extranjera y el poder económico nacional e internacional, ni siquiera las imposiciones que implementó juiciosamente para ingresar a la OTAN y a la OCDE les basta. La excusa desde hace unos años es el cumplimiento de la regla fiscal, pero ya han recortado tanto el gasto público, en detrimento de las mayorías, que ahora buscan otros métodos que igual siguen golpeando a los sectores sociales y a quienes luchamos por una sociedad justa.

Uno de esos retos que plantean es una reforma laboral que contendría: 1) La reducción de costos no salariales, es decir, un golpe a la dignidad del trabajador, disminuyendo las condiciones para ejercer su trabajo y quitando responsabilidad a las empresas de hacerse cargo de los derechos laborales. 2) Limitar los aumentos del salario mínimo real para que no sobrepase las ganancias en productividad laboral, esto es una protección y blindaje a las ganancias capitalistas para garantizar la acumulación de las riquezas. Además plantean, con gran dosis de cinismo, que cuando los aumentos del salario mínimo sobrepasan las ganancias en productividad laboral son desvíos presupuéstales y las leyes los castigan. 3) Establecer un salario diferenciado para los jóvenes menores de 25 años que será el 75% del salario mínimo vigente, es decir, si hoy el salario mínimo en Colombia es de 781.242 pesos, a los jóvenes por trabajar la misma jornada laboral se les pagaría 585.931 pesos, el argumento es que quienes están por debajo de esa edad son personas inexpertas y necesitan aprender.

Eso en términos de ellos suena muy sutil a los oídos del desprevenido y se recibirá con cierta razón, lo cierto es que pretenden que un trabajador joven trabaje la misma jornada por un menor salario. El sueldo actual no alcanza para vivir bien, más cuando la juventud se enfrenta a una difícil situación laboral y enormes dificultades de la vida diaria, porque la mayor parte de los jóvenes pertenecen a sectores empobrecidos y precisamente las élites dominantes se aprovechan de esa situación para exponer y poner en práctica sus pésimas propuestas.

En cuanto a la reforma pensional que ha sonado mucho en el debate, los ancianos siguen en la mira, cada vez repiten más la misma receta, y eso sí que los oligarcas saben de persistencia con tal de salvaguardar sus intereses. Pretenden elevar la edad de pensión en el régimen de prima media que es de 57 años para mujeres y 62 para los hombres teniendo en cuenta el indicador de los países de la OCDE que es 65 años, muestra clara de que lo último que les importa son los salarios dignos, que la gente viva una vejez tranquila y con verdadero bienestar.

A los jóvenes les quieren pagar menos, buscan formas de explotación según la edad. A los ancianos tratan de explotarlos prácticamente sin límites. Y es mejor no centrarse en las reformas tributarias que vienen porque es más de lo de siempre, que la gente pague más impuestos y los empresarios menos. Las mayorías pagan la cuenta del derroche de los ricos mientras ellos comen manjar y se llenan de lujos. Cada semana, cada mes, cada informe cacarean como gallinas y repiten como loros los mismos propósitos: Disminuir la deuda y el déficit del gobierno, pero hoy la deuda es casi insostenible (45% del PIB) y el déficit ni siquiera cumple con las metas que ellos mismos se ponen. Inventan medidas, ideas para ellos brillantes, pero son con un claro mensaje de guerra y ofensa para el pueblo. Es imposible aceptar sin cuestionamientos todas estas intenciones que precarizan el diario vivir de los colombianos.

Gabriel Montoya