Editorial Revista Insurrección N. 733

“Detener toda forma de hostilidades bélicas, fomentando la creación de corredores para la ayuda humanitaria, la apertura a la diplomacia, la atención a quienes se encuentran en situaciones de más grande vulnerabilidad”: Papa Francisco.

El anterior llamado humanitario de realizar un Alto al Fuego Global, hecho por el Papa y por el Secretario General de la ONU, lo han desconocido Trump y la violenta élite colombiana; en cambio han aprovechado para sacar ventajas militares y financieras de las crisis sanitaria y económica agudizadas por el COVID-19.

Trump esta semana echó su flota de guerra contra Venezuela y el viernes pasado desembarcó tropas desde helicópteros en los barrios de Cúcuta, a pocos metros del venezolano Estado Táchira.

El tercer Gobierno de Uribe acatando a Trump, hace parte de este escalamiento de las agresiones contra la nación hermana y cuando la comunidad internacional pide Alto al Fuego, ellos acrecientan el plan de guerra de los Estados Unidos.

Es bastante inhumano aprovecharse del sufrimiento de la gente para sacar ventaja propia, que es lo que hacen cuando las clases dominantes toman medidas para favorecer a los grandes capitalistas, mientras la gente padece el Coronavirus sin recibir alivio.

Igual de peor es que desoigan el llamado al Alto al Fuego y respondan con un recrudecimiento de la guerra y de la militarización de la sociedad, a las que acuden para esconder la respuesta mediocre de los gobernantes ante la Pandemia.

Congresistas y centenares de gentes colombianas acaban de expresar que “una guerra para derrocar un Gobierno de la región, además de infringir nuestra Constitución, resultaría un abuso, una ilegalidad y una transgresión del Derecho Internacional”.

El régimen en vez de acuartelar sus militares y paramilitares, prosigue el exterminio sin tregua de líderes sociales, opositores y ex combatientes; continúa la erradicación forzada de cultivos de uso ilícito y las fumigaciones con Glifosato, e incrementa los grandes operativos contra insurgentes en todas las regiones de Colombia.

Uribe y sus seguidores deben servir a la gente colombiana, en vez de ser incondicionales a la plutocracia de Trump y escuchar la enseñanza del Maestro Carlos Gaviria, quien decía: “yo no soy antiestadounidense. Debemos tener muy buenas relaciones. Pero eso es distinto a enajenar la soberanía”.