Por: Joseph Velasco Torres

En 2020 el Banco Mundial planteó que la caída de la economía por el impacto de la pandemia del Sars cov-2 (Covid-19) era la más fuerte desde la segunda guerra mundial, y que provocó un aumento de la pobreza extrema en todo el mundo. El economista estadounidense Josehp Stiglitz en su libro “El precio de la desigualdad: El 1% de la población tiene lo que el 99% necesita.” publicado en el 2012, expone que las personas de menores ingresos son las más perjudicadas en las recesiones o crisis económicas. Además, Thomas Piketty (Economista francés) en su libro “El capital en el siglo XXI” del 2014, mediante el análisis histórico de datos a nivel mundial, demuestra que la desigualdad no es un caso aislado que solo se presenta en algunos países, por lo que quienes tienen más capital acumulado tienen la posibilidad de invertir más y en mayores cantidades para el beneficio propio, que el resto de la población.

En Colombia, como en la mayor parte del mundo, hace meses se viene hablando de reactivación económica con medidas impulsadas por el gobierno bastante dudosas e ineficientes. Unas tienen que ver con reformas tributarias que afectan el bolsillo de la mayoría de colombianos, porque se pretende que paguen más impuestos quienes tienen menores ingresos, otras con la creación de empleos con bajos salarios, sin estabilidad ni protección social, por medio de la contratación por horas, algunas otras tienen que ver con pequeños subsidios temporales como el “ingreso solidario” que de manera asistencialista le dan contentillo a una pequeña parte de la población, aunque no solucionen de manera real el golpe económico.

Todas estas medidas tienen un explicación, es que quienes gobiernan, encabezados por Iván Duque y al mando de Uribe Vélez, solo están interesados en mejorar de manera desesperada los indicadores económicos que sirven para que internacionalmente se mida y se califique un país. Indicadores como el producto interno bruto (PIB), la tasa de desempleo, el pago efectivo de intereses de deuda externa y la inflación, se pueden maquillar haciendo movimientos desde los escritorios, con el impulso de las políticas anteriormente mencionadas, pues es hacer movimientos de sumas, restas, multiplicaciones y divisiones para que las cosas cuadren. Pero la realidad de las personas y el país no ha mejorado; es decir, estos indicadores están en función de los empresarios nacionales para que puedan invertir de manera segura y que los empresarios extranjeros puedan verse atraídos a invertir en este país. Pero esa es la gente que ya tiene la vida resuelta.

¿Qué medidas económicas para la reactivación son eficaces para mejorar la situación de quienes tienen bajos ingresos y están viviendo en condiciones de pobreza? Diferentes economistas y académicos coinciden en que no se debe observar la reactivación económica referenciando el limitado indicador del PIB u observando el solo dato de crecimiento económico. Algunas soluciones ya están inventadas desde las experiencias de crisis del modelo económico, y tienen que ver con los planteamientos que John Maynard Keynes (Economista Británico) hizo entre la década de 1930-1940 ante la denominada crisis mundial de los años 30 en el siglo pasado. Estos tienen que ver con la intervención estatal para estimular la demanda agregada, es decir, que las personas puedan comprar/consumir más, generando mayores niveles de ocupación (empleando a la gente), lo que implica salarios, a la vez que se aumenta el salario real para que se pueda ahorrar y posteriormente invertir.

Sin embargo, la élite que gobierna nuestro país utiliza la intervención estatal al revés: En lugar de estimular el consumo de la población generando empleo, producción y mejores salarios; lo que hace es debilitar la capacidad de compra de la gente para que tenga que venderse por salarios más bajos ante las necesidades que tienen. De esta forma ayudan a sus amigos los empresarios a que acumulen más riqueza sin mayores esfuerzos, todo por medio de decisiones políticas. No le permiten a la gente ahorrar y por lo tanto nadie puede hacer inversiones sino ellos, nadie realmente puede emprender sino está alineado con el poder corrupto, y eso implica negociar principios y honestidad, pasándose al bando culpable de las desgracias de las mayorías del país.

En ese sentido proponemos algunas medidas económicas eficaces con apuntes críticos, que no son nada nuevas y, por el contrario están alineadas con las de muchos sectores de la sociedad que ya las han planteado, justificadas ante la situación que atraviesa el país.

1. En cuanto a la pobreza: El “ingreso básico” o renta básica universal está muy de moda, aunque a veces se utiliza de manera desproporcionada y se convierte en una consigna que los sectores políticos tradicionales (incluso más dentro de la misma izquierda institucional) instrumentalizan de manera asistencialista. Jeffrey Sachs en su libro del 2006 “El fin de la Pobreza: Cómo conseguirlo en nuestro tiempo”, argumenta que la política pública debe alejarse de ser asistencialista, porque de lo contrario puede ocasionar problemas de déficit fiscal, y este es uno de los debates a resolver frente al gasto público.

Desde nuestra concepción el esfuerzo entre el Estado y la Comunidad es recíproco, y la política pública de asistencia social debe estar acompañada con el impulso de programas de organización comunitaria que vayan más allá de las letras legislativas, para el fortalecimiento de economías propias. Además de la educación en la conciencia del trabajo como generador de producción, valor y riqueza. Para no acostumbrar a la gente solo a pedir y recibir.

2. En cuanto a la desigualdad: Establecer un sistema de recolección de impuestos progresivo. Esto significa que quien más tiene debe aportar más, es una cuestión de simple lógica. La mayoría de los que más tienen atacarán (y de hecho lo hacen) esta propuesta diciendo que tienen más porque son diferentes y se esforzaron más que otros por construir su riqueza, pero hay que aclarar que no necesariamente quien más tiene hizo más esfuerzo. De hecho, ya está demostrado que históricamente la acumulación de riqueza se ha producido a partir de la violencia, el exterminio y el saqueo de muchos pueblos y territorios, con los métodos ilegales que los millonarios de nuestro tiempo desdeñan en público pero aplican de manera clandestina, heredando la riqueza acumulada los métodos utilizados a sus hijos y familiares. Así que no es nada descabellado exigirle al que más tiene que pague más impuestos, haya producido su riqueza con esfuerzo o por la violencia y la ilegalidad.

La recuperación económica pasa por la reestructuración del sistema impositivo, no por tres días sin IVA que son paños de agua tibia e ilusiones vendidas que no alcanzan a observar una gran cantidad de personas sin la posibilidad de tener educación financiera, y que son movidos por los impulsos psicológicos y emocionales de la publicidad.

3. En cuanto al empleo: Para que un país sea productivo, además de no dejar su economía totalmente dependiente del mercado internacional, debe tener un régimen laboral claro y bien definido que incentive la generación de puestos de trabajo y la protección social a los trabajadores. Formalizando el empleo se mejoran las condiciones laborales y puede aumentar la productividad de un país. Esto se logra invirtiendo en dichos campos, de lo contrario se termina condenando a la gente a la informalidad, al trabajo por cuenta propia y la economía del rebusque que pone a cada quien a resolver lo suyo en un sistema sin articulación. Paul Krugman (Otro economista) en “Acabad ya con esta crisis!” (2012) expone cómo un mayor gasto estatal mueve de manera positiva el PIB y el empleo. Lo que nos permite decir, que sí es posible gastar de manera estratégica y crecer de manera sostenida. Sin embargo, con las actuales distribuciones del Presupuesto General de la Nación (PGN), estos propósitos son imposibles.

Lo que está pasando en el país y lo que vive la gente día a día inmersa en el sistema económico, es la clara muestra de que a la élite gobernante no le interesan ninguna de estas medidas que muchos otros también han propuesto.

PD: El aumento del salario mínimo que elogian como uno de los históricos en el país, no es más que una cifra inflada que sirve para la demagogia política del gobierno. La situación internacional ante la crisis logística, el encarecimiento del dólar y la devaluación del peso, hace que ese supuesto aumento real del salario, pueda desaparecer en unos meses si no se toman otras medidas para la regulación de los precios y la política económica.