Colombia es un país confundido, no se sabe si conservador o liberal, opta por la paz y por la guerra, cree en la moral y práctica la satisfacción de los placeres. Aunque es un momento complejo y la guerra muta según condiciones geoestrategicas, debemos invocar las gafas del materialismo histórico, hacer la llamada a un amigo de confianza y hacer lectura de los diferentes sucesos que ocurren en nuestro territorio.

Con la declaración de las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el retorno de un grupo significativo de guerrilleros de las FARC a la lucha armada, se generaron diferentes reacciones. Los uribistas salieron a defenderse y acusar a la oposición de alguna cosa, para desviar la atención sobre la clara manifestación de una oligarquía violenta y guerrerista que como lo dice su máximo jefe prefiere a los guerrilleros en armas. La izquierda se manifestó de diversas formas, preocupados o reafirmados en predicciones. Del amplio sector de centro salieron, ahora sí, a hacer un llamado al cumplimiento de los acuerdos de paz. Lo cierto es que pareciese retornamos a un lugar que no se sabe bien cuál es. Pues nunca nos bañaremos en el mismo río dos veces.

La historia de Colombia reafirma una y otra vez, lo profundo que yace la violencia en la política, y eso implica preguntarnos ¿Quien tiene las armas en Colombia? Si sumamos la de las fuerzas militares, policiales, paramilitares, narcoparamilitares, narcotraficantes, delincuencia común, seguramente sobrepasan por mucho a las que tiene el ELN. El ELN históricamente ha respetado el derecho al voto que tienen las comunidades. Hoy el establecimiento pretende ocultar esa verdad como quien tapa el sol con un dedo, adjudicando el asesinato de lideres y de candidatos al ELN. Pero pregunto nuevamente ¿Quién tiene las armas en Colombia?

Lo cierto es que estamos viviendo unas sangrientas elecciones, situación que se pone sobre la opinión pública, pero que no logra tomar fuerza, aún cuando dice mucho del conflicto armado interno que vive Colombia y de la continuidad de la violencia política en esta “democracia”. La solución política al conflicto armado implica necesariamente generar las garantías para hacer política y claramente en nuestro país no existen.

El asesinato de la candidata en el municipio de Suarez, Karina Garcia del partido liberal, quien murió junto a 4 personas (su mamá, el presidente de la junta de acción comunal de la vereda Las Brisas, la representante de la Mesa de Víctimas, el aspirante al Concejo de esa localidad, una seguidora de la aspirante), son ya 5 los candidatos asesinados desde finales del mes de junio, es decir un candidato asesinado cada semana.

Sin embargo esto parece impactarnos lo suficiente pues para la fecha la cifra de asesinatos iguala la registrada en las elecciones del 2015, es decir llueve sobre mojado. El asesinato de Karina Garcia esta siendo adjudicado alegremente a un grupo de las llamadas “disidencias FARC” sin nada más allá de conjeturas y deseos de evadir las investigaciones. Dos de los candidatos asesinados lideraban listas en el municipio de Suarez, ubicando la región del Cauca como una de las más violentas de nuestro país.

A la fecha la MOE (Misión de Observación Electoral) ha planteado la situación de riesgo que viven 114 municipios, dejando en entredicho la jornada electoral de octubre. Hay 17 candidatos amenazados. Recientemente el aspirante a la Asamblea por la Colombia Humana-UP, Emiro del Carmen, uno de los líderes del desmovilizado frente 33 de las Farc, fue víctima de un atentado en Convención Norte de Santander.

Los asesinatos se han presentado también en el marco del secuestro y la tortura, Luis Caldera Villamizar aspirante al concejo de San Jacinto con el aval del partido de la U fue hallado con las manos atadas el pasado domingo 18 de agosto a orillas del río Cauca, en el municipio de Achí, al sur del departamento de Bolívar. Desde 2018 “Son cinco los departamentos en donde se han reportado más casos:Valle del Cauca (20), Guajira (20), Tolima (13), Antioquia (12) y Bogotá (12)”

¿Cómo hacemos para eliminar la violencia de la política? ¿No queda claro que la violencia política es responsabilidad del Estado? Es necesario continuar con las acciones de paz en el marco de la solución política, pues como queda claro el conflicto colombiano involucra a la población en su conjunto y no se resuelve sin su participación convertida en un gran movimiento por la paz.

Por: Sara Maldonado.