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Por: Marcos Torres, corresponsal de Antorcha Estéreo.

Cuando se está acercando el final de una competencia deportiva, los comentaristas deportivos dicen que se está en la recta final, y para eso, los deportistas hacen sus esfuerzos finales como quién dice: «le meten toda». Eso es lo que está pasando en nuestro país durante estos últimos meses, vísperas de las elecciones presidenciales. Ese «meterle toda» saca a relucir lo que cada sector es y mostrar su verdadera cara.

Los medios de comunicación juegan su rol: los que sirven a las transnacionales y a la ultraderecha, mientras que la izquierda mueve sus propias redes y publicidad, contando con sus propios esfuerzos. La desinformación y la manipulación hacen parte del panorama y las matrices de opinión juegan a favor de la hegemonía y no de las mayorías del pueblo.

Elementos que aparecen como la relación narcotráfico y política de parte del candidato de la Espriella; la manipulación y utilización de lo religioso de parte de la candidata de la élite gamonal caucana Paloma Valencia, quien aprovechó la semana santa para usarla a su favor junto al Matarife, visitando centros religiosos y conventos para mostrarse como creyentes fervorosos para recibir el apoyo de sectores de la Iglesia Católica. Además, el excanciller del gobierno de Uribe, Jaime Bermudez, contando con el apoyo de empresas privadas, realizó «talleres democráticos» con funcionarios y trabajadores, una clara violación a la libertad de conciencia y decisión para meterles miedo; con el objetivo de que voten contra la izquierda a lo que se ha denominado la «Operación Júpiter».

El Consejo Nacional Electoral no se queda atrás, ya que se sigue dudando sobre su confiabilidad en el manejo del sofware para el conteo de votos. A lo que se une el intercambio entre de la Espriella y la empresa que tuvo durante años la impresión de los pasaportes, para favorecerse mutuamente y hacer que gane este candidato a cambio que se les renueve el contrato de los mismos.

Por otro lado, los acontecimientos del Cauca, con la masacre de inocentes civiles, ha servido para que la narcoderecha justifique más mano dura y «seguridad»; sembrando miedo en la población si se llega a votar por la izquierda. Un mecanismo que por décadas ha sido usado por la extrema derecha para avanzar en sus políticas de seguridad democrática, securitización, vigilancia y militarización de los territorios.

Un hecho que ha pasado desapercibido, son las visitas que el matarife paramilitar Uribe ha realizado al Ecuador, para encontrarse con el narco presidente Noboa. Esos encuentros no son gratuitos, y se prevén acciones desestabilizadoras desde fuera, pues al parecer cada vez que Uribe va al Ecuador, Noboa toma medidas contra Colombia.

Hoy se hace necesario, mirar, no solo lo que pasa al interior del país, sino lo que pasa al exterior nuestro, lo que se mueve desde fuera, y esto de manera permanente. Las presiones gringas para que haya resultados contra las drogas, medidos mensual y anualmente en unas «metas» que debe cumplir nuestro país, de manera «obligatoria». Planes que buscan sembrar miedo, temor y muerte, sin reparo alguno. Planes que no ha de desconocer la derecha y oligarquía de este país y el fascismo. Será necesaria la unidad y una apuesta desde y con el pueblo.


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