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Por: Aimé Cabral, corresponsal de Antorcha.

El sábado 25 de Abril del presente año, se presentó uno de los episodios recientes más dolorosos para el pueblo Caucano. En la vía Panamericana hacia el sector el Túnel, miembros de las disidencias, en un aparente ataque con explosivos planeado contra el ejército gubernamental, terminaron activando dicho artefacto al paso de una chiva llena de habitantes que provenían del mercado de Piendamó y de Popayán. El resultado fue 20 personas asesinadas y una treintena de heridos/as. La chiva, así como otros vehículos más, se encontraban paralizados en la vía debido a un retén realizado por este mismo grupo. Situación que llevó a que, al momento de la activación del explosivo, este vehículo fuese el más cercano a la explosión.

De las 20 personas asesinadas, 12 pertenecían al corrregimiento La Pedregosa del municipio de Cajibío. Sus familiares, vecinos y la iglesia cristiana, se encontraron el lunes 27 de Abril, es decir, dos días después de lo sucedido, para rendir homenajes y realizar un entierro digno a estas personas, víctimas de un ataque sin precedentes. El día se caracterizó por estar acompañado de vecinos/as vestidas de blanco, con globos del mismo color y algunos/as prendieron velas a las víctimas; también se usaron granos de maíz para representar la unidad entre todos/as alrededor de esta situación dolorosa.

La gente reunida exigió justicia por lo acontecido, pues, ninguna de las personas asesinadas por las disidencias, participaban del conflicto, se dedicaban a labores agrícolas y por ello se movilizaban en la Chiva de regreso a sus hogares. 9 de las 20 víctimas eran mujeres trabajadoras, acrecentando el dolor por la pérdida de estas figuras representativas de sus comunidades.

Ese fin de semana, las disidencias publicaron y entregaron un comunicado, donde daban a conocer una campaña militar enfocada en denunciar la alineación del gobierno Petro con el Gobierno de Trump, así como otros aspectos. Sin embargo, nada más alejado de la realidad, pues, ataques como los de Cajibío, los presentados en Cali y Palmira en la misma campaña, sólo afectaron a la ciudadanía, llenándola de terror y repitiendo la misma fórmula de que, para accionar contra las fuerzas militares y policiales del gobierno, deben presentarse muertes y afectaciones a los civiles.

El fin no justifica los medios:

Una organización armada, que se considere revolucionaria, representante del pueblo Colombiano, debe demostrar de forma coherente, cómo su accionar tiene un estrecho enlace con su pensar. Los anhelos de la población de departamentos como el Cauca, deben ser interpretados de forma adecuada por dicha agrupación. De ninguna manera, pueden existir acciones que generen víctimas inocentes y que esto no sea corregido en el tiempo, tal como si fuera un error menor.

Es más descabellado aún, tratar de justificar el asesinato de civiles, personas trabajadoras o referentes de la población como en el caso de Cajibío, denominándolas “errores tácticos” o “daños colaterales”, demostrando así, que la población termina siendo una mera cifra o un simple dato cuando se logra la finalidad de atacar a las fuerzas gubernamentales.

Asistimos sin lugar a dudas a un grupo que, más que revolucionario es una banda delincuencial, pues, su interés se basa en realizar acciones militares sin criterio y cuidado con la comunidad, dejando a su paso una estela de dolor irreparable parecido al daño causado por los grupos paramilitares, sumado a un contexto electoral que conviene a las candidaturas con vocación de guerra.

Nos sumamos a las voces de rechazo por los crímenes cometidos por las disidencias al pueblo Caucano. Le decimos a esa comunidad y al departamento, que no están solos/as. Cuenten con el ELN para combatir a estos criminales, buscar justicia y para seguir forjando lazos que representen verdaderamente las aspiraciones del pueblo.


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