Por: Aldemar Mosquera

Después de 2 meses del estallido social expresado en el Paro Nacional en donde lxs jóvenes y el conjunto de la clase trabajadora vienen dejando todo en la calle, después de más de 70 muertos, y toda clase de violaciones a los DDHH por parte del Estado y sus fuerzas represivas legales e ilegales, surgen las preguntas y las dudas ¿hacia dónde ir?

Antes de intentar alguna respuesta, es necesario revisar lo caminado y los aciertos. Es claro que estamos en un momento histórico donde los procesos y cambios sociales se precipitan y lo que pudo haber cambiado en años ha cambiado en días. En dos meses, el pueblo recuperó su capacidad combativa de masas, volvió la gallardía y el coraje de enfrentar a la Policía en la calle, de las barricadas, de las llantas quemadas, de las pintas, las molotovs y la pólvora.

La primera línea surgió como expresión de defensa legítima del pueblo contra la agresión estatal, igualmente apareció como repertorio el derribamiento de las estatuas colonialistas y la resignifación de espacios de lucha. Los artistas han denunciado con sus obras la inclemencia del terrorismo de Estado, las barriadas han abierto las puertas de sus casas y han prestado refugio a los manifestantes, lxs comunicadorxs populares han cubierto la protesta y contrarrestado la desinformación de los medios corporativos, lxs abogadxs y grupos de DDHH han denunciado y acompañado a los manifestantes evitando así mayor derramamiento de sangre, etc. el pueblo se ha descubierto como sujeto protagónico de los cambios que se abren paso.

Aparecen nuevas formas de articulación juvenil y popular en medio del tropel, nuevas solidaridades y unidad de acción, la gente en la calle no pierde la iniciativa y los caídos, heridos, detenidos y desaparecidos en lugar de detener la rebeldía, son un motivo más para avivar la confrontación. Lo que parece un desgaste, es más bien un nuevo impulso que va decantando las posiciones políticas a su interior y desnudando al régimen y sus complices, deslegitimando al Estado y sus fuerzas represivas mientras abre el escenario para un nuevo periodo de lucha por el poder con el protagonismo popular.

El Paro Nacional va construyendo también opciones políticas y organizativas para el pueblo movilizado como el Comité de Paro, la Asamblea Nacional Popular, la Unión de resistencias, etc. y de esa forma visualiza las prioridades, mientras algunos parecen hacer cálculos electorales y coyunturales referidos al 2022, otros apuntan a consolidar el poder popular expresado en la calles y que aspira a mucho más. Mientras el Comité de Paro ha cesado las convocatorias masivas contra el gobierno Duque, las manifestaciones de calle no se detienen, el paro y la confrontación no cesa.

En medio de la feroz represión del Estado en donde no ha habido respeto con la vida y la dignidad de la gente, algunas voces llaman a aplazar la lucha actual para convertirla en votos en próximo año, con ingenuidad llaman a “inscribir la cédula” sin más. Estas voces parecen desconocer que la institucionalidad colombiana esta diseñada y controlada por la burguesía mafiosa de este país, todos fuimos testigos con qué dineros financiaron a Duque, Uribe y Santos, y cómo aparecieron 10 millones de votos en la Registraduría, y podríamos seguir mirando en la historia el relato del fraude.

En lugar de sólo inscribir cédulas, el movimiento popular se plantea seguir en la calle y en los barrios populares construyendo otras instituciones, fortaleciendo las primeras líneas, la olla comunitaria, el mural, la Junta de Acción Comunal, el equipo de fútbol, la música y el arte comprometido, se plantea construir sus propios medios de comunicación, su propia economía de resistencia. La consigna es seguir construyendo poder popular y con él preparar la continuidad de la lucha y las batallas por cambios estructurales que nadie va a conceder.

En estos meses y años de lucha por venir, en donde se combinarán las luchas por nueva institucionalidad, lucha de calle, electoral y política, el movimiento popular ha de prepararse para cuando el régimen mafioso busque robarse de nuevo las elecciones, ha de prepararse con poder popular y organización de base para lograr que cada desacierto del régimen se convierta en una posibilidad de nuevo gobierno y nueva nación, esa que desde ya se debate entre barricadas y puntos de resistencia en el país.