Acaba de entrar en vigencia el Cese del Fuego Bilateral y Temporal firmado en Quito entre el ELN y el gobierno del presidente Santos, hecho que posiblemente traerá algo de alivio a los pobladores de amplios territorios del país donde el conflicto armado se mantiene a pesar de los anuncios triunfalistas del gobierno y sus fuerzas armadas sobre el supuesto fin de la guerra.

Y es que prestando palabras del mismo Santos a propósito de alguna protesta campesina en el país, el tal posconflicto no existe. Hacer una mirada rápida sobre algunas situaciones de actualidad permite hacer esta afirmación.

Las ciudades en nuestro país son muestra clara de la Colombia desigual e injusta que nos ha impuesto la clase dominante, y la guerra que las clases pudientes le han declarado a la gente se vive a diario. El Esmad igual agrede a pobladores que intentan recuperar un pedazo de tierra para vivir o a quienes intentan resolver el sustento diario vendiendo cualquier cosa en una esquina o semáforo de los centros urbanos.

Los problemas de desempleo siguen sin solucionarse, la carestía y los impuestos siempre afectan a los más humildes, los barrios pobres y sin legalidad continúan creciendo y el hambre de mucha gente no hace parte de las prioridades que la institucionalidad está dispuesta a resolver. Esas son algunas de las hostilidades contra la población que el Estado se niega a suspender.

Es la primera vez que se firma un acuerdo que contempla el cese del fuego entre el gobierno y el ELN y significa una modificación al esquema que el gobierno le impuso a las FARC de dialogar en medio de la confrontación, negándose a acuerdos que comprometieran a ambas partes y presionando en cambio a la guerrilla para que hicieran pública la renuncia unilateral de acciones propias de la guerra y del derecho a la rebelión, emplazamiento que de hecho dicha organización terminó aceptando en la mesa de La Habana.

El acuerdo que permitió la firma del Cese Bilateral contempla que se debe avanzar en otros puntos de la agenda de conversaciones, en particular lo referido a la participación de la sociedad, asunto de importancia mayor para nuestra organización y que está referido precisamente a que en este proceso la voz y las propuestas de la gente deben tener un puesto central en la búsqueda de una verdadera Paz con transformaciones de fondo.

Lo que siga al CFBT dependerá de lo que se avance en la participación de la sociedad, en la calidad de los acuerdos sobre la agenda y de la fuerza que los distintos sectores del país que aspiran junto al ELN, a una salida política y la construcción de la Paz que resulte de un país justo y equitativo logremos impulsar, contrario a la propuesta gubernamental que es de rendición y entrega.

Sin el músculo que da la fuerza de la movilización de la sociedad en la búsqueda de cambios, es de esperar que la delegación oficial del gobierno siga empeñada en ponerle palos a las ruedas de la mesa y que insista en definiciones unilaterales, lo que el ELN no está dispuesto a aceptar.

El establecimiento está acostumbrado a firmar y a incumplir; es parte de la esencia del régimen y no hay razones para pensar que hoy vaya a ser distinto. Lo ha demostrado a través de la historia y de los mismos hechos. Lo firmado con las FARC en Cuba va camino a convertirse por la fuerza de la realidad, en un extenso pliego de peticiones recibido e incumplido.

El gobierno abrió la mesa de diálogos con el ELN con la pretensión de deslegitimar el ejercicio de la rebelión y lograr que la guerrilla renuncie a luchar a cambio de promesas. La desmovilización de FARC se suma a la de otras organizaciones que entregaron las armas a la par de los anuncios gubernamentales de cambio y hasta hoy, nada ha cambiado.

La clase dirigente debe cumplir lo pactado, cesar las hostilidades contra la gente, en especial las que afectan a los más pobres y demostrar que está de verdad interesada en una Paz que pasa por solucionar problemas urgentes de Colombia que se niega a reconocer.