Por: Rafael Velasco

20 años han pasado de gobiernos uribistas con todas la alianzas narcoparamilitares y empresariales posibles para mantener un modelo de acumulación capitalista que durante todo este tiempo ha ampliado la brecha social, ha expropiado a mas de 6 millones de campesinos y a empeñado la vida de millones más en las ciudades.

El pueblo ha tenido a su vez varios ciclos de organización y lucha que han estado a punto de controvertir el poder establecido y enraizado en el clientelismo y la corrupción rampante que se manifiesta en las regiones con sus gamonales políticos.

Hemos sido testigos en los últimos 10 años de la reconfiguración de la organización y el fortalecimiento de la lucha social en cada territorio a partir del exterminio social y armado que por diversas vías ha implementado la clase en el poder, con sus medidas económicas ahogando al campesino y ciudadano, o con su ejército y policía en una clara alianza con paramilitares y con prácticas dictatoriales propias de las más recordadas dictaduras latinoamericanas en el siglo pasado, persiguiendo y asesinando líderes sociales, persiguiendo y asesinando a todos los jóvenes que en las calles hacen notar su rabia con este sistema opresor.

Estamos ante un posible punto de inflexión en la vida política y social del país, ha nacido una nueva generación que no es víctima de todo el aparato ideológico de este estado que miente a través de sus medios, que oculta sus ineptitud en televisión haciendo creer que aquella premisa de seguridad democrática, hoy llamada paz con legalidad, aun funciona, cuando por el contrario es un total fracaso mientras sigue creciendo y fortaleciéndose las FFMM. Hoy vemos estas expresiones organizativas de vanguardia que tienen claro que en las calles esta la construcción de un poder diferente al que ellos ostentan y como Ejercito de Liberación Nacional aplaudimos y felicitamos.

Estamos en una coyuntura electoral que puede ser bastante importante para la realidad de los próximos años, estamos ante la posibilidad de un pacto social que de ganar las elecciones legislativas y presidenciales puede generar las condiciones de vida que requieren esos más de 20 millones de personas que hoy sobreviven ante la pobreza y el hambre las cuales el establecimiento es experto en multiplicar.

La derecha sabe que la acumulación histórica de luchas le quitará el poder en algún momento y por ello ha radicalizado también sus prácticas haciéndolas obvias ante la comunidad internacional que no ve con buenos ojos las formas como esta clase dice “mantener la democracia rancia”, con la constante violación de derechos humanos, con asesinatos selectivos y el abuso policial sistematizado y defendido por sus instituciones para volver a golpear en gran medida y exterminar esa acumulación. De esta forma el fin del uribismo, parece venir con violencia sin fin.

Ante esto, la coyuntura electoral que se avecina no es la única vía posible para el pueblo, pues sabemos que los ataque serán cada vez más radicales, sus formas cambiarán, serán más agresivas, como también tendremos que cambiar, ser más agresivos y beligerantes para defender lo que nos queda y lo que podemos construir como clase oprimida.

El pacto social que se construye representa una oportunidad para que aquellos liderazgos sociales y aquellas organizaciones que han caminado las calles tengan una nueva forma de ser protagonistas en las reformas estructurales que el país necesita para cortar el cáncer que representa un grupo de familias millonarias que ve en el hambre y la necesidad las mejores bases para mantener firme su imperio económico de sangre y muerte que defienden con sus fuerzas militares mercenarias.

La coyuntura nos obliga a continuar la resistencia y la organización, preparando el estallido y librando las batallas hacia la liberación nacional y el socialismo.