La guerra de guerrillas fue la táctica utilizada desde hace muchos años para romper y vencer las poderosas fuerzas imperiales en Latinoamérica, en Asia, en África. Fue con este método que Ho-Chi-Minh derrotó a ingleses, franceses y estadounidenses, logrando la liberación de Vietnam. Fue con esta misma técnica que Mao Tse – Tung derrotó a la oposición financiada por Estados Unidos, logrando forjar la Revolución China. Y obviamente, fue por esta vía que Fidel, el Che y sus barbudos lograron la hermosa Revolución Cubana. La guerra de guerrillas ha sido el camino para lograr revoluciones.

Ahora bien, el contexto del capitalismo y su constructo urbano nos plantea la ciudad como una retaguardia casi inexpugnable para los capitalistas. Dejando ver en el escenario citadino, la función más lamentable del repertorio de degradaciones y desprecios que posee este modelo. Con el triste y ya sabido agregado, que más del 70% de los habitantes son público y actor de esa despreciable función. Es decir, asistimos y actuamos en una obra urbana de espanto y miseria dirigida por el capitalismo y vigilada por el Estado colombiano.

Ante dicho contexto y escenario de ciudad; y conociendo aquella táctica revolucionaria utilizada contra poderosos ejércitos, retomarla es una opción, asestar pequeños golpes triunfantes contra las condiciones y lógicas de sometimiento actual y contra sus vigilantes.

Para ello es menester nuestra capacidad inventiva, juntar las diferentes formas de lucha. Dando golpes políticos, comunicativos, culturales y militares. Es decir, seamos capaces de paso a paso, acción por acción, ir recobrando la confianza en la posibilidad de cambios, en un mejor vivir para todos y todas.

Seamos capaces de dar golpes al orden desigual en nuestros espacios más cotidianos. Detener los POT y evitar el desalojo de familias enteras es una lucha que se hace visible y necesaria hoy. Así mismo, recuperar la posibilidad de construir nuestro territorio y ciudad pasa por detener y expulsar la violencia narco-paramilitar de nuestros barrios, recuperarlos para la vida y no para el miedo, esto pasa por ser capaces de resguardar a nuestros jóvenes en la cultura y la educación, para ello necesitamos centros culturales propios y que la academia se disponga a ir a ellos.

En coherencia con esto, no puede seguirse repitiendo la historia de un pueblo que elige a su propio asesino. Rechazar a las familias poderosas que se siguen diseñando la ciudad a su antojo, pasa por negarles la posibilidad de salir victoriosos en las elecciones. Pasa por tener proyecciones más de fondo y no dejarse sobornar por dádivas mentirosas. Pasa, por el contrario, por buscar la injerencia y la participación directa en las administraciones, juntas administradoras locales y en cuanto escenario de decisión sobre nuestro territorio haya y se construya autónomamente.

Así las cosas, hagamos de nuestras ciudades, focos de la INSURGENCIA URBANA, que lucha y construye poder popular. Seamos hombres y mujeres de guerrilla, de guerrillas barriales, de guerrillas comunicativas, de guerrillas educativas, deportivas y culturales. De guerrillas populares que buscan y luchan por su bienestar en todas las formas y espacios que la ciudad le posibilite.