Por: Heladio Gomez

La detención con fines de extradición del senador y uno de los voceros de las FARC, Jesus Santrich, pone de presente situaciones recurrentes en casi todos los procesos de negociación de paz en nuestro país y el continente: En primer lugar el incumplimiento a lo pactado por parte de las oligarquías criollas en asocio con el imperialismo norteamericano, haciendo prevalecer los intereses de estos sectores en detrimento de los intereses de las clases populares. En segundo lugar, la muerte física o política de los voceros, comandantes de las fuerzas insurgentes que representaron una amenaza a sus intereses. En tercer lugar, la cooptación de algunos comandantes o mandos medios de las fuerzas insurgentes populares, colocados luego al servicio de las instituciones o el narcoparamilitarismo. Todo esto en el marco de que las únicas armas validas son las que están al servicio del imperio y sus lacayos, llámense fuerzas armadas, paramilitares, o como se han dado en llamar ahora eufemísticamente, “bandas criminales”.

En el caso particular de Santrich, la DEA lo vincula con carteles del narcotráfico mexicano, utilizando en la operación a un sobrino de Ivan Marquez a quien de paso lo vinculan colocándolo como una posible víctima de este mismo u otro complot. Es una muerte política la que el imperio le ha provocado a uno de los llamados ideólogos de la dirección de las Farc estrechamente ligado al también vocero y senador, Ivan Marquez, quien anticipándose o previniendo una nueva captura decide renunciar a su curul al senado aduciendo falta de garantías y resguardándose en Miravalle (Caqueta), uno de los sitios de concentración del personal de las FARC a reincorporarse. Una jugada inteligente que llama a la reflexión y permite poner sobre el tapete un serio debate frente a este aspecto que compromete directamente a los servicios de inteligencia norteamericanos en asuntos internos de otros países.

No es la primera vez que los Estados Unidos intervienen de manera directa e indirecta en asuntos internos de Colombia, los países del continente y el mundo para hacer prevalecer sus intereses en los ámbitos económicos, políticos, ideológicos y militares. El 3 de noviembre de 1903, hace ya 115 años, después de que el país viviera la guerra de los 1000 días, Panamá se separo de Colombia, como resultado de la injerencia de los Estados Unidos en asocio con sectores empresariales y políticos del istmo para la construcción del canal interoceánico que Estados Unidos administro por más de 100 años. Hoy la población de Colon lucha por sus derechos sumida en la pobreza extrema.

En 1913 en México es asesinado cobardemente Emiliano Zapata tras haberse firmado la paz con Francisco Madero, también asesinado por el general Victoriano Huerta bajo la intervención directa de la embajada de los Estados Unidos. Una operación en la que bajo argucias engañosas Emiliano Zapata es llevado indefenso ante un pelotón de fusilamiento. En 1934 un libreto similar seria puesto en escena en Nicaragua con el general Augusto Cesar Sandino, quien bajo argucias engañosas es invitado a firmar la paz y a la salida de la reunión es asesinado cobardemente por el dictador Anastacio Somoza Garcia servil lacayo del imperio norteamericano, instaurando una dinastia dictatorial hasta su derrota a manos del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1979. Diez años mas tarde los Estados Unidos lograrían derrotar en las urnas al frente sandinista utilizando entre otras tácticas como el narcotráfico a través de un personaje que financió a los “contras” nicaragüenses con las ganancias de este negocio made in DEA. Curiosa y coincidencialmente el personaje clave en este complot es justamente un tal Rafael Caro Quintero, el mismo con quien Jesus Santrich negociaría el envío de drogas a los Estados Unidos.

Aunque las FARC, hoy convertidas en partido político, mantienen en firme su decisión de culminar su proceso de negociación de “paz”, a pesar de los incumplimientos reiterados del gobierno, la cooptación de algunos de sus integrantes y la muerte política de Jesus Santrich, no hay duda que este incidente tendrá serias implicaciones, el mismo Santrich en una entrevista publicada en las redes sociales expresó sus temores frente a lo que llamó un error histórico e invitó al ELN a no hacer lo mismo. Esta es una lección que el ELN tiene bien aprendida y precisamente por esto es que estas negociaciones no se han dado, ni se darán de la misma manera como se dieron con las FARC o como se han dado en épocas anteriores con otras fuerzas insurgentes que se desarmaron y desmovilizaron. Todos sabemos lo que paso con la militancia de estas organizaciones; la mayoría hoy están muertos, otros fueron cooptados por el establecimiento y hasta el narcoparamilitarismo. Los acuerdos firmados se quedaron en el papel.

Para el ELN el centro de las negociaciones de paz con este o con cualquier otro gobierno es el pueblo y solo con su participación activa y decisiva habrá los cambios, las transformaciones de las estructuras generadoras de su problemática social y política, causantes de la guerra que vivimos y que sufre nuestro pueblo. Sencillamente sin cambios, sin transformaciones no habrá paz.
Una cosa es lo que las oligarquías y el imperialismo norteamericano y sus multinacionales entienden por paz y otra cosa es lo que entiende y quiere nuestro pueblo. El ELN no pide, ni pedirá nada para si, pues nuestra razón de ser y de existir es el pueblo.