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Una vez, en uno de esos barrios estrato dos por los que he vivido, he pasado y he trabajado, volvía de comprar una leche en la tienda. Al paso por uno de los andenes, sobre las cinco de la tarde, recuerdo ver a unos metros de mí dos señoras y un señor. Algo increíblemente extraordinario parecía reunirlos ante el pequeño muro de menos de dos metros. Intentaban ver los números al interior de las alas de una mariposa, quizás como lo hacía mi abuela, para jugarlos en el chance.

La antropología se ha encargado durante muchos años de estudiar las transformaciones físicas, sociales y culturales; los rasgos más representativos de las comunidades en la humanidad. Nosotros, como país andino contamos con una diversidad de culturas que tienen todo tipo de rasgos, comportamientos y transformaciones, todos dentro de un mismo territorio. Lo anteriormente narrado alude a las creencias con respecto a los agüeros, a esas con las que gran parte de nuestro pueblo se ha forjado y construido, unas provenientes de extensas narraciones de tipo oral, cuyo origen se da en comunidades, pueblos e incluso tienen arraigo en comunidades étnicas. Las mismas con las que, para muchos sin razón, la gente siente ilusión.

No hay certeza sobre de dónde vienen, lo cierto es que continúan entre nosotras y nosotros y su final tampoco tiene un horizonte claro. Lo real es que en estos tiempos adquieren cierta relevancia. El pelo en la mitad de la biblia, la llegada de los ovnis, los cielomotos interpretados como anuncios de las trompetas del apocalipsis, entre otras, son situaciones cuya gran difusión reposa sobre la misma que los agüeros que son evidencias folclóricas de nuestra patria: barrer hacia afuera, la herradura en la casa, el espejo en la entrada de la casa y la escoba detrás de la puerta para alejar las visitas nos dicen que como pueblo aun necesitamos aferrarnos a algo distinto a la realidad, para hacer de esta más llevadera o posible de aceptar. Para no confrontar, porque el sistema nos ha enseñado que es más sencillo adaptarse y sobrevivir.

En medio de ello ¿Qué ilusiones estamos brindando nosotros y nosotras a este pueblo al que pertenecemos? El ELN ha intentado, históricamente y dentro de las posibilidades, ser una guerrilla que se enfrenta continuamente al Estado opresor, a brindar apoyo a las comunidades con las que se ha combatido conjuntamente a fuerzas criminales estatales y paraestatales. En ese ejercicio, ha aportado al crecimiento diario económico y social de dichas comunidades; se ha ofrecido a servir al pueblo, aprendiendo e intercambiando la experiencia de insurgencia que se ha adquirido. Somos una organización con fiel raíz en ese pueblo y una lealtad infinita a las causas que les muevan a ellas y a ellos.

Pero en estos tiempos, las soluciones reales a problemas urgentes son indispensables. La fe ha movido a pueblos enteros por causas colectivas y en este momento la esperanza de vivir y la creencia en el proyecto revolucionario nos debe mover en perspectiva de salvar a los nuestros. Veamos qué estamos haciendo:

Como Ejército de Liberación Nacional decretamos cese unilateral y activo de actividades ofensivas desde el 1 hasta el 30 de abril atendiendo la situación mundial de pandemia y respondiendo al llamado de varias organizaciones internacionales. El 27 de abril, definimos que al final del periodo del cese, no continuaríamos con dicho gesto de buena voluntad pues las condiciones del Gobierno guerrerista de Duque y Uribe, no nos lo permitirían.

Es claro decir que ambas decisiones son gestos de compromiso con el pueblo. La declaración del cese activo por un lado, acudiendo a la necesidad de no profundizar el clima de hostilidad propio del enfrentamiento armado en un contexto de guerra, de alivianar las dificultades logísticas que se puedan tener en el marco del aislamiento social necesario y la posibilidad que esto brinda de que nuestras unidades se dispongan también a compartir con las comunidades de las zonas donde hacemos presencia, las soluciones y apoyos necesarios para la confrontación de la crisis (alimentación, medicinas, seguridad, etc)

Por otro lado, el levantamiento del mismo es la expresión del compromiso con la defensa de las comunidades y la causa de la revolución, como también de la comprensión de la guerra en la que estamos. Ya se ha probado qué pasa cuando la guerrilla renuncia a un territorio gestionado con las comunidades, por ejemplo con la firma de los Acuerdos de la Habana; estos sólo pueden ser tomados y azotados por la masacre, la violencia y el desprecio del paramilitarismo y el narcoestado.

En el mismo comunicado donde se notificó públicamente a la sociedad colombiana sobre nuestro cese, dejamos en claro también nuestras propuestas integradas en la acción social y el énfasis que debía tener el Estado en términos de bienestar social con las capas más necesitadas y medias que serían golpeadas por esta situación. Algunas fueron:

– La descongestión de cárceles, por medio del excarcelamiento de presos políticos y quienes estén pagando condena por colaborar con grupos insurgentes, las condenas menores a 10 años y las personas mayores de 60 años.

– Suministro apropiado y para toda la población de un test de confirmación de contagio del Covid – 19, como los suministros necesarios para frenar la expansión del virus.

– Garantía de suministro de una canasta básica gratuita para todas las familias de estratos 1, 2 y 3 cada quince días por el periodo de confinamiento.

– Convocar a reforma de la Ley 100, por la cual se privatizó el sistema de salud colombiano.

– Un salario mensual equivalente a 1SMLV para quienes se encuentran en situación de desempleo.

– Un subsidio para pequeños y medianos industriales, comerciantes y campesinos con los que se les permita garantizar pagos de nómina.

– Suministro de todos los insumos agropecuarios a precios subsidiados para que los pequeños y medianos campesinos puedan mantener la producción y garantizar la alimentación del país.

– Condonar la deuda de los servicios públicos y garantizar su suministro para toda la población.

– Suspender el pago de la deuda financiera para los estratos 1, 2 y 3 y que durante el tiempo que dure la pandemia, no se cobren intereses.

– Reducir los precios de los combustibles, de acuerdo a sus costos de producción y eliminar el cobro de los peajes de todo el país.

– Que el Gobierno asuma la atención directa de los ancianatos y geriátricos.

– Una canasta básica familiar y las medicinas necesarias, a todas las residencias de las personas mayores de 65 años, de los estratos 1, 2, 3 y 4.

– Crear un fondo especial de 300 billones de pesos colombianos para atender la emergencia, mediante el cobro de un impuesto extraordinario al sistema financiero, los grandes industriales, comerciantes y las empresas multinacionales en el país.

Claro está, una de ellas también fue la invitación al Gobierno Nacional de decretar un cese bilateral y continuar con la salida política al conflicto. Los esfuerzos del ELN fueron claros, la propuesta estuvo como siempre sobre la mesa. Y como siempre, la oligarquía en el Gobierno y las élites colombianas se negaron, de nuevo, a salvar la vida de las personas más desfavorecidas y expuestas.

Este es nuestro aporte a la ilusión de la sociedad colombiana. Como muchas y muchos, al escuchar o intercambiar con la gente sobre sus agüeros, sobre los presagios, piensa que son ‘cosas salidas del tasto’. Puede que lean nuestras ilusiones y lo piensen así. La diferencia radica en que nuestras propuestas son cuestión de voluntad humana, tienen un concreto donde realizarse, la mariposa no podía prometer nada y nosotros como organización hemos tenido un compromiso claro con la paz y el pueblo que es nuestra razón de ser.

Creemos que tener ilusiones que motiven la esperanza, es uno de los motores para afrontar la demoledora capitalista que ocupa las mentes de la gente en el afán de sobrevivir. Sin embargo, también creemos que soñar responde a la misma función, con algo más importante aun y es que los sueños pueden cumplirse. Nuestras ilusiones dejarán de serlo y serán sueños realizados cuando nos determinemos a arrebatarle las condiciones para desarrollarnos como sociedad en la solidaridad y la dignidad, a quienes sólo nos han dado malestar y pesadillas, a quienes han hecho del mundo un lugar que sólo queremos evitar, y no habitar.


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