“Considero que en estos momentos la propaganda es vital; sin propaganda no hay movimiento de masas y sin movimiento de masas no hay revolución posible”. (18/6/1954)

Fidel Castro Ruz

La comunicación es un aspecto fundamental de los pueblos, juega un papel esencial en la transformación y en el desarrollo mismo de la humanidad. Esta se encuentra dentro de la disputa ideológica y en la lucha revolucionaria es estratégica, al momento de influir en el imaginario colectivo de las masas. En el capitalismo es un instrumento de dominación apoderado por las oligarquías para seguir oprimiendo a los más empobrecidos y humildes, de ahí que se hable de medios de comunicación hegemónicos y en contra propuesta se plantee la idea de una comunicación popular que genere crítica y reflexión y no solo transmisión de información sin debate.

La guerra mediática a través de sutilezas informa lo que a las grandes corporaciones les interesa informar, utilizando técnicas y métodos propios de las modernas formas de hacer la guerra contra los pueblos, y que son diferentes a las técnicas y métodos de la guerra tradicional, aunque se combinen para mejorar sus alcances de acuerdo a las nuevas realidades de conflicto. A esto se le ha llamado -sin profundizar en otros elementos- guerra de IV generación, tiene la característica que no se bombardean directamente territorios sino las mentes de las mayorías imponiendo el miedo y el terror.

En la lógica mercantil, del interés privado y del negocio, lo importante en el mensaje comunicativo es un producto de consumo inmediato que le guste a la mayoría de la gente, que no la obligue a pensar mucho en lo que consume, o recibe en el caso de la información, que ponga al individuo en una posición cómoda y lo aleje de la realidad de problemas que pasan a su alrededor. En ese sentido, los contenidos preparados por las empresas de la comunicación tienen el objetivo de mantener el sistema de sociedad desigual existente, haciendo que el ciudadano día a día se mueva en un circulo repetitivo y pierda el interés de construir cuestionamientos frente a todo lo que vive en la dificultad, y por el contrario lo lleve a aceptarlo con desgana, pero naturalizando la realidad con la que no está de acuerdo. La comunicación se convierte entonces en una mercancía, y la mercancía como célula económica principal del sistema de producción capitalista influirá en la conciencia de la gente.

Si hablamos del poderío y los alcances que tiene la guerra de IV generación contra el pueblo desde lo comunicacional, la concentración de la producción de los contenidos comunicativos se encuentra en tan solo 6 transnacionales a nivel mundial*, en Colombia solo 3 familias de la burguesía nacional son dueñas de la mayoría de medios de comunicación y controlan el 95% de la audiencia, desde las emisoras radiales, los canales televisivos, las revistas, hasta la prensa escrita y digital. Por eso, es importante tener en cuenta que cuando escuchamos emisoras como Tropicana, La Mega, Olímpica y otras, que cuando vemos RCN y Caracol, cuando leemos periódicos como El Tiempo, El Espectador, Portafolio y revistas como Semana, Dinero, etcétera, lo que estamos recibiendo es lo que los capitalistas del país y las transnacionales, como los Sarmiento Angulo, Ardila Lule, Santo Domingo o el grupo Prisa, quieren que escuchemos, veamos y leamos. Esto no quiere decir que tengamos que dejar de informarnos a través de estos medios inmediatamente, pero sí tenemos el deber de informarnos con precaución , porque estamos recibiendo una descarga ideológica por parte de los monopolios de la comunicación, y de manera desafortunada no existen muchas propuestas de comunicación alternativa de gran alcance que combatan al mismo nivel. Las élites gobernantes no solo concentran capital, también concentran y tergiversan la verdad.

A través de este poderío los que gobiernan están en la capacidad de construir y captar el imaginario social, apoderándose de las aspiraciones, miedos, necesidades y esperanzas del pueblo, hay un control de la conducta y las emociones de las personas, a la vez que programan la conducta de quienes controlan, esto lleva a la aceptación de lo que no se entiende, lo que no se está de acuerdo o lo que afecta a la comunidad, como lo plantea Aram Aharonian en su libro “El Asesinato de la Verdad”, mediante la guerra de IV generación “El objetivo ya no es matar, sino controlar, las balas ya no apuntan a su cuerpo, sino a sus contradicciones y vulnerabilidades psicológicas”. Retomando otro enunciado del libro citado: “A diario un ejército invisible apunta a su cabeza”, pero quizás dicho ejército no es tan invisible. Está compuesto por periodistas, publicistas, presentadores, reporteros, columnistas, editores y muchos más, que son funcionales a esa gran maquinaria de la manipulación, son todos estos que en los marcos de la guerra mediática se convierten en verdaderos agentes de guerra del siglo XXI, porque con conciencia saben que le están mintiendo a la población, no están informando lo que es y muchas veces están de acuerdo en hacerlo más allá de que su profesión los obligue.

Ejemplos de cómo se ponen en práctica los métodos de la guerra de IV generación son muchos en decenas de países, con el objetivo de desestabilizar y tumbar gobiernos progresistas y revolucionarios que no son del agrado del imperialismo. En nuestro país, a diario encontramos manipulación de noticias, informaciones a medias, mentiras repetidas muchas veces que asesinan la verdad, transmisión de programas que impulsan el pensamiento facilista, el chisme, el show, la morbosidad y muy poco la educación, pues si las gentes explotadas piensan en ideas que no sirven no podrá existir un pueblo que sea motor de cambio y que construya su propia historia.

Un caso que concierne al ELN y que es necesario poner en evidencia es lo referente al desarrollo del Cese al Fuego Bilateral Nacional y Temporal (CFBNT) y cómo el establecimiento utilizando su poder mediático intenta mostrarnos frente a la denominada opinión pública como los que incumplen, los faltos de voluntad de paz, guerreristas, tercos, que estamos divididos; en general una matriz deslegitimadora sobre nuestra organización guerrillera, desviando así la atención de los orígenes y las razones del conflicto social. Simultáneamente como respuesta por parte del gobierno, fueron numerosas las violaciones a los acuerdos y hecho tras hecho desde su bando fue ocultado y tratado de una manera en que fuese rápidamente olvidado.

Ocurrió así con la masacre de 9 campesinos en Tumaco por parte de las fuerzas estatales, inmediatamente aparecieron diferentes versiones que hacían difusa la única verdad existente: que la policía y el ejército habían cometido una masacre. Se impuso el terror y luego el imaginario colectivo del llamado a la seguridad para “combatir el terrorismo” generado por ellos mismos, se reforzó pie de fuerza en la zona con 9000 efectivos más por tierra, aire y agua (la fuerza de tarea conjunta Hércules), y al final el hecho no quedó esclarecido sino que reinó de nuevo la impunidad.

Esto nos demuestra que en la batalla comunicacional como parte de la guerra de IV generación el componente de clase es vital para combatir por la liberación de los pueblos, o se está a favor de la oligarquía o estamos a favor del pueblo, y de allí la intención con que informamos y nos informamos, la intención de la información que producimos y desplegamos. Por lo tanto como organización revolucionaria al decir que “comunicamos para vencer” no lo planteamos de manera secundaria, lo expresamos en nuestra lucha diaria de recuperar los sentires verdaderos del pueblo oprimido y marginado, que ha ido perdiendo poco a poco su identidad y practicando una cultura impuesta, es decir, el propósito es comunicar en favor de las mayorías. Recuperar ese imaginario colectivo por medio de lo popular es una tarea urgente que nos posibilitará mejorar condiciones para la lucha por una nueva nación, porque sino vamos resolviendo esta cuestión esencial seguiremos en la realidad que plantea el poeta y dramaturgo revolucionario Bertolt Brecht: “Los gobiernos que conducen a las masas humanas hacia la miseria deben evitar que se piense en el gobierno en medio de la miseria”, y esto es precisamente lo que sucede a diario.

El reto es seguir superando la incomunicación, la cultura consumista, el chisme como espectáculo, la saturación informativa y muchas otras formas de perversión de la verdad. En esos horizontes aún tenemos mucha incertidumbre pero la necesaria rebeldía para lograrlo; no obstante que el Departamento Ideológico y el Frente Urbano Nacional han diseñado una política comunicacional, que será efectiva siempre y cuando todas las estructuras de nuestro Ejército la materialicemos y con la multiplicidad de las practicas la enriquezcamos, pues, para la guerra que hoy enfrentamos de IV y V generación es preciso dar estos saltos, mejorando y ampliando nuestra capacidad de combate en ésta lucha de ideas.

El propósito entonces es fortalecer y profundizar la política comunicacional que potencie una corriente de opinión favorable al cambio, legitimando el derecho a la rebelión a través de la cualificación de los contenidos que se produzcan, publiquen y transmitan.

Fernando Velasco Villamizar