Por estos días el presidente de la república, Juan Manuel Santos, orienta a sus subalternos y medios de comunicación aliados, expresarse contra la supuesta incoherencia del ELN tras el accionar de las distintas estructuras a lo largo y ancho del país. Dice el presidente que no se puede hablar de paz y al mismo tiempo hacer la guerra, esto le ocasiona al parecer “una gran encrucijada”: no saber si reinstalar o romper la Mesa de Diálogo de Quito.

Se rasgan las vestiduras, ante la incomprensión de desarrollar o no un gran diálogo nacional como camino de solución política al conflicto armado mientras el ELN mantiene el ejercicio del derecho a la rebelión contra las fuerza armada del establecimiento. Convenientemente olvidan que sus oficiales día a día violentan a la población a lo largo y ancho del país. Que en el último mes, estos mismos medios de información han mostrado cómo la Policía ejecuta jóvenes en las ciudades. Que el país sigue aterrado por las masacres en Nariño y Cauca. Que su Ejercito Nacional asesina líderes sociales y ametralla caseríos indiscriminadamente. Por no mencionar que el modelo económico se mantiene al servicio de unos pocos en Colombia y el extrajero. Si hay algo que no se puede entender es: ¿cómo hablar de paz y no parar el genocidio, la miseria, la atroz desigualdad que generan sus políticas?

Santos y sus aliados nos tildan de incoherentes. Paradójico que objete el hecho de diálogar en medio de la confrontación cuando ha sido su condición para adelantar los diálogos y consecuentemente se niegue a un nuevo y mejor cese al fuego bilateral. Ser coherente es hacerse cargo de las decisiones y sus consecuencias, algo que el gobierno no demuestra; es mantenerse a pesar de las dificultades y los incumplimientos en la mesa de diálogo esperando la sensatez del gobierno y la presión social por la reanudación de las conversaciones. Una paz en Colombia a la medida del gobierno y sin escuchar al país no contribuye a resolver el conflicto social y armado sino a agudizarlo, como lo han hecho las fuerzas gubernamentales.

El presidente nos llama incoherentes tras las acciones realizadas una vez terminado el Cese al Fuego Bilateral Nacional y Temporal CFBNT mientras le parece astucia sostener la orden de atacar campamentos y asesinar líderes y lideresas sociales en el desarrollo del mismo. Tilda de cobardes las acciones de la insurgencia y ordena celeridad para señalar culpables, pero ignora los centenares asesinados del movimiento social en los últimos 3 años, crímenes que siguen en la impunidad y que reiteradamente reciben la burla del ministro de guerra.

A pesar del incumplimiento por parte del gobierno del anterior CFBNT, el ELN mantuvo la delegación en la mesa y en disposición de continuar el diálogo, se cumplió con parar las acciones, honrando la palabra puesta en el acuerdo temporal, mientras el gobierno, abandonó la mesa y amenazó con romperla. Diferente hace el gobierno, que tras los hechos de la confrontación, abandona la mesa y amenaza con romperla por actuar en el marco de sus propias reglas de juego. El gobierno se desgasta en epítetos y descalificaciones reflejando que su encrucijada es falsa, igual que sus intenciones de paz. Al acusar a su opositor de incoherente realmente refleja los males que él mismo sufre.

Tras los anuncios presidenciales de vover a la mesa de diálogo con el ELN reiteramos que no nos gusta la guerra, que hemos estado decididamente en la mesa de diálogos y continuaremos en ella trabajando he impulsando los cambios urgentes que Colombia necesita. Consideramos que se mantienen vigentes las palabras de nuestro comandante en jefe Camilo Torres Restrepo: “Es la oligarquía la que debe decidir como va a entregar el poder”.