Sin asomo de vergüenza o pudor, la indignación del gran periodismo colombiano se oye y se ve dependiendo de la familia de la que se trate. En consecuencia, la opinión pública olvida o recuerda al son de golpes de pecho o pasadas de agache. Para exaltar su labor, el gremio se premia mutuamente, y año tras año destacan su “independencia y su sagacidad.” Sonríen ante las cámaras, se aplauden, se palmean la espalda.

Aplaude y sonríe el gran público
Llaman eufemísticamente “escándalos de corrupción”, al robo de los dineros públicos que terminan en grandes fortunas privadas por vía de las Alianzas Público Privadas, puentes que se caen sin inaugurar, carreteras y túneles que nunca llegan a su destino, alimentos podridos y escasos para las niñas y niños de escuelas y colegios públicos.

Llaman Democracia a la compra de escaños en el Congreso, Asambleas Departamentales, Concejos Municipales, Alcaldías, Presidencias, Procuradurías, Contralorías, altas cortes. Titulan con creatividad: Yidis-política, Ñoño-manía.

Se baja el tono si se trata de informar sobre la libertad provisional otorgada por un “honorable e imparcial” juez, a Santiago Uribe Vélez, – intachable ganadero, empresario y patriota- quien solo por casualidad es hermano de un ex-presidente para quien las investigaciones penales en su contra, no avanzan, mueren los testigos, las pruebas nunca son suficientes, los jueces se inhiben, los fiscales no apelan. Persecución, lo llaman.

En estas grandes cadenas noticiosas no insisten en preguntar qué hay detrás del asesinato diario de personas indefensas que defienden su territorio, de mujeres y hombres sin apellidos famosos, sin grandes cuentas bancarias NI inversiones. “Son líos de faldas y linderos”, explican.

En época de elecciones hacen un derroche de imparcialidad e interés público, presidencializando o montando a punta de encuestas a los alfiles de la mafia política colombiana, esa en donde los apellidos en el poder se repiten por décadas y décadas. Con ese mismo método, bajan o eliminan a quienes “de pronto” puedan Acceder al poder político y atententen contra su libertad de prensa.

El cuarto poder a la orden
Ya es ampliamente conocido que en Colombia los medios de comunicación, las grandes cadenas radiales y televisivas, los periódicos de circulación regional y nacional son propiedad de los tres grandes clanes que detentan el poder político, económico, ideológico y militar siendo una muestra más de la absurda iniquidad que campea por todos los rincones del país. Han sido estos medios los que han cimentado la falsa idea de una democracia solida, antigua y robusta.

Democracia sin derecho al acceso a la información, es igual a pensar una paz sin participación de la sociedad. Ambas falsas, maniqueas y poco útiles para una transformación real y una sociedad justa y equitativa. La comunicación con esa lógica de estar al servicio del poder es una simple extensión de los males estructurales que la aquejan. En la que los medios masivos no son meros parlantes, sino potentes inoculadores de odio, adormecedores de ideas y estructuradores de la desigual continuidad. Es la clara lógica de las llamadas guerras de cuarta y quinta generación, una muestra mas de la nula voluntad de los que obstentan el poder para darle vía libre a las transformaciones que conduzcan a una paz verdadera.