
Por: Orlando Cienfuegos, corresponsal de Antorcha.
La geopolítica de Asia Occidental atraviesa uno de sus momentos más tensos y decisivos. Después de semanas de escalada militar entre Irán y Estados Unidos, ambos países han abierto nuevamente un canal de negociación mediante un Memorando de Entendimiento que busca detener las hostilidades y establecer una hoja de ruta diplomática. Sin embargo, detrás de este acercamiento y reconociendo los antecedentes del imperialismo occidental que no cumple los acuerdos ni el DIH, surge una pregunta fundamental, ¿estamos ante el inicio de una paz real o frente a una pausa táctica del imperialismo?.
Durante los últimos meses, Washington impulsó una estrategia de máxima presión contra Teherán con objetivos concretos y posteriormente tergiversados por el mismo mandatario estadounidense: debilitar su capacidad militar de Irán, frenar su programa nuclear y provocar una crisis política interna que pusiera en jaque al gobierno iraní. Pero el resultado fue distinto al esperado. Irán no solo resistió la ofensiva, sino que mostró capacidad de respuesta y obligó a Estados Unidos a sentarse en la mesa de negociación.
El golpe sufrido a la presencia militar estadounidense en la región, incluyendo ataques contra instalaciones de despliegue estratégico en el Golfo, evidenció los límites del poder norteamericano en Asia Occidental. La lógica de la guerra relámpago y la superioridad tecnológica volvió a encontrarse con una realidad histórica, los pueblos organizados pueden resistir incluso frente a grandes potencias militares.
En este contexto aparece el Memorando de Entendimiento firmado entre Washington y Teherán. El acuerdo plantea puntos importantes: el cese de operaciones militares en todos los frentes, incluido Líbano; el respeto a la soberanía territorial; el levantamiento progresivo del bloqueo naval contra Irán; la reapertura del estrecho de Ormuz; la liberación de activos iraníes congelados y el inicio de conversaciones para resolver la disputa nuclear y las sanciones económicas.
Sobre el papel, estos puntos representan un avance, pero la historia obliga a mirar con cautela. Estados Unidos tiene un largo historial de romper acuerdos cuando estos dejan de servir a sus intereses estratégicos, como ocurrió con la salida unilateral del acuerdo nuclear de 2015. Por eso, para nosotros los revolucionarios existe una desconfianza, pues un acuerdo firmado no garantiza por sí mismo una transformación de nada y menos de la política exterior estadounidense.
La mayor amenaza para esta negociación también tiene nombre propio, Israel. Mientras Washington y Teherán intentan avanzar diplomáticamente, el perverso gobierno de Netanyahu mantiene operaciones militares contra Líbano y continúa su genocidio contra Palestina, generando una contradicción directa con cualquier intento de estabilidad regional. La permanencia de ataques israelíes pone en riesgo todo el proceso, pues cualquier paz que excluya la realidad palestina y libanesa será una paz incompleta y frágil.
El proyecto político del sionismo israelí ha demostrado que busca mantener una región fragmentada, sometida y en permanente conflicto. La expansión territorial, la ocupación y la doctrina de seguridad basada en la fuerza representan un obstáculo para cualquier salida negociada que aspire a ser duradera.
La verdadera paz en Asia Occidental no puede reducirse a un alto al fuego temporal ni a un acuerdo entre potencias. Debe construirse desde el respeto a la soberanía de los pueblos, el fin de la injerencia extranjera y el reconocimiento del derecho de cada nación a decidir su propio destino.
La lucha de Irán no es únicamente por su propia supervivencia política. Es parte de una disputa más amplia contra décadas de dominación imperial, colonialismo y control externo sobre los pueblos de la región. La paz verdadera llegará cuando Estados Unidos abandone sus pretensiones de tutelaje y cuando el ente israelí detenga sus políticas de ocupación y agresión.
Porque la estabilidad no se impone con bombas ni sanciones, se construye con justicia social, soberanía y libertad para todos los pueblos de Asia Occidental y del mundo.
