Comandante Nicolás Rodríguez Bautista (Gabino)

Entre septiembre y octubre de 1973 ocurrieron fieros combates entre la fuerza guerrillera más numerosa que tenía el Ejército de Liberación Nacional (ELN), con tropas del régimen que los superaban en una proporción de 300 soldados contra un guerrillero.

Al promediar el año de 1973 los guerrilleros del ELN en los Frentes rurales no alcanzaban a ser 200, habían caído destacados Comandantes como Luis José Solano y el Frente Guerrillero Camilo Torres había sido casi aniquilado en sucesivos combates desventajosos, fruto de visibles errores tácticos de sus mandos y por la traición del encargado jefe guerrillero un tal Pedro Solano, los guerrilleros que quedaron fueron integrados a las estructuras que para entonces estaban en el Sur de Bolívar.

La fuerza más numerosa de casi 100 guerrilleros operaba en el Nordeste de Antioquia, en los municipios de Segovia, Remedios y Amalfi, conducida por los Comandantes Manuel y Antonio Vásquez; otra agrupación de 60 guerrilleros operaba en los municipios de Nechí y El Bagre, en el Bajo Cauca de Antioquia; una guerrilla de 20 unidades operaba en los municipios de San Vicente y Barrancabermeja en Santander.

Un alto número de guerrilleros urbanos habían sido detenidos en 1972 y estaban siendo sometidos a un Consejo de Guerra llamado “del Siglo”, por la cantidad de guerrilleros sometidos a juicio castrense, para ese tiempo al ELN no se le reconocía su carácter político y era llamado como “bandoleros y facinerosos”.

A pesar de las dificultades la moral de la fuerza era alta porque veníamos de las victoriosas acciones realizadas en enero de 1972, con las exitosas tomas simultáneas de las poblaciones de San Pablo en el Sur de Bolívar, y Remedios, Santa Isabel y Otú en el Nordeste de Antioquia; para esos años no existían las comunicaciones por radio entre las agrupaciones guerrilleras, ellas se hacían a través de enlaces humanos, tarea cumplida por la militancia de base más selecta.

Es dentro de esta realidad interna que ocurren los desventajosos combates de septiembre y octubre de 1973, que desembocan en el aniquilamiento de la Columna guerrillera conducida por los Comandantes Manuel y Antonio Vásquez Castaño; este duro revés unido a las afecciones morales recibidas por otros golpes del enemigo, así como los cuestionamientos hechos por la base guerrilleras a Ricardo Lara, lo llevan a su deserción a finales de noviembre de este mismo año.

El ataque contra la Columna de los hermanos Vásquez el enemigo lo denominó Operación Anorí, municipio de Antioquia donde se libró, en medio de un crudo invierno que hizo intransitables los río Porce y Nechí, donde quedó encerrada la fuerza guerrillera; el trato de Guerra y de crueldad a la población campesina de esa zona está aún en la impunidad y por investigarse, cientos de campesinos fueron fusilados y presentados como “guerrilleros dados de baja en combate”, ejecuciones que hoy se conocen como Falsos Positivos, centenares de ellos fueron desplazados y otros procesados por Tribunales Militares.

Para el ELN los altos costos de la Operación Anorí originaron profundas reflexiones, que unos años después nos llevaron a cambiar la manera de entender los desarrollos de la acción guerrillera en sus dinámicas políticas, la necesidad de dotarnos de una estructura político-militar con principios leninistas de organización, asumir como insurgencia la organización de las masas y el papel protagónico de su lucha, la importancia de la inserción social en lo urbano, así como la urgencia de un proceso cualificado y exigente para engrosar las filas de la organización.

En 1978 un primer evento nacional dio los primeros pasos para avanzar en una nueva proyección del ELN, que en medio de serias dificultades nos condujo a la Reunión Nacional de 1983 donde nos dotamos de nueva estructura, políticas y un plan integral que permitió dar un salto estratégico como organización insurgente, la articulación política y organizativa de los nuevos cuadros y la experiencia de los veteranos fue definitiva en este camino a la consolidación.

El golpe de Anorí fue asumido como una dura prueba revolucionaria para el ELN que partió de reconocer el alto sacrificio y valor de lo construido hasta ese momento, pero también identificó sus falencias, valoración autocrítica que posibilitó dar un salto cualitativo integral que mantuvo el hilo histórico, recogió sus riquezas y las proyectó.

Aprender de las dificultades es abrir caminos de futuro, hoy nuestra militancia, en particular la que no vivió aquel proceso de reconstrucción político, militar y orgánico lo debe estudiar y asimilar, porque es determinante para la formación de las nuevas filas de cuadros y conductores que al beber de nuestra propia historia, acrisola su formación y garantiza la continuidad de los principios estratégicos sobre los que estamos construidos. Gloria eterna a quienes con dignidad nos dieron ejemplo de fortaleza en sus convicciones, principios y valentía sin límites, solo así se es revolucionario de verdad.