Por: Juan Giraldo

Que Colombia este siendo parte de importantes acontecimientos y luchas por el cambio resulta novedoso en la historia de la región latinoamericana ya que este país se ha caracterizado por ser uno de los principales aliados históricos del imperialismo y por materializar sus intereses en todo el orbe. Pero aún en medio de grandes problemas y dificultades, y con una de las oligarquías mas sanguinarias en el mundo, la resistencia colombiana ha sido también ejemplo de que, por grande que sea el enemigo, es posible seguir luchando, superando adversidades y cultivando pequeñas victorias en dirección de los cambios revolucionarios, de eso se trata ser pueblo e insurgencia revolucionaria en Colombia.

Estos últimos años han traído notorias novedades que acumularon hacia un horizonte de cambio político y de oportunidad de un gobierno diferente, alternativo y democrático. La resistencia popular, los reclamos permanentes por mejores condiciones de vida, fueron encontrando un cause hacia la posibilidad cierta de un gobierno nacional no timoneado por la oligarquía colombiana, y aunque algo parecido haya pasado hace un par de lustros hoy viene acompañado de un estallido social. Aquí las novedades:

Las luchas recientes no pueden entenderse sin reconocer la agudización de las desigualdades en el país y el mal gobierno que cada vez tiene menos opciones, son el fruto de un acumulado de luchas sociales y populares anteriores que tienen referencia en las luchas indígenas del 2008, con la minga indígena y popular; en las luchas estudiantiles del 2011, con la Mesa Amplia Nacional Estudiantil; con los paros campesinos, indígenas, afros, mineros y rurales en general del 2012-2016, con la Cumbre Agraria y las Dignidades, que lograron convocar cada vez con mayor fuerza no sólo a los campesinos y trabajadores rurales, sino a pobladores urbanos; el movimiento estudiantil del 2018 y la lucha de los movimiento por la paz que convocaron a buena parte del país en la última década. Estos elementos son fundamentales tenerlos en cuenta, tanto para reconocer y entender la lucha del pueblo hoy, así como para reflexionar, sacar aprendizajes y proyectar la lucha por los cambios que necesita el país.

Fue en 2019-2021 que conocimos las más importantes expresiones de lucha popular del tiempo reciente, llegando a niveles que no se veían hace más de 6 décadas, tal fue el caso del paro nacional de 2021; un paro que sorprendió a la clase política y se abrió paso para contrarrestar el mal gobierno de Duque-Uribe. La pandemia, la pobreza, el autoritarismo, la corrupción y el mal gobierno hizo que los marginales, empobrecidos por el neoliberalismo y los indignados tomaran el lugar protagónico en la calle y encabezaron las movilizaciones, bloqueos, asambleas y luchas directas con las instituciones represivas del Estado sobrepasando las organizaciones y movimientos populares. La emergencia de este sujeto delineó un nuevo horizonte de lucha y se propuso la ingobernabilidad y una nuevas representatividad política. El estallido puso al descubierto que la clase política legisla y gobierna de espaldas a las mayorías y evidenció a la oligarquía temerosa, impotente y violenta. Los de arriba tiemblan cuando los de abajo se mueven, esta es una enseñanza práctica de la coyuntura.

Este periodo de luchas populares no se pueden entender sin los procesos de paz con las FARC y el ELN y sobre todo por la continuidad y presencia de la lucha armada en un nuevo escenario de guerra de resistencia para el ELN y la proliferación de bandas y grupos que derivaron de la desmovilización de las FARC. La insurgencia colombiana, muy a pesar del imperialismo y la oligarquía, continua presente como acumulado de poder popular confrontando el mal gobierno, aspirando a la paz y convencida de la lucha por los cambios.

Hoy, cuando la realidad nacional esta fuertemente marcada por las próximas elecciones presidenciales, debemos ser muy conscientes de que aún falta bastante por luchar, que hay que seguir organizándonos, creciendo cualitativa y cuantitativamente y fortaleciéndonos en todas las formas de lucha. La oligarquía no duerme para evitar su derrota, evidencia de ellos son el crecimiento de falsos positivos judiciales, asesinatos y masacres, por medio de la fuerzas militares y paramilitares. Aún así, el pueblo es más grande que sus dirigentes y esta resuelto a cambiar la balanza por una en donde la mayoría tomen las decisiones de Estado, en donde el poder del pueblo se exprese en organización, acción directa y gobierno alternativo y popular.