El nuevo gobierno se inauguró anunciando un combo de reformas económicas y políticas más lesivas para el pueblo Colombiano. Ante las voces de inconformidad y protesta de diferentes sectores y las evidentes consecuencias negativas para las clases populares, hizo una maniobra tratando de mostrarse buen escucha y conciliador, el paquete de reformas lo “cambió” por una ley de financiamiento. Pero esto son solo artilugios y disfraces.

Luego de que se estimara el Presupuesto General de la Nación (PGN) para 2019 en 258,9 billones de pesos, existe un faltante de 14 billones para cubrir todas las obligaciones que el gobierno dice no tener, y por ende corresponde hacer una reasignación de recursos y ampliar las fuentes de financiamiento. Iván Duque y secuaces como el ministro Alberto Carrasquilla querían empezar gobernando a lo grande para las élites y miserablemente para los sectores explotados, no pudieron ir tan de frente con las reformas laboral, pensional y tributaria, pero no por eso han dejado de estar en sus planes.

Ahora van a ir decretando cada una paso a paso sin necesidad de que se llamen así, tal como lo han hecho con los acuerdos de paz de La Habana que no los volvieron trizas de un tajo, como apasionadamente lo habían anunciado, sino que han ido rasgando hoja por hoja de manera sutil, igualmente como se han levantado de la mesa de negociación con nuestra organización sin decirlo: Primero tratando sin éxito de ilegitimar al ELN frente al pueblo Colombiano tildándonos de narcotráficantes y reclutadores de menores cuando ni son políticas ni son prácticas de nosotros como revolucionarios, luego tachándonos de violadores del Derecho Internacional Humanitario por las retenciones legitimas que tenemos el derecho a hacer por situaciones relacionadas con el conflicto, aún cuando se liberaron a los militares y policías sin protocolos previamente acordados, dándoseles el trato digno y respetuoso en su condición de retenidos en la guerra; más adelante imponiendo acciones unilaterales para continuar la mesa, exponiéndonos como criminales y haciendo esfuerzos gigantescos para quedar como benevolentes, ayudados eso sí por los medios de comunicación al servicio de las clases dominantes.

Finalmente se les venció el plazo que ellos mismos se pusieron para retomar los diálogos, nunca enviaron delegación gubernamental y dilatan hasta que más pueden. Pareciera que le tuviesen miedo a la paz porque los expondría sin caretas, sin máscaras, sin cinismo ni discursos mentirosos. Ciertamente una forma asolapada de retirarse de las negociaciones, y bastante contraria para quienes anhelamos la paz con transformaciones.

Sigue la guerra

En el mundo se habla hoy de una guerra económica que tiene como actores principales a una potencia como China y al protagonista de todas las guerras, el imperio yanqui. Guerra que se caracteriza por las restricciones del comercio internacional en términos de aumentos arancelarios, sanciones económicas, impedimento de importación de productos y además tensiones diplomáticas. Para el caso de nuestro país, lo que se está agudizando es una guerra económica interna contra el pueblo trabajador de Colombia, teniendo como elementos principales el fracaso de la “lucha antidrogas” que no es más que una parafernalia para que el pueblo crea que los gobiernos están contra este flagelo, la expansión de cultivos ilícitos en diferentes regiones, el crecimiento del narcotráfico, el fallo contra las consultas populares para que las multinacionales puedan explotar recursos en contra de la voluntad de la comunidad y las pretensiones de que las fallas de esta economía narcotizada caiga sobre los trabajadores y los empobrecidos de Colombia.

Ley de Financiamiento: Una mini reforma tributaria

En el caso de la ley de financiamiento que por estos días se discute en el Congreso de la República, es importante precisar algunas cosas y el por qué de la figura. Lo primero es que está contemplada en la Constitución de 1991, artículo 347, sustentada cuando el gobierno manifieste un faltante de recursos, cosa que ya argumentó cuando se dice un déficit para cubrir el PGN de 14 billones de pesos, esos recursos se conseguirán, redistribuyendo algunos montos, en este caso la siempre constante reducción del gasto público, y buscando fuentes de financiamiento es decir, emitiendo deuda y generando nuevos impuestos.

La diferencia con una reforma tributaria es que en lugar de pasar en debate por todas las comisiones del Congreso, se hace una discusión conjunta entre todas las comisiones y se agiliza el proceso de aprobación en un solo debate. La paradoja es que en el 2014 cuando Juan Manuel Santos y Mauricio Cárdenas presentaron una ley de financiamiento, el hoy presidente Iván Duque y el fanático arrogante Ernesto Macías, hoy presidente del Senado, demandaron la ley. En aquella ocasión se aprobó con el argumento de la caída de los precios del petróleo, pero hoy, con el repunte de los precios del petróleo que se sostiene alrededor de 80 dólares por barril y cuando las estimaciones del presupuesto se han hecho promediando el precio del barril de petróleo en 65 dólares ¿Cuál será el argumento para esta ley? ¿Será que la oligarquía colombiana solo quiere utilizar un artilugio más de la legislación burguesa para conseguir sus intereses?

A lo mejor sean esas sus pretensiones, pues los elementos centrales de esta ley de financiamiento son muy similares sino los mismos que los de las reformas tributarias de los últimos 30 años, en especial las de los últimos diez años, que son:

1) Reformulación de los gastos del Estado.
2) Tributación e ingresos del Estado.
3) Lucha contra la evasión.
4) Reforma a la DIAN.

Es claro que el elemento principal de reformular gastos del Estado es la disminución de presupuesto a sectores fundamentales de la sociedad, sino miremos la realidad de la educación y las actuales movilizaciones, la crisis de financiamiento del sector salud donde las EPS siguen desangrando a los hospitales públicos, la poca destinación que se hace para medio ambiente, deporte y cultura. En cuanto a tributación, las intenciones de este gobierno (lo dijo en campaña y seguro no lo cambiará) es aumentar el número de personas que tributan, disminuir impuestos a los empresarios, modificar regímenes especiales de tributación y aumentar impuestos como el IVA, políticas desastrosas para el buen vivir.

Frente a la tal lucha contra la evasión y la reforma a la DIAN para que sea más eficiente, nos preguntamos ¿Cuántas reformas y leyes son necesarias para acabar con la evasión y para que la DIAN sea eficiente? ¿O más bien son cosas accesorias que incluyen para desperdiciar hojas en letra muerta y proteger a los amigotes de la clase política? Porque está demostrado y se puede confirmar con cifras que las personas con ingresos exorbitantes son las que más evaden impuestos y ¿Qué ha hecho la DIAN en tantos años que supuestamente se le ha reformado? Son cosas que sencillamente no dicen porque ponen en evidencia la incapacidad estatal o la negligencia siendo conscientes de ella.

Duque, Macías, Carrasquilla, y en conjunto el Centro Democrático muestran una cara amable que nadie les cree, se valen de la manipulación, el discurso y la creencia de que el pueblo es bruto, Uribe desde su lugar de titiritero, observa desde atrás escondido. 12 millones de Colombianos inundaron en Agosto las urnas y les hicieron temblar, hoy miles y miles de estudiantes, profesores y en general la sociedad inundamos las calles para ser escuchados con propuesta, diferentes sectores muestran sus inconformismos en todos los departamentos. La lucha por las transformaciones se consigue en las calles frente a élites soberbias, llenas de odio y con deseos de guerra, el pueblo colombiano en su sabiduría sigue demostrando que la paz no es rendirse ante grotescos de saco y corbata a los que les quedan pocas máscaras, pocos disfraces y pocas opciones.