Este 20 de julio mientras el pueblo en la calle reclamó cambios en el reinicio de sesiones del Congreso ocurrió lo contrario, porque se afianzó el Narcoestado que acaudilla Uribe, fiel guardián del gran capital opuesto a cambios democráticos que lesionen sus intereses.

En la narrativa de Uribe y sus seguidores en Colombia no existe un Conflicto Social, Político y Armado por resolver, pero sí hay una “conjura” contra el régimen que deben enfrentar con mano dura, como lo hicieron con las manifestaciones del Día de la Independencia y las del Paro Nacional iniciado el 28 de abril, escalada represiva que justifican diciendo que los organizadores de las protestas son Estados vecinos, la oposición y las guerrillas; además de realizar autoatentados con los que se declaran víctimas que reclaman un mayor respaldo de Estados Unidos su patrocinador.

Para ese país formal y reaccionario está “todo bien” pero para el país real de la gran mayoría que sufre la pandemia, el desempleo, el hambre y la negación de todos sus derechos fundamentales a Colombia hay que cambiarla, y colocar un Gobierno que le sirva al pueblo y no a una élite de súper ricos.

Por los cambios democráticos es que irrumpió el levantamiento popular que vive el país, que el régimen ha sido incapaz de sofocar con la barbarie represiva, la estigmatización, la compra de conciencias, y las operaciones de desinformación y de Bandera Falsa; tampoco logran embaucar al pueblo movilizado con las decenas de Leyes y Decretos que hacen entre el Ejecutivo y el Congreso, montañas de papel que no alivian la vida y la dignidad del pueblo pero si engordan los intereses de la banca transnacional y del plan de Guerra sin fin del imperio norteamericano.

Para la ruina de la democracia representativa el pueblo ha encontrado el remedio en la democracia de la calle, la directa y participativa, y a través de su lucha decidida por los intereses populares y nacionales sorteará con éxito los escenarios de futuro que aparecen para 2022: el de la alternancia y el de un cuarto Gobierno de Uribe, sin dejarse embolatar dado que el imperio le apuesta a ambos, por fortuna la gran mayoría tiene claro en qué consiste tener un Gobierno del pueblo, que no esté subordinado a intereses foráneos y que trabaje para ser una nación digna y en paz.