“Ahí viene, ahí está, ya llegó la liberación corriendo en autobus, con pasajeros y vendedores, desempleados y jóvenes, mujeres y revolución.

Ahí viene, ahí está,
la Omayra riendo coqueta,
al pasar la historia
y mirar la ciudad de su amor.”

Fragmento poesia Patria Urbana

La historia del Ejército de Liberación Nacional en las ciudades no es reciente. Podemos tomar como ejemplo de ello la década de los años 70, una década de fuertes movilizaciones desde diversos sectores y actores del país, a la par de haber sido un periodo en el que se presentaron migraciones campesinas (Indígenas y negras principalmente) hacia las ciudades, grupos familiares portadores de sueños, necesidades e inconformidades por sus formas de vida; que irian generando las condiciones adecuadas para fortalecer el trabajo con enfoque urbano, como un pilar inevitable para avanzar hacia la construcción de una organización guerrillera capacitada para recoger todos los sentires del pueblo colombiano.

Bajo estos retos potenciados por los diversos actores sociales y políticos, es que nos damos a la tarea de entender las ciudades, las luchas que dan los distintos actores urbanos y sus exigencias. Que hoy en comparación a las de la década de los 70, se han agudizado debido al modelo de ciudad neoliberal que construye sus planes en vías de enriquecer a las grandes asociaciones y a las corruptelas que se afianzan con los políticos de turno. De igual manera, la ciudad de hoy en comparación de la de décadas pasadas, cada vez más se va convirtiendo en el escenario más importante para el poder del capital. Congruentemente con dicho modelo de ciudades, éstas cada vez más son escenarios donde los sectores populares tienen restringidas las posibilidades de vivir dignamente, dadas las mínimas oportunidades que se nos otorgan.

Entendiendo el anterior panorama, comprendemos lo importante que son los actores sociales y populares para dar las peleas en los centros urbanos. Uno de estos son nuestras comunidades negras y afrodescendientes, quienes vivimos condiciones paupérrimas de vida, incluso más antiguas que la historia de las ciudades mismas. Como nos decía Juan de Dios Mosquera en uno de sus textos “Hoy, nuestras comunidades negras se asientan principalmente en ciudades como Buenaventura, Quibdó, Tumaco, Guapi, Puerto Tejada, Santander de Quilichao, Puerto Berrío, Puerto Boyacá, Dorada, Turbo, Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, Cali, Río Hacha y Medellín”. Además de Bogotá que se va transformando en un centro de acopio para nuestros pueblos negros.

A partir del falso discurso de las “minorías étnicas” durante la historia colombiana, las élites han querido zafarse de responsabilidades con nuestros pueblos, a tal punto de desconocer los aportes que hemos hecho para el funcionamiento de la nación. Como consecuencia, los pueblos negros que habitamos las ciudades de Colombia y que somos víctimas de los principales focos de exclusión en aspectos substanciales de la vida tales como: salud, educación, empleo, vivienda-servicios públicos, ambiente, etc; como formas de resistencia hemos elaborado alternativas propias de vivir y entender la vida, contrapuesta a las directrices del sistema y sus verdugos, donde la cultura es elemento clave para nosotros/as, nuestros parientes y cercanos.

En ese sentido y tomando las enseñanzas del comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP) de Guinea Bissau y Cabo Verde; Amílcar Cabral, nos dirá que nuestros pueblos negros son quienes poseemos y producimos la cultura y que de igual manera la lucha por la Liberación Nacional es ante todo un acto cultural, donde lo que nos debe interesar es hallar los aspectos críticos y de progreso que nos ayuden a llevar a cabo esta lucha.

También nos dice que el elemento cultural de nuestros pueblos va tomando dimensiones políticas, económicas y/o armadas para resistir al embate colonial y oligárquico. Tarea no pequeña que tenemos por desarrollar en las ciudades de Colombia.

Enlazando la historia de nuestra organización guerrillera con la necesidad de disputarse las ciudades de manera crucial y complementaria desde lo negro y afrodescendiente, es que comprendemos que bajo la creación de nuestro Frente de Guerra Urbano Nacional, el deber es poder resaltar los valores más importantes de la cultura de nuestro pueblo negro, con el propósito de ubicarlos en una dimensión de lucha nacional, a la par de ir separando de manera radical la cultura de nuestros pueblos con la cultura que propugna la oligarquía.

Por eso como Frente de Guerra Urbano Nacional nos comprometemos a ir tejiendo una organización guerrillera que sea capaz de comprender y vincular con mucha potencialidad a nuestras comunidades negras y afrodescendientes, al mismo tiempo que nos acercaremos más a las necesidades de ésta comunidad, tomando como médula la lucha cultural/ideológica. Porque un salto en las culturas de nuestro pueblo nos garantizarán el avance irremediable hacia la victoria del proyecto de Liberación Nacional.

BIBLIOGRAFÍA:

Cabral. Amílcar en “Ideología y Cultura” Bogotá DC, Colombia. Centro de publicaciones. 1977.
Mosquera M. Juan de Dios en “Las comunidades negras en Colombia: Pasado, presente y futuro”. Medellín, Colombia. Editorial lealon. 1985.