Por: Comando Central (COCE)

En esta elección presidencial de Estados Unidos (EEUU) ambos candidatos proponen salvar una hegemonía insalvable, que en 75 años impuso la dictadura de la depredación, la desigualdad creciente y el genocidio de miles de millones de empobrecidos y excluidos que arroja su viejo orden.

Dentro de EEUU crece la rebelión antirracista contra el sistema que considera bárbaros a los no blancos e intenta sofocar violentamente las exigencias de dignidad, igualdad y democracia de las mayorías de esa nación. Batalla en la que está seriamente cuestionado el supremacismo racista y la justificación religiosa del imperialismo, pilares que han soportado la expansión de la potencia norteamericana.

En América Latina y el Caribe considerada por EEUU como su ‘esfera de influencia’ crece la lucha por la autodeterminación nacional, en contra de viejas y nuevas dictaduras como los rezagos de Pinochet en Chile, la que dejó el Golpe de 2019 en Bolivia y remedos como la de Uribe, con las que saquean los bienes naturales de estas naciones.

La declinación de EEUU como potencia hegemónica global ocurre en medio de un choque de culturas e intereses con otras potencias mundiales, hoy más visible como Guerra comercial y tecnológica, donde la potencia del Norte va quedando atrás; disputa que entraña el riesgo de transformarse en una confrontación bélica mundial de incalculable proporción y resultado.

La funesta tradición imperialista ha sido acudir a las Guerras mundiales para repartirse el mundo y reordenarlo a gusto de los vencedores, recomposición de bloques de poder que está en curso, en la que EEUU tendrá una función de acuerdo al desenlace que tengan las elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

La salida no es la Guerra, la salida es desarrollar un destino común que respete lo que cada pueblo decida sobre su modelo político, dentro de un sistema de acuerdos multilaterales, en un contexto de cooperación creciente que resuelva conflictos con el diálogo y la negociación.

Los pueblos del mundo seguiremos luchando por la vida para el planeta y sus habitantes, contra la Guerra y la depredación imperialista, por un sistema postcapitalista que garantice justicia social, democracia y soberanía a las naciones. El pueblo colombiano no es antiestadounidense, es antiimperialista y anticolonialista, rechaza estar sometido a la Guerra perpetua con la que se lucran los potentados norteamericanos, busca una Solución Política del Conflicto y exige respeto para esta opción.

Editorial de la Revista Insurrección No. 763