No habían siquiera terminado los comicios electorales y ya se hacían públicas las denuncias de fraude e irregularidad. El pasado domingo 11 de marzo se llevaron a cabo las elecciones legislativas que escogen un nuevo Congreso de la República. Una jornada y unas elecciones que confirmaron el talante y la espesura turbia de la llamada democracia colombiana.

De la abundancia de corrupción hablan los resultados
El pasado domingo solo transcurrían pocas horas de la jornada y ya las redes sociales estallaban con denuncias de anomalías e irregularidades manifiestas. A las ya naturalizadas practicas de compra y trasteo de votos, evidentes en las puertas de los centros de votación, se evidenció la antigua práctica de compra de jurados y la nueva modalidad de fotocopia del tarjetón. Esta última merece especial atención, por lo novedosa y sacando a la luz también la vieja tradición que desde el corazón mismo de la Registraduría Nacional se tejen y planean los fraudes.

Tal es el tamaño del fraude, que sin haber pasado un solo día de los escrutinios se supo de por lo menos tres grandes casos, inocultables hasta para la misma derecha. Como era de esperarse, el eje del paramilitarismo y la mafia política colombiana estuvo inmerso en ellos. El Centro Democrático se impuso como el partido más votado, situación normal si tenemos en cuenta que por Alvaro Uribe Vélez votan hasta los muertos. Como se empezó a comprobar una vez iniciado los reconteos, más de 100 mil cédulas registradas como personas fallecidas revivieron a favor del jefe paramilitar hoy senador.

En las regiones los resultados no arrojaron fallas. En el Valle del Cauca era de esperarse que se impusiera la fuerza de la gobernadora Dilian Francisca Toro con resultados admirables, ya que en varios municipios de este departamento votaron más personas de las que habían inscritas, un verdadero fenómeno. En la costa la dinastía Char y el vargallerismo, siguió imponiéndose. Y en Antioquia la pacificación paramilitar obligó a votar por sus jefes políticos con algunas excepciones.

Por sus fraudes los conoceréis
48 horas después de terminada la jornada electoral, la propia fiscalía encontró todo un centro del fraude en la sede de campaña de una congresista conservadora de la costa Caribe. Se encontraron certificados de votación, listas de pagos por votos, tarjetones, dinero y armas; un simple botón muestra cómo actúa la derecha en elecciones. Y por si fuera poco, su partido político no la ha expulsado, la Fiscalía no la ha detenido y el Concejo Nacional Electoral no ha ordenado la perdida de la curul.

Mientras eso pasa en la costa, en el Valle del Cauca se evidencia y denuncia la manipulación de los resultados. De manera menos sofisticada y más directa, simplemente se tacharon o “corrigieron” los números del conteo de votos.

He ahí a mi hijo
De nuevo, el recién elegido congreso tiene poco. Fieles a la lógica de las castas, dinastías, mafias o carteles, el nuevo congreso de la república tendrá literalmente varios hijos (naturales o políticos) de barones y jefes a quienes la edad o la justicia ya nos les permite seguir directamente.

La llamada política en cuerpo ajeno es otra evidencia de cómo las castas allí empotradas se niegan a soltar estos espacios. Los delfines políticos seguramente harán una fiel representación de lo que han hecho sus padres, tal cual lo harán los testaferros de los caciques inhabilitados e incluso presos. Toda una oda al seguidismo, la continuidad y la defensa del Statu Quo.

Esta democracia que se refleja en comicios como el del pasado 11 de marzo, no alimenta, no genera esperanzas, no invita a creer en la idea de caminos distintos en la búsqueda de la paz. No propone ninguna confianza en el establecimiento y en la posibilidad de cambios estructurales en el país. Un congreso donde se impone la derecha a punta de amenaza y fraude es prácticamente el avistamiento de la continuidad del escenario de guerra.

Un congreso elegido con una abstención de mas del 50% no solo es ilegítimo, sino incapaz y viciado. No puede responder por las realidades sociales que fundamentan la paz, sólo es una nueva demostración de las intenciones parciales y particulares de los que mueven los hilos del país. Como organización rebelde seguimos y ratificamos nuestra voluntad para que en Colombia se den las transformaciones estructurales que hagan posible la paz con justicia social, y va quedando claro que por la vía de escenarios como el actual, será prácticamente imposible.

Coda: Una excepción a este escenario político difícil para los cambios y la paz en Colombia la representan los elegidos de izquierda, el progresismo de izquierda, el centro político y los demócratas, que aunque son minoría en este sistema político corrupto, representan una importante población que rechaza las mafias políticas y aspiran a construir una alternativa en el país.