“Por lo que es el desayuno se sabe lo que va ser el almuerzo” dice uno de los adagios de la sabiduría popular. Para el caso del periodo presidencial próximo a iniciar, con la elección del nuevo gabinete ministerial ya tenemos certeza de lo que será el almuerzo y hasta la cena. Incluso con el sabido y amargo aderezo del senador Uribe como real mandatario. Hay claridad en el panorama de lo que será este nuevo gobierno.

El presidente Iván Duque no se dio para sorpresas y con el nombramiento de sus ministros confirmó las sospechas sobre cual será el talante de sus políticas y sus aliados. Un gobierno administrado por tecnócratas al servicio del sector privado, 10 de los nuevos ministros nombrados provienen de los gremios de comerciantes, cafeteros e industriales.

Nada bueno puede augurarse para el campesinado colombiano con el nuevo ministro de agricultura Andrés Valencia Pinzón. Con esta designación Duque no se guardó ninguna cortapisa y decidió mostrarle los dientes a los campesinos del país. Valencia Pinzón viene del seno mismo de los gremios, fue presidente de la federación de avicultores (Fenavi), gerente comercial de la Federación de Cafeteros, gerente del ICA y negociador ante la Organización Mundial de Comercio. Una linda hoja de vida para hacer bien la tarea de postrar el agro colombiano, atacar las dinámicas organizativas que en años pasados se consolidaron después de las masivas movilizaciones y seguir entregando este sector a los gremios.

La escabrosa continuidad de asesinatos a lideres y lideresas sociales aumenta día a día, este es tal vez el problema que más preocupación suscita en comunidades y organizaciones sociales del país. Y sin embargo, Duque optó porque este gravísimo asunto lo atienda desde el ministerio del interior Nancy Patricia Gutierrez, nada más que la ex-congresista vínculada con el paramilitarismo. Su amplia trayectoria en los escenarios de administración y sus buenas relaciones con los jefes políticos de la coalición de gobierno la plantean como una fiel escudera de esa derecha que se presenta con varios partidos y se agrupa en una sola mangüala. Lastimosamente en materia de derechos humanos, defensa de los sectores sociales y freno al genocidio de líderes y lideresas no hay tranquilidad en la víspera.

Tampoco hay nada nuevo en el tristemente celebre ex-ministro de Uribe, Alberto Carrasquilla, aquel que se hiciera famoso por demostrar su desfachatez y desidia por los trabajadores colombianos, para quien: “El salario mínimo en Colombia es ridículamente alto”. Otro de la entraña uribista que regresa por su segundo tiempo, llega de nuevo a ocupar el cargo que su jefe ya le había puesto, a hacer la misma tarea, poner en práctica lo aprendido en el Banco Interamericano de Desarrollo. Como sinceramente lo dijo el propio Duque: “asegura una buena señal para los mercados internacionales”.

Así entonces, para completar una aciaga primera línea en los principales ministerios, con la agricultura en manos de empresarios. Las garantías y derechos en manos del paramilitarismo. La hacienda pública de cara a la banca internacional. Seguramente hacía falta un ministro de defensa para atizar la guerra y proteger dichos intereses. Que mejor que encargar esa tarea a un amigo intimo de Uribe. Un enconado detractor de los acuerdos de La Habana y los Diálogos con ELN. Resumiendo, un enemigo declarado de la búsqueda de la paz en Colombia. Y para mantener la línea, proveniente de la Federación Nacional de Comerciantes, el nombre para ello es Guillermo Botero.

Cuatro botones de muestra que podrían continuarse con algunos nombres ya conocidos de la derecha tradicional como Carlos Holmes Trujillo. El gobierno entrante ha querido matizar el corte de su gobierno, resaltando la juventud de algunos de sus ministros como el de vivienda. Exaltando la participación femenina en más de la mitad de su gabinete. Y descaradamente, enarbolando su corte tecnócrata.

Como dice el alegre vallenato “un grande nubarron se alza en el cielo, ya se aproxima una fuerte tormenta”. Le queda al pueblo colombiano seguir el camino de lucha y movilización emprendido desde hace varios años. Seguir sacando fuerza de sus argumentos y del convencimiento en la justeza de sus propuestas para confrontar el régimen. No puede perderse el camino de unidad emprendido y demostrado en escenarios anteriores, incluyendo la propia contienda electoral. Los sectores urbanos serán fundamentales para interrumpir y echar al traste los deseos de la oligarquía dominante.

A pesar de esas señales evidentes de un próximo gobierno totalmente en contra de los intereses del pueblo colombiano. Con todo y que no se vean sintomas que auguren la busqueda de la paz desde un escenario de participación política real de los actores sociales. Como organización nos seguimos ratificando en la palabra empeñada con el país, continuar en la brega por la solución política del conflicto, mantenernos firmes en la busqueda de mecanismos que permitan una incidencia real y efectiva en el camino hacia la paz.

Esperamos que el gobierno que se posesiona no eche por la borda las expectativas y posibilidades de seguir configurando un proceso que permita los minimos estructurales para desescalar la guerra. Ello pasa por superar la idea fracasada de la salida militar. Si algo puede constatar este “nuevo” gobierno, es que la apuesta de Uribe de derrotar a la guerrilla por la vía militar fue un fracaso. Como Organización estamos preparados para el escenario que corresponda. Nos ratificamos en la busqueda de la paz, pero no la que dictan desde el norte, no la de los poderosos y ricos del país, no la del sometimiento vergonzoso.

Por vía del nuevo -viejo- gobierno son todas sombras. Pero del lado de la lucha social y las posibilidades de marchar unidos hay nuevas luces. Con ellas debemos iluminar la esperanza de un nuevo país en paz y equidad. El Frente de Guerra Urbano Nacional se consolida y ratifica en esa idea, para eso cuenten con nosotros, nosotros contamos con ustedes.