Después que muchos países ignoraran la velocidad de propagación del virus Covid 19 y vieran como consecuencias el incremento de enfermos y el colapso de sus sistemas de salud en su mayoría privados y neoliberales, el capitalismo fue obligado a detenerse por la cuarentena mundial. Ahora en medio de la crisis mundial generada por la pandemia, los distintos poderes mundiales intentan sacar ventaja y provecho de la situación, aunque todavía sea incierto el origen del virus que tuvo su primer brote en China, hoy éste azota con mayor fuerza a su mayor adversario geopolítico: EEUU.

El gobierno fascista del magnate Donald Trump vuelve a enfrentar una crisis profunda para su país justamente en medio de su carrera por la reelección. El empleo, la principal bandera de su gobierno y el pilar de su campaña se desplomó en las últimas semanas de crisis sanitaria, cerca de 10 millones de despidos se suman a los 18 millones de personas desempleadas, y muchas de ellas se encuentran ya contagiadas, con una cifra que llega a los 500 mil contagios y a los 20 mil muertos por Covid 19. El descenso de los precios del petróleo a niveles nunca antes vistos desde 1998, a menos de treinta dólares el barril, ha dejado inviable y no rentable la producción por medio del fracking, lo que obliga a imperialismo gringo a buscar yacimientos convencionales fuera de sus fronteras nacionales por medio de la guerra y la invasión como lo ha hecho históricamente. Por tanto la solución a su crisis ha sido optar por profundizar el hostigamiento al gobierno popular de la República Bolivariana de Venezuela.

Las maniobras ejecutadas comenzaron con una negociación y el ofrecimiento al chavismo de incluirlo en un posible “gobierno de transición”, mientras Washignton renunciaba al ya desprestigiado papel de Guaidó y flexibilizaba las fuertes y criminales sanciones económicas al hermano país que afectan diariamente a su población. Con solo unos días después de ser rechazadas estas propuestas intervencionistas llegaron duras amenazas. Como es típico de la cultura guerrerista e invasora del imperialismo gringo desde sus orígenes, se puso precio a la cabeza del presidente Nicolás Maduro por 15 millones de dólares, por cargos de narcotráfico.

Seguidamente se hace todo un despliegue naval y aéreo en el Caribe venezolano y la costa pacífica de Colombia, llevado a cabo por el Comando Sur brazo del complejo industrial militar estadounidense; éste es encargado de controlar el hemisferio occidental y el continente americano reviviendo el espíritu de la doctrina Monroe que reclama a América para los Americanos. Esta enorme maquinaria de guerra no es rentable si hay paz, por eso, la necesidad de emprender guerras por recursos naturales y posiciones en la geopolítica mundial. La región del medio oriente ha sido convertida, hasta ahora, en el laboratorio donde el imperialismo libra la carrera armamentista sin importar la devastación y el genocidio que conlleva para sus pobladores. Hoy debido a la crisis capitalista podría abrirse un nuevo frente en nuestro continente.

No se conoce el número de unidades ni el cronograma del ejercicio “antinarcóticos”, solo se sabe que cuentan con el siguiente armamento.

Buques destructores: se trata de barcos de guerra multifunción, con capacidades defensivas y ofensivas. Pueden realizar operaciones antiaéreas, antisubmarinos y antisuperficie. Entre sus sistemas de ataque cuentan con los temibles misiles Tomahawk. Los destructores USS Porter y USS Ross fueron los responsables de lanzar los más de medio centenar de misiles guiados que fueron empleados en el ataque de castigo que Estados Unidos lanzó en contra de instalaciones militares en Siria en abril de 2017.

Buques de combate litoral: son barcos de guerra de última generación, diseñados para operaciones cercanas a la costa. Son considerados rápidos y ágiles. Están dotados de sistemas que les permiten enfrentar amenazas “asimétricas” como minas y submarinos de diésel. Pueden servir como transporte de una pequeña fuerza de asalto, sirviendo de plataforma para lanchas de desembarco, vehículos acorazados o vehículos no tripulados. Cuentan con un hangar en el que pueden transportar hasta dos helicópteros MH-60 Seahhawk. Son consideradas naves adecuadas para perseguir y capturar a traficantes y piratas helicópteros MH-60 Seahhawk. Son consideradas naves adecuadas para perseguir y capturar a traficantes y piratas.

Barcos guardacostas: al menos 10 barcos guardacostas participan en la “operación ampliada antinarcóticos”. Estados Unidos cuenta con una amplia variedad de buques de este tipo que cuentan con capacidades distintas, aunque en general se destinan a operaciones de seguridad marítima.

Estados Unidos anunció que desplegará helicópteros tanto en los barcos guardacostas como en los destructores.

Otras naves aéreas que se usarán en la operación son:

Aviones P8: los aviones de vigilancia P8 son una versión modificada y militar del Boeing 737. Cuentan con un avanzado sistema de radares y sensores, así como con una amplia capacidad ofensiva que les permite lanzar misiles, torpedos y minas. Están especialmente dotados para los combates aire-mar y aire-tierra.

Aviones E-3 Awacs: reconocibles a simple vista por el enorme radar rotatorio que llevan en su parte superior, estas naves son una herramienta avanzada para operaciones de vigilancia, comando, control y comunicaciones. Su producción se detuvo en 1992, cuando solamente había 68 unidades de su tipo. Ofrecen una lectura completa y en tiempo real del espacio aéreo sobre un área de más de 310.000 kilómetros cuadrados. Pueden detectar aviones que vuelan a baja altitud y seguir simultáneamente objetivos en el aire y en el mar. Jugaron un papel fundamental durante las guerras de Irak y Afganistán, así como en el combate contra el autodenominado Estado Islámico.

Aviones E-8 JStars: es una nave radar capacitada para detectar, hacer seguimiento y clasificar vehículos en tierra u otras aeronaves, proveyendo de imágenes y mapas tácticos en tiempo real. Ha sido utilizado extensamente en las guerras de Afganistán e Irak, así como en la operación internacional sobre Libia en 2011.

La decisión de los imperialistas gringos ante la resistencia del pueblo venezolano ha sido incrementar la presión y las amenazas para lograr alguna fractura en el gobierno de Maduro y las FFMM. Por otro lado apuntan a la tercerización de la guerra, con mercenarios y empresas militares que puedan llevar a cabo una guerra irregular exportada por los Estados vecinos como Colombia y Brasil. Como sucedió con la denuncia del Ex militar y desertor venezolano Cliver Alcalá quien dijo ser dueño de un sofisticado armamento incautado en una carretera de la costa colombiana que iba con el objetivo de armar un grupo paramilitar para derrocar a Maduro y que contaba con el apoyo de Guaidó y JJ Rendón. Paradójicamente, este sujeto se entrega a la DEA en territorio colombiano y es sacado del país sin ningún tipo intervención de la Fiscalía Colombiana, que es muestra que los gringos pueden hacer lo que quieran en nuestro país pisoteando la soberanía nacional con la complacencia de las elites.

La fuerte labor diplomática del gobierno de Nicolás Maduro, sus alianzas con Estados emergentes y potencias como Rusia y China ha permitido sortear dificultades económicas y ganar voces en contra de una invasión directa, a la cual también se han sumado de manera tímida y ambigua hasta los mismos ya fracasados gobiernos del grupo de Lima. Trump sabe que el costo político de una invasión militar tan cerca de sus fronteras y en una región en relativa paz y ahora a merced de una pandemia global podría ser enorme y arriesgado. Mientras tanto continuaran con su estrategia de presión y persuasión apoyada por una fuerte campaña mediática orientada a desgastar, desmoralizar y fracturar internamente al chavismo, aprovechar la situación y hacer un movimiento que no le implique grandes costos, algo como un golpe de mano.

A pesar de ello no la tiene nada fácil, el chavismo ya ha salido victorioso de varios intentos de golpe, desestabilización, y bloqueo, el mayor ejemplo de ello es todo el itinerario de fracasos de Guaidó, quien ya es rechazado por sus mismo bando. Por otro lado la mayor fortaleza de Revolución Bolivariana se encuentra en el pueblo y sus bases que a medida de la agresión cobra mayor protagonismo y experiencia como única alternativa de resistencia, y que ante alguna agresión también se encontrara apertrechado y presto a combatir. En Colombia debemos juntar fuerzas sociales en contra de una agresión contra la soberanía de Venezuela, ya que sumado a la pandemia, un conflicto en un vecino país inevitablemente va afectar a toda la región latinoamericana; Colombia seria zona de guerra y el pueblo sería utilizado en una guerra fratricida y devastadora como ha sucedido en otras partes del mundo donde el imperialismo lanza sus garras para mantener su tasa de ganancia.