Una constante en la ciudad de Barranquilla durante las tres últimas administraciones es la ocurrencia de actos de protesta social, esto es consecuencia de la implementación del modelo de ciudad diseñado por la elite política y empresarial gobernante, centrado en la renta del capital a costa de la precarización de la vida de la mayoría de sus habitantes.

Conflictividad social y política en la que se amalgaman múltiples factores como el de la movilidad, empleo, vivienda, impuestos, servicios públicos, seguridad, salud, ambiente, violencia de género, despojo urbano, entre otros. De cada uno de estos problemas puede escribirse un extenso texto, hoy a manera de síntesis presentaremos una rápida radiografía.

La movilidad es un caos; A pesar del imperio de la cultura del cemento el deterioro de la malla vial es evidente, las cámaras de fotomultas invaden la ciudad, el sistema de transporte masivo es insuficiente para satisfacer la demanda del servicio en toda el área metropolitana y ante la oferta desde la informalidad para cubrir el déficit, la respuesta de la administración es la represión policial inmisericorde a los mototaxistas, conductores de dacias, taxis colectivos y busetas. La mayoría de estos trabajadores acudieron a esta alternativa ante la política privatizadora que liquidó la totalidad de instituciones públicas pero también ante el cierre de las empresas del sector manufacturero. Hoy la informalidad alcanza la cifra del 72% de la población ocupada.

En el tema de la vivienda además de los habitantes de “campo alegre”, estafados por el mismo alcalde Alejandro Char, quien fue el constructor de esas “soluciones de vivienda” en terrenos declarados inestables y no aptos para construir, hoy se suman los habitantes del Barrio Abajo, Barlovento, Bendición de Dios, La Loma, Barranquillita, sectores de los barrios; Rebolo, La luz, la Chinita quienes están condenados al despojo de sus tierras y sus viviendas por que la elite política y empresarial puso sus codiciosos ojos en ellas para implementar lujosos proyectos de vivienda y comercio.

En materia de servicios públicos el panorama no puede ser más desalentador; Los bloqueos de vías, retención de vehículos y funcionarios son el pan de cada día si la comunidad quiere que le sea reestablecido el servicio suspendido. Pero además de la pésima calidad del servicio, nos toca pagar los servicios públicos más caros del país.

Ni que decir de la afectación al ambiente en la ciudad; Tenemos la más baja proporción de espacio público por habitante del país con menos de un metro cuadrado por habitante, cuando la media mundial es de 15m2. El drama de los efectos de los arroyos en épocas de lluvias sigue siendo una dolorosa realidad, los problemas del polvillo del carbón que contamina el aire y enferma los pulmones no han cesado, la ubicación de la zona rosa de la ciudad en sectores netamente populares ha incrementado los niveles de pandillaje y delincuencia en estos barrios.

Mención aparte merece el tema del mal llamado “microtráfico”, pues las “autodefensas” una vez “desmovilizadas” se adueñaron de las zonas periféricas de la ciudad desde donde controlan sus negocios del narcotráfico y la extorsión principalmente, utilizando a la población juvenil, quienes sin oportunidades de estudio y empleo han resultado ser presas fáciles de estos depredadores sociales que actúan a sus anchas con la complacencia y complicidad de la policía y el ejército.

Para este mes de octubre, los habitantes de la arenosa se aprestan para participar de las jornadas nacionales de protestas programadas aunque ya están anunciadas para finales de este mes y la primera semana de noviembre nuevas jornadas de protesta ciudadana. Hasta ahora la mayoría de estas acciones se han dado aisladas unos de otras pero con las jornadas anunciadas para este mes aparece en la escena la unidad de todas estas luchas articuladas a la necesidad de avanzar en la construcción de una fuerza social y política ciudadana capaz de disputarle la gobernabilidad a la clase oligárquica local.