
Editorial FGUN
“El sentido del momento histórico implica cambiar todo lo que deba de ser cambiado”
Camilo Torres Restrepo
Este año inició con una arremetida del imperio, que ha demostrado cómo la soberanía de los pueblos es violentada por los poderosos del mundo. Empezamos el 2026 con un álgido y templado ambiente incendiado por la avanzada imperialista sobre nuestra América con la reimplementación de la doctrina Monroe o la actual «Donroe», con la primicia fundamentalista de “el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado” en palabras del fascista Trump, desconociendo todos los limites territoriales, militares y soberanos. Desde políticas arancelarias hostiles hasta intervenciones militares directas.
La política externa del actual modelo imperial presentes en sus múltiples variables de intervención, con la mirada constante y sedienta sobre los intereses de su supuesto mal llamado «patio trasero», ha hecho gala de su poderío militar al servicio de políticas energéticas de depredación y saqueo, asegurando la producción de hidrocarburos para el consumo interno estadounidense a costa del deterioro medioambiental y las relaciones internacionales. Esto sin nombrar la seguridad energética, que no es más que apropiarse de los recursos internacionales a cualquier costo. Hambrientos fascistas que con su deseo de mantener el poder, buscan explotar y expropiar a la clase popular y a los pueblos históricamente excluidos, como lo hemos estado presenciando, con sus gobiernos lacayos en América Latina, sea el caso de Argentina, El Salvador, Ecuador y Bolivia. La intervención militar sobre nuestra hermana república Venezuela, el secuestro de su presidente electo Nicolás Maduro ha demostrado las intenciones de socavar cualquier intento de revuelta o propuesta de transformación como sucedió en otras naciones del mundo como Cuba, Nicaragua, Burkina Faso, Malí y Niger.
Como organización consideramos que ya ha sido mucho de diagnostico e identificación del problema que por lo regular recaen solo alrededor de los gobiernos. Habrá que preguntarse también qué tan radical están siendo estas propuestas progresistas en el cono sur, cuando se ha instaurado en el imaginario de las izquierdas que la transformación se da con propuestas que siguen reproduciendo la economía neoliberal y además respondiendo a las exigencias del imperio, como sucedió con el actual gobierno Petro. Ésta idea superficial de cambios que en Latinoamérica viene sucediendo desde el 94, sucedió posteriormente en el 2000 y actualmente volvemos a repetir la historia; justo esta nueva contienda electoral nos llama a ser radicales, tener clara cuál es la raíz de los problemas estructurales.
En efecto, la historia sigue demostrando que no es solo la lucha institucional la que nos dará victorias reales y orgánicos en las naciones del mundo, sino que requiere de una mirada estratégica, no solo periodos reformistas, de pañitos de agua tibia. Una alerta a todos los procesos revolucionarios e insurgentes del cono sur, ya no son necesarios más diagnósticos sino acciones concretas que nos lleven hacia la construcción de poder popular e insurreccional.
Es momento de que el pueblo siga escribiendo su historia, la cual ha sido siempre una lucha constante de clases, disputando el poder. Hoy se hace más que evidente que los cambios exigen un camino de revolución e insurrección popular en el campo y la ciudad. La lucha histórica de los pueblos del mundo nos demuestra como lo ha mencionado el comandante Camilo Torres: “el pueblo sabe que las vías legales están agotadas. El pueblo sabe que no queda sino la vía armada”.
Es el legado de nuestra comandancia la que hoy forja el camino de las nuevas generaciones de los genes rojo y negro. Desde el pasado mes de febrero vimos trayendo a la memoria todo el legado de los comandantes Camilo Torres con su ejemplo en la unidad popular, Manuel Pérez Martínez guerrillero integral, internacionalista y consecuente con sus ideas y la causa de los pueblos y Oscar Santos un trabajador de vida colectiva, siendo ejemplo y dejándonos su legado de conductor estratégico. Para nosotros es de suma importancia el ejemplo de entrega y compromiso de nuestra comandancia, llamamos a nuestros compañeros y compañeras a mantener su legado, un baluarte que da vigencia y proyección a los momentos de confusión, complejidad y de tránsito.
El legado de nuestros comandantes caídos, nuestros principios y nuestra convicción por la transformación siempre junto al pueblo, son nuestro futuro. La lucha armada y el derecho a la rebelión son un camino legitimo para la defensa de los territorios y la liberación de los pueblos. La lucha ha sido larga, insistimos ¡desde el pueblo, con las armas, al combate!
