Por: Rachel Medina

Como estrategia mediática para intervenir en el Paro Nacional los grandes medios se han dispuesto a entrevistar a personas influyentes de la “gente de bien” que hacen parte de los sectores gubernamentales y empresariales en el sur del país. Entre estas entrevistas llamó nuestra atención la realizada a Harold Enrique Eder, gerente de Manuelita una de las 4 grandes complejos agroindustriales del Valle del Cauca y perteneciente a la oligarquía azucarera del país junto al Grupo Ardila Lule, La familia Caicedo y el Complejo Mayagüez. La entrevista evidenció sin proponérselo que el proyecto oligárquico es parte del problema y que las alternativas se gestan a esta hora en la calle, al calor del Paro Nacional.

En resumen, lo que plantea el empresario es: la situación actual es producto de “una situación económica agravada por la pandemia” expresada en una “insatisfacción de los jóvenes con sus oportunidades”. Según él, las salidas están en conectar la oferta laboral con las necesidades de las empresas, capacitando la juventud, promoviendo el “empredimiento” y avanzando hacia el “desarrollo del país que traerá las oportunidades”. De acuerdo con Eder, toda la sociedad es responsable de la situación actual y reconoce que les faltó humildad para entender la realidad del otro y ser más solidarios. Que como empresarios ahora están más unidos y realizarán un programa en la región (7 ciudades) dirigido a impactar la juventud y en beneficio de la sociedad.

Lo que propone el heredero de Manuelita, realmente no es nada nuevo y por el contrario profundiza las razones del Paro Nacional anunciando que la lucha popular emprendida en esta coyuntura será larga y tiene perspectivas estratégicas:

1. La coyuntura actual no es exactamente una “insatisfacción de los jóvenes con sus oportunidades” sino un estallido social protagonizado por lo jóvenes y los sectores populares principalmente en las ciudades del país. El estallido fue provocado por la indignación popular producto del mal gobierno, el autoritarismo, la pobreza de las mayorías y los efectos de una pandemia que reveló las estructuras de desigualdad de clase del sistema económico, político y social. Visto así, no es posible paliar una crisis como la actual con “nuevas oportunidades” que terminan siendo las mismas que han promovido durante décadas y profundizan la desigualdad estructural: ampliar la fuerza laboral con bajos salario, sin derecho a pensión, con salud privatizada y mal servicio, capacitación técnica dirigida al trabajo y altos costos de transacción.

2. El modelo económico neoliberal es el que produce la desigualdad, concentra la riqueza en pocas manos, empobrece a los sectores medios y lleva a la extrema pobreza a los sectores de la población que viven enteramente de su fuerza de trabajo. Este modelo de desigualdad esta basado en una mito irrealizable convertido en mentira de Estado: el fortalecimiento de la empresa privada y los negocios transnacionales basados en ella nos traerán el “desarrollo y las oportunidades”. Así las cosas nos resta perseguir este “sueño” mientras enriquecemos a los grandes empresarios y los grupos económicos transnacionales.

3. El denominado desarrollo económico ha sido producto de la despojo de tierras y riquezas a campesinos e indígenas tanto en el Valle del Cauca como en el resto del país. A través de múltiples guerras respaldadas por EEUU, han logrado crear enclaves industriales a sangre y fuego en los territorios agrícolas más productivos. El “desarrollo” no ha sido promovido por procesos de trabajo e inversión exentos de violencia como nos quieren hacer creer los neoliberales, por el contrario con ese discurso han logrado la continuidad del sometimiento a los intereses extranjeros y a los grandes empresarios ligados a ellos.

4. Los responsables de la situación actual no somos toda la sociedad como dice Eder, sino erl uribismo, los grandes empresarios, las Fuerzas Armadas y los medios masivos que son funcionales a los intereses del modelo neoliberal. El resto de la sociedad, las mayorías somos víctimas del orden establecido impuesto durante décadas y que ha dejado a su paso más de 6402 muertos en el periodo reciente y un sin número de masacres y asesinatos de líderes sociales y rebeldes caídos en combate que aún resistimos al régimen en los campos y ciudades del país.

5. Quizá lo más cercano a la realidad de lo planteado por el heredero de Manuelita, es la confirmación de la unidad empresarial y oligárquica en el país, de otra manera no se podría lograr un triunfo semejante si hablamos de ganancias y control del Estado. De acuerdo con Asocaña y el seguimiento a las rentas del complejo agroindustrial Manuelita a 2017, compuesto por 4 plataformas de negocios con impacto en Colombia, Perú, Chile y Brasil, la ventas fueron de 1,2 billones y unos activos se consolidaron de 2 billones de pesos. Es evidente que la unidad empresarial por un lado, logra un proyecto de Estado que facilita sus negocios y por otro, expresa el poder oligárquico que se ha mantenido incolumne ante los asesinatos, desaparecidos y violencia estatal (Policial y paramilitar) contra el Paro Nacional.

Así las cosas, los medios masivos se esfuerzan por presentar como novedad y autocrítica de los grandes empresarios lo que no es más la confirmación de un problema que nos hemos propuesto cambiar, el mal gobierno y con él el modelo neoliberal que fabrica pobreza y miseria en el país.